¡Ay, Dios mío! Quién iba a decir que el Año Nuevo nos recibiría con semejante espectáculo visual. La fotografía de Marta Teodora Ramírez Henderson, capturada en Playa Bejuco, simplemente te deja boquiabierto. Un cielo desenfrenado, así, desatado, pintándose con mil colores mientras abraza la playa… ¡Qué chiva! Esto sí que le da categoría al fin de año.
Bejuco, allá en el Pacífico Central, siempre ha sido un tesoro escondido. No tan concurrido como otras playas más “de moda”, pero con una vibra especial, ¿cachai? Arena negra volcánica, olas perfectas para surfear (si te animas), y un ambiente relajado que te desconecta del estrés diario. Ver esta imagen me recordó porque este rincón del país merece toda la atención del mundo, o al menos de los nacionales.
Pero más allá de la belleza escénica, esta foto plantea algunas preguntas interesantes. Estamos hablando de un primer día del año con una afluencia seguramente alta de personas buscando recargar energías y despedir viejos malos recuerdos. Ahí queda la interrogante: ¿Estamos cuidando este paraíso que tenemos? ¿Estamos siendo conscientes del impacto que dejamos en estos lugares tan especiales?
La creciente popularidad del turismo en Costa Rica es una bendición, indudablemente. Nos trae divisas, crea empleos, impulsa la economía... ¡Un brete!, pero también conlleva responsabilidades. No podemos permitir que la ambición económica termine destruyendo lo que hace única a nuestra nación: su biodiversidad, sus paisajes vírgenes, sus costas cristalinas.
Es fundamental que todos – turistas, empresarios, gobierno – asumamos un compromiso serio con la sostenibilidad. Desde recoger la basura hasta apoyar iniciativas locales de conservación, hay mucho que podemos hacer. ¡No nos vamos a ir al traste por unas cuantas ganancias rápidas!, sino que buscaremos un desarrollo turístico responsable que beneficie tanto a la economía como al medio ambiente.
Y hablando de responsabilidad, ¿qué pasa con la infraestructura turística en zonas como Bejuco? A veces uno va y ve carencias evidentes, falta de servicios básicos, carreteras en mal estado... ¡Qué despache! Se necesita inversión pública y privada para mejorar la calidad de vida de los residentes locales y garantizar una experiencia óptima para los visitantes.
Volviendo a la foto, la verdad es que me dio ganas de hacerme un piquete de coco frente al mar, sentir la brisa marina en la cara, escuchar el sonido de las olas… ¡Qué tuanis sería! Pero también me hizo pensar en aquellos que no tienen acceso a estas bellezas, en las desigualdades sociales que persisten en nuestro país. Mientras unos disfrutan de un atardecer paradisíaco, otros luchan por sobrevivir en condiciones precarias.
En fin, esta postal de Bejuco es mucho más que una simple fotografía; es un recordatorio de la riqueza que poseemos y de la importancia de protegerla. Entonces, mias, dime tú: ¿crees que Costa Rica está haciendo lo suficiente para equilibrar el desarrollo turístico con la conservación ambiental, o necesitamos un cambio radical en nuestra forma de abordar este tema?
Bejuco, allá en el Pacífico Central, siempre ha sido un tesoro escondido. No tan concurrido como otras playas más “de moda”, pero con una vibra especial, ¿cachai? Arena negra volcánica, olas perfectas para surfear (si te animas), y un ambiente relajado que te desconecta del estrés diario. Ver esta imagen me recordó porque este rincón del país merece toda la atención del mundo, o al menos de los nacionales.
Pero más allá de la belleza escénica, esta foto plantea algunas preguntas interesantes. Estamos hablando de un primer día del año con una afluencia seguramente alta de personas buscando recargar energías y despedir viejos malos recuerdos. Ahí queda la interrogante: ¿Estamos cuidando este paraíso que tenemos? ¿Estamos siendo conscientes del impacto que dejamos en estos lugares tan especiales?
La creciente popularidad del turismo en Costa Rica es una bendición, indudablemente. Nos trae divisas, crea empleos, impulsa la economía... ¡Un brete!, pero también conlleva responsabilidades. No podemos permitir que la ambición económica termine destruyendo lo que hace única a nuestra nación: su biodiversidad, sus paisajes vírgenes, sus costas cristalinas.
Es fundamental que todos – turistas, empresarios, gobierno – asumamos un compromiso serio con la sostenibilidad. Desde recoger la basura hasta apoyar iniciativas locales de conservación, hay mucho que podemos hacer. ¡No nos vamos a ir al traste por unas cuantas ganancias rápidas!, sino que buscaremos un desarrollo turístico responsable que beneficie tanto a la economía como al medio ambiente.
Y hablando de responsabilidad, ¿qué pasa con la infraestructura turística en zonas como Bejuco? A veces uno va y ve carencias evidentes, falta de servicios básicos, carreteras en mal estado... ¡Qué despache! Se necesita inversión pública y privada para mejorar la calidad de vida de los residentes locales y garantizar una experiencia óptima para los visitantes.
Volviendo a la foto, la verdad es que me dio ganas de hacerme un piquete de coco frente al mar, sentir la brisa marina en la cara, escuchar el sonido de las olas… ¡Qué tuanis sería! Pero también me hizo pensar en aquellos que no tienen acceso a estas bellezas, en las desigualdades sociales que persisten en nuestro país. Mientras unos disfrutan de un atardecer paradisíaco, otros luchan por sobrevivir en condiciones precarias.
En fin, esta postal de Bejuco es mucho más que una simple fotografía; es un recordatorio de la riqueza que poseemos y de la importancia de protegerla. Entonces, mias, dime tú: ¿crees que Costa Rica está haciendo lo suficiente para equilibrar el desarrollo turístico con la conservación ambiental, o necesitamos un cambio radical en nuestra forma de abordar este tema?