¡Ay, Dios mío, qué rollo! Parece que nuestros hermanos australianos le dieron duro a las redes sociales, pero no al estilo tranquilo nuestro. Resulta que bloquearon unas 4,7 millones de cuentas de menores de edad, todo porque allá decidieron que ya era suficiente de tanto influencerazo y exposición online desde chiquitos. Una movida interesante, la verdad, porque acá en Costa Rica todavía estamos viendo cómo manejar este brete digital.
La ley de Down Under es contundente: las plataformas como Meta (Facebook, Instagram, Threads), TikTok y YouTube tienen que asegurarse de que ni un chiquillo menor de 16 años tenga cuenta. Sino, ¡zas!, multa millonaria. Hablamos de unos 33 millones de dólares, ¡una vara bien alta! Meta, el gigante de Zuckerberg, ya tuvo que retirar cientos de miles de cuentas, pero andan pidiendo que obliguen a las tiendas de apps a verificar la edad antes de permitir descargas. Que sí, que no... El negocio es complicado, dicen, pero claro, el dinero habla, ¿verdad?
Lo curioso de todo esto es cómo están tratando de hacerlo. Porque, díganle a Meta, que un adolescente listo siempre va a encontrar la forma de evadir la prohibición. Igual que cuando intentábamos colar dulces en el colegio, buscando los huecos para pasar desapercibidos. Ahí radica el verdadero desafío: cómo proteger a los más jóvenes sin caer en medidas extremas que terminen siendo contraproducentes. Los expertos allá comentan que validar la edad con exactitud es un proceso lento, pero esperan que las plataformas agarrenle la onda y mejoren en eso.
Aquí en Costa Rica, hemos visto iniciativas similares, aunque no tan radicales. Se ha hablado mucho de regulaciones para proteger la privacidad de los datos personales de los menores y promover un uso responsable de internet. Pero la verdad, la mayoría son propuestas que quedan en papel. Hay muchas charlas, muchos debates… pero poca acción concreta. ¡Qué torta! Uno esperaría que con tanta preocupación por el bienestar de los niños, se tomaran cartas en el asunto con más decisión.
Y es que la realidad es clara: los niños y adolescentes pasan muchísima más horas conectados que nosotros cuando éramos chamacos. Las redes sociales son su patio de recreo, su fuente de información, su canal de comunicación... y también pueden ser un caldo de cultivo para peligros como el ciberbullying, grooming o la exposición a contenido inapropiado. No podemos simplemente cerrar los ojos y esperar que todo salga bien; tenemos que actuar. El problema no es la tecnología en sí, sino cómo la utilizamos.
Pero ahora viene la gran pregunta: ¿deberíamos seguir el ejemplo australiano? ¿Sería factible implementar una medida similar aquí en Costa Rica? Algunos argumentarán que es una invasión a la libertad individual, que los padres deberían ser los únicos responsables de supervisar el uso de internet por parte de sus hijos. Otros dirán que es necesaria una intervención estatal para proteger a los menores de los riesgos que acechan en el mundo virtual. Es un tema complejo, diay, con muchos puntos de vista diferentes.
Claro, copiar textualmente lo que hicieron allá no sería sencillo. Tenemos nuestra propia cultura, nuestras propias leyes y nuestros propios desafíos. Además, implementar un sistema de verificación de edad efectivo requeriría una inversión considerable y una coordinación entre diversos sectores. Pero no por eso debemos descartarlo por completo. Tal vez podríamos explorar opciones intermedias, como campañas de concientización dirigidas a padres y adolescentes, programas educativos sobre seguridad en línea o incluso acuerdos voluntarios con las plataformas para establecer límites de edad más estrictos.
