¡Ay, mi gente! Aquí vamos con una vaineta que está dando qué hablar por toda la región. Resulta que el panorama para las elecciones del 2026 en Latinoamérica se pone más picante que salsa Lizano recién hecha. Tenemos a Brasil, Colombia, Costa Rica, Perú y Haití preparándose para ir a gudar, y encima sale a relucir la sombra larga de Donald Trump, queriendo meter sus narices en nuestros bretes.
Según dicen, Trump anda buscando cómo influir en estas votaciones, apoyando a la derecha en algunos países. Recordemos lo que pasó en Argentina y Honduras el año pasado, donde el tipo puso el grito por el cielo si no ganaban los suyos. Hasta amenazaron con cortar la ayuda económica, ¡una verdadera torta! Y parece que está pensando en hacerle lo mismo a otras naciones, incluyendo, sí señor, a Costa Rica. Unas malas aguas, ¿eh?
La jefa de estudios sobre América Latina de la Universidad Johns Hopkins, Cynthia Arnson, mandó mensaje directo: según ella, nunca habíamos visto tanta injerencia extranjera desde que se acabó la Guerra Fría. Esto nos lleva a pensar: ¿hasta dónde llegará Trump para imponer sus ideas? ¿Nosotros, los ticos, somos inmunes a semejante influencia, o estamos sentados esperando que nos toquen la vara?
Aquí en Costa Rica, tenemos nuestras propias turbulencias. El presidente Chaves está en el ojo del huracán por unas sospechas de que se estaba metiendo en el proceso electoral. Aunque él niega todo, el Tribunal Supremo de Elecciones quería quitarle el fuero, pero la Asamblea Legislativa le cerró la puerta. ¡Qué mamuche! Él tiene unos niveles de aprobación decentes, así que eso podría ayudar a la candidata de su partido, Laura Fernández, a ganar, aunque sea por rebote.
Además de Laura Fernández, hay otros gallitos listos para entrar al ruedo. Tenemos a Claudia Dobles, que viene con experiencia de Primera Dama, al diputado Fabricio Alvarado, que siempre está ahí batallando, y a Álvaro Ramos, el exjefe de la Caja. Vaya competencia que se avecina, diay. Y ni hablar de lo que pasa en Perú, que está hecho un quilombo político. Hay tantísimos candidatos que parece que cualquiera puede salir ganador. Una verdadera papeleta larga y complicada, va.
En Perú, la cosa está más rara que café frío. Con tantos aspirantes a la presidencia –incluyendo un alcalde simpático con Trump, y la hija de Fujimori–, cualquier cosa puede pasar. Parece sacado de una novela, con un comediante y hasta un exarquero peleando por llegar a Palacio. Con tanto problema de seguridad y descontento generalizado, la gente podría terminar eligiendo a alguien que nadie conoce, igual que pasó con Castillo en 2021. ¡Eso sí que es una sorpresa!
Y luego están Colombia, que tendrá varias rondas de elecciones, y Haití, que necesita desesperadamente paz y estabilidad. En Brasil, la polarización es tal que hasta una marca de chanclas tuvo que lidiar con un boicot. Entre Lula y sus seguidores, versus la derecha liderada por el hijo de Bolsonaro... ¡ufff!, la cosa está que arde. Pero bueno, como dice el dicho, 'más vale pájaro en mano que cien volando'. Veremos qué pasa con las encuestas y quién logra sacar adelante al país.
Definitivamente, las elecciones de 2026 prometen ser un espectáculo, lleno de sorpresas y giros inesperados. Pero lo que realmente me preocupa es la posibilidad de que potencias externas estén tratando de manipular nuestro destino. ¿Ustedes creen que deberíamos poner límites más firmes a la injerencia extranjera en nuestras elecciones, o es inevitable que sigamos siendo marionetas en el tablero geopolítico? ¡Déjenme sus opiniones en los comentarios, quiero saber qué piensan ustedes!
Según dicen, Trump anda buscando cómo influir en estas votaciones, apoyando a la derecha en algunos países. Recordemos lo que pasó en Argentina y Honduras el año pasado, donde el tipo puso el grito por el cielo si no ganaban los suyos. Hasta amenazaron con cortar la ayuda económica, ¡una verdadera torta! Y parece que está pensando en hacerle lo mismo a otras naciones, incluyendo, sí señor, a Costa Rica. Unas malas aguas, ¿eh?
La jefa de estudios sobre América Latina de la Universidad Johns Hopkins, Cynthia Arnson, mandó mensaje directo: según ella, nunca habíamos visto tanta injerencia extranjera desde que se acabó la Guerra Fría. Esto nos lleva a pensar: ¿hasta dónde llegará Trump para imponer sus ideas? ¿Nosotros, los ticos, somos inmunes a semejante influencia, o estamos sentados esperando que nos toquen la vara?
Aquí en Costa Rica, tenemos nuestras propias turbulencias. El presidente Chaves está en el ojo del huracán por unas sospechas de que se estaba metiendo en el proceso electoral. Aunque él niega todo, el Tribunal Supremo de Elecciones quería quitarle el fuero, pero la Asamblea Legislativa le cerró la puerta. ¡Qué mamuche! Él tiene unos niveles de aprobación decentes, así que eso podría ayudar a la candidata de su partido, Laura Fernández, a ganar, aunque sea por rebote.
Además de Laura Fernández, hay otros gallitos listos para entrar al ruedo. Tenemos a Claudia Dobles, que viene con experiencia de Primera Dama, al diputado Fabricio Alvarado, que siempre está ahí batallando, y a Álvaro Ramos, el exjefe de la Caja. Vaya competencia que se avecina, diay. Y ni hablar de lo que pasa en Perú, que está hecho un quilombo político. Hay tantísimos candidatos que parece que cualquiera puede salir ganador. Una verdadera papeleta larga y complicada, va.
En Perú, la cosa está más rara que café frío. Con tantos aspirantes a la presidencia –incluyendo un alcalde simpático con Trump, y la hija de Fujimori–, cualquier cosa puede pasar. Parece sacado de una novela, con un comediante y hasta un exarquero peleando por llegar a Palacio. Con tanto problema de seguridad y descontento generalizado, la gente podría terminar eligiendo a alguien que nadie conoce, igual que pasó con Castillo en 2021. ¡Eso sí que es una sorpresa!
Y luego están Colombia, que tendrá varias rondas de elecciones, y Haití, que necesita desesperadamente paz y estabilidad. En Brasil, la polarización es tal que hasta una marca de chanclas tuvo que lidiar con un boicot. Entre Lula y sus seguidores, versus la derecha liderada por el hijo de Bolsonaro... ¡ufff!, la cosa está que arde. Pero bueno, como dice el dicho, 'más vale pájaro en mano que cien volando'. Veremos qué pasa con las encuestas y quién logra sacar adelante al país.
Definitivamente, las elecciones de 2026 prometen ser un espectáculo, lleno de sorpresas y giros inesperados. Pero lo que realmente me preocupa es la posibilidad de que potencias externas estén tratando de manipular nuestro destino. ¿Ustedes creen que deberíamos poner límites más firmes a la injerencia extranjera en nuestras elecciones, o es inevitable que sigamos siendo marionetas en el tablero geopolítico? ¡Déjenme sus opiniones en los comentarios, quiero saber qué piensan ustedes!