¡Ay, mae! Se nos fue Don Lucho Barahona, una figura que marcó a fuego el teatro costarricense. Con 94 años recién cumplidos, este gigante dejó un vacío inmenso en nuestra cultura, pero también un legado que vivirá por siempre. Era pura calidad, un artista completo que le dio vida al escenario y formó a muchísimos jóvenes talentos.
Luis Alberto Barahona Rivera, nacido en Santiago de Chile, llegó a nuestro país después del golpe militar de ’73, buscando refugio y encontrando acá su verdadero hogar. Gracias al apoyo del ministro Guido Sáenz, pudo venir con otros artistas chilenos, aportando una riqueza invaluable a nuestras tablas. Imagínate el salto que eso le dio al teatro independiente, que hasta ese momento andaba medio raspadito, buscando su identidad.
Y vaya que encontró su lugar. En 1975, abrió las puertas del Teatro El Ángel, ¡el primero independiente de Costa Rica! Fue ahí donde realmente empezó a florecer el talento local, creando espacios para nuevos directores, actores y dramaturgos. Desde ahí, sacó adelante proyectos que hoy son piedra angular de nuestra escena teatral, mostrando que el teatro no tenía que estar atado a grandes presupuestos ni edificios lujosos.
Don Lucho era un maestro, no solo frente al micrófono, sino también detrás del escenario. Creó producciones emblemáticas que capturaron la idiosincrasia costarricense, mostrándonos nuestros propios reflejos con humor e inteligencia. Sus personajes eran tan reales, tan nuestros, que te hacían reír a carcajadas y reflexionar al mismo tiempo. De verdad, un tipo con don de gentes y talento de sobra.
La Asamblea Legislativa le reconoció el honor que se merecía declarándolo Ciudadano de Honor en 2023. No era para menos, su contribución a la cultura teatral es incuestionable. Le dieron reconocimientos nacionales como actor, escenógrafo y director de grupo; ¡una cosecha completa de premios bien ganados! Pero más allá de los galardones, su mayor premio fue ver cómo sus enseñanzas inspiraban a las nuevas generaciones a perseguir sus sueños en el arte.
Pero no todo fue risas. Don Lucho también enfrentó desafíos, luchando contra la falta de recursos y la indiferencia de algunos funcionarios públicos. Sin embargo, nunca se rindió, siempre creyendo en el poder transformador del teatro. Su perseverancia sirvió de ejemplo para muchos, demostrando que con pasión y dedicación se pueden lograr cosas increíbles, incluso en las condiciones más adversas. El brete no era fácil, pero él se fajó y siguió adelante.
Recordaremos a Don Lucho como el “padre del teatro independiente”, el hombre que apostó por el talento local, que creó oportunidades para aquellos que soñaban con actuar en un escenario. Abrió salas, formó artistas y nos legó un patrimonio cultural invaluable que debemos cuidar y proteger. Su obra seguirá viva en cada función, en cada estudiante que sueña con convertirse en un gran actor o directora. Qué pena perderlo, de verdad que sí.
Ahora, pensando en todo esto, me pregunto... ¿Cuál creen ustedes que ha sido el mayor impacto de Don Lucho Barahona en la sociedad costarricense y qué podemos hacer nosotros como comunidad para mantener vivo su legado y apoyar el desarrollo del teatro independiente en el país?
Luis Alberto Barahona Rivera, nacido en Santiago de Chile, llegó a nuestro país después del golpe militar de ’73, buscando refugio y encontrando acá su verdadero hogar. Gracias al apoyo del ministro Guido Sáenz, pudo venir con otros artistas chilenos, aportando una riqueza invaluable a nuestras tablas. Imagínate el salto que eso le dio al teatro independiente, que hasta ese momento andaba medio raspadito, buscando su identidad.
Y vaya que encontró su lugar. En 1975, abrió las puertas del Teatro El Ángel, ¡el primero independiente de Costa Rica! Fue ahí donde realmente empezó a florecer el talento local, creando espacios para nuevos directores, actores y dramaturgos. Desde ahí, sacó adelante proyectos que hoy son piedra angular de nuestra escena teatral, mostrando que el teatro no tenía que estar atado a grandes presupuestos ni edificios lujosos.
Don Lucho era un maestro, no solo frente al micrófono, sino también detrás del escenario. Creó producciones emblemáticas que capturaron la idiosincrasia costarricense, mostrándonos nuestros propios reflejos con humor e inteligencia. Sus personajes eran tan reales, tan nuestros, que te hacían reír a carcajadas y reflexionar al mismo tiempo. De verdad, un tipo con don de gentes y talento de sobra.
La Asamblea Legislativa le reconoció el honor que se merecía declarándolo Ciudadano de Honor en 2023. No era para menos, su contribución a la cultura teatral es incuestionable. Le dieron reconocimientos nacionales como actor, escenógrafo y director de grupo; ¡una cosecha completa de premios bien ganados! Pero más allá de los galardones, su mayor premio fue ver cómo sus enseñanzas inspiraban a las nuevas generaciones a perseguir sus sueños en el arte.
Pero no todo fue risas. Don Lucho también enfrentó desafíos, luchando contra la falta de recursos y la indiferencia de algunos funcionarios públicos. Sin embargo, nunca se rindió, siempre creyendo en el poder transformador del teatro. Su perseverancia sirvió de ejemplo para muchos, demostrando que con pasión y dedicación se pueden lograr cosas increíbles, incluso en las condiciones más adversas. El brete no era fácil, pero él se fajó y siguió adelante.
Recordaremos a Don Lucho como el “padre del teatro independiente”, el hombre que apostó por el talento local, que creó oportunidades para aquellos que soñaban con actuar en un escenario. Abrió salas, formó artistas y nos legó un patrimonio cultural invaluable que debemos cuidar y proteger. Su obra seguirá viva en cada función, en cada estudiante que sueña con convertirse en un gran actor o directora. Qué pena perderlo, de verdad que sí.
Ahora, pensando en todo esto, me pregunto... ¿Cuál creen ustedes que ha sido el mayor impacto de Don Lucho Barahona en la sociedad costarricense y qué podemos hacer nosotros como comunidad para mantener vivo su legado y apoyar el desarrollo del teatro independiente en el país?