En fin, la experiencia australiana nos pone a reflexionar sobre la importancia de proteger a nuestros jóvenes en la era digital. ¿Ustedes creen que Costa Rica debería considerar seriamente la posibilidad de adoptar medidas similares para regular el acceso de los menores a las redes sociales? ¿O prefieren dejar todo en manos de los padres y confiar en que ellos harán lo correcto? Déjennos sus opiniones en el foro, ¡me interesa saber qué piensan!
La ley de Down Under es contundente: las plataformas como Meta (Facebook, Instagram, Threads), TikTok y YouTube tienen que asegurarse de que ni un chiquillo menor de 16 años tenga cuenta. Sino, ¡zas!, multa millonaria. Hablamos de unos 33 millones de dólares, ¡una vara bien alta! Meta, el gigante de Zuckerberg, ya tuvo que retirar cientos de miles de cuentas, pero andan pidiendo que obliguen a las tiendas de apps a verificar la edad antes de permitir descargas. Que sí, que no... El negocio es complicado, dicen, pero claro, el dinero habla, ¿verdad?
Lo curioso de todo esto es cómo están tratando de hacerlo. Porque, díganle a Meta, que un adolescente listo siempre va a encontrar la forma de evadir la prohibición. Igual que cuando intentábamos colar dulces en el colegio, buscando los huecos para pasar desapercibidos. Ahí radica el verdadero desafío: cómo proteger a los más jóvenes sin caer en medidas extremas que terminen siendo contraproducentes. Los expertos allá comentan que validar la edad con exactitud es un proceso lento, pero esperan que las plataformas agarrenle la onda y mejoren en eso.
Aquí en Costa Rica, hemos visto iniciativas similares, aunque no tan radicales. Se ha hablado mucho de regulaciones para proteger la privacidad de los datos personales de los menores y promover un uso responsable de internet. Pero la verdad, la mayoría son propuestas que quedan en papel. Hay muchas charlas, muchos debates… pero poca acción concreta. ¡Qué torta! Uno esperaría que con tanta preocupación por el bienestar de los niños, se tomaran cartas en el asunto con más decisión.
Y es que la realidad es clara: los niños y adolescentes pasan muchísima más horas conectados que nosotros cuando éramos chamacos. Las redes sociales son su patio de recreo, su fuente de información, su canal de comunicación... y también pueden ser un caldo de cultivo para peligros como el ciberbullying, grooming o la exposición a contenido inapropiado. No podemos simplemente cerrar los ojos y esperar que todo salga bien; tenemos que actuar. El problema no es la tecnología en sí, sino cómo la utilizamos.
Pero ahora viene la gran pregunta: ¿deberíamos seguir el ejemplo australiano? ¿Sería factible implementar una medida similar aquí en Costa Rica? Algunos argumentarán que es una invasión a la libertad individual, que los padres deberían ser los únicos responsables de supervisar el uso de internet por parte de sus hijos. Otros dirán que es necesaria una intervención estatal para proteger a los menores de los riesgos que acechan en el mundo virtual. Es un tema complejo, diay, con muchos puntos de vista diferentes.
Claro, copiar textualmente lo que hicieron allá no sería sencillo. Tenemos nuestra propia cultura, nuestras propias leyes y nuestros propios desafíos. Además, implementar un sistema de verificación de edad efectivo requeriría una inversión considerable y una coordinación entre diversos sectores. Pero no por eso debemos descartarlo por completo. Tal vez podríamos explorar opciones intermedias, como campañas de concientización dirigidas a padres y adolescentes, programas educativos sobre seguridad en línea o incluso acuerdos voluntarios con las plataformas para establecer límites de edad más estrictos.
En fin, la experiencia australiana nos pone a reflexionar sobre la importancia de proteger a nuestros jóvenes en la era digital. ¿Ustedes creen que Costa Rica debería considerar seriamente la posibilidad de adoptar medidas similares para regular el acceso de los menores a las redes sociales? ¿O prefieren dejar todo en manos de los padres y confiar en que ellos harán lo correcto? Déjennos sus opiniones en el foro, ¡me interesa saber qué piensan!