¡Ay, patojo! La cosa está cambiando, ¿eh? Parece que la racha de empleos en las multinacionales que teníamos agarradita acá en Costa Rica se le acabó. Ya no es como antes, cuando se abrían fábricas y oficinas a mansalva y la gente encontraba brete fácil. Ahora, los números pintan otra cosa, y no precisamente bonita. La CINDE soltó la bomba este jueves: la generación neta de empleo en estas compañías se desplomó de casi 19 mil puestos en 2022 a apenas 3,300 en 2025. ¡Menudo despiche!
Si nos ponemos a analizar, esto no es ningún capricho de los números, como diría mi abu. Sandro Zolezzi, el profe de la ULEAD y experto en la onda, explica que estamos frente a una transición estructural. Esto significa que no es un fallo momentáneo, sino algo que venimos viendo venir desde mitad del 2025 en estudios sobre cómo trabajamos y producimos. En el sector de tecnología de la información –que siempre ha sido nuestro gallito–, la cosa está aún peor: el crecimiento del empleo, que antes andaba cerca del 7% anual, ahora se queda varado por debajo del 2%. Se nota que algo no anda bien.
Y ¿por qué pasa esto, mae? Bueno, resulta que las empresas no solamente están contratando menos, sino que quieren más rendimiento por cada peso invertido en mano de obra. Antes querían echarle volumen, ahora buscan calidad. Zolezzi me cuenta que hay varios factores en juego: primero, las multinacionales están reacomodando sus planes a nivel global, influenciadas por la automatización, el trabajo híbrido y hasta cómo organizamos nuestras cadenas de producción. Busca la máxima eficiencia, ¿me entiendes?
Luego está el tipo de cambio. El dólar está perdiendo terreno contra el colón, y eso hace que trabajar aquí salga más caro para las empresas en dólares, especialmente si necesitan contratar mucha gente capacitada. Además, el tema de la productividad, que es la medida de cuánta riqueza generamos con cada trabajador, tampoco ayuda. El sector de TI tuvo una bajada importante entre 2020 y 2022, aunque luego se recuperó un poco. Eso indica que las empresas están haciendo ajustes para ser más eficientes globalmente, no solo porque les da la gana.
Pero ojo, que Zolezzi recalca que Costa Rica no es el único país que está pasando por esto. Muchas economías están sintiendo el impacto de las nuevas tecnologías y la reorganización de las empresas a nivel mundial. Lo que nos diferencia, y ahí sí tenemos que ponerle atención, es que nosotros todavía no hemos hecho un buen análisis de lo que está pasando, ni hemos propuesto soluciones claras para el futuro. Si seguimos así, vamos a andar dando vueltas como polillas a la luz, aplicando parches temporales en vez de estrategias a largo plazo que impulsen la innovación y el talento avanzado.
Lo que necesitamos, según los expertos, es dejar atrás la mentalidad de contar solo cuántos empleos creamos y empezar a medir el verdadero valor que aportamos. No basta con tener números bonitos en papel, hay que ver qué tan innovadora es nuestra producción, qué conexiones productivas tenemos con otras empresas y, sobre todo, cuánto valor agregamos por cada trabajador. Medir empleos sin contexto productivo es como querer saber si un equipo juega bien contando solo los jugadores, y no los goles, ¿verdad?
Ahora, los nombres como Rodrigo Cubero, ex presidente del BCCR, también están sonando la alarma, diciendo que nuestro modelo de atracción de inversión extranjera ya está mostrando signos de agotamiento. La inversión global se está moviendo hacia energías limpias, tecnología digital e infraestructuras clave, y nosotros tenemos que adaptarnos rápido. No podemos seguir dependiendo solo de Estados Unidos como fuente de inversión, y tenemos que mejorar nuestra infraestructura, bajar los costos de energía y simplificar la burocracia para que los inversionistas vean en nosotros un lugar atractivo para invertir a futuro. ¡Que no se nos vaya el tren!
Definitivamente, parece que toca cambiar la jugada. Estamos dejando atrás la época en la que éramos el patio trasero de Norteamérica, y entrando en una nueva etapa donde la creatividad, el conocimiento y la capacidad de adaptación serán claves para seguir creciendo. Pero... ¿Estamos realmente preparados para afrontar este giro estructural en el empleo, o seguiremos pataleando como quien recibe una patada en el balde? ¿Ustedes qué opinan, compas? ¿Cómo deberíamos reinventarnos para mantenernos competitivos en este mundo cambiante?
Si nos ponemos a analizar, esto no es ningún capricho de los números, como diría mi abu. Sandro Zolezzi, el profe de la ULEAD y experto en la onda, explica que estamos frente a una transición estructural. Esto significa que no es un fallo momentáneo, sino algo que venimos viendo venir desde mitad del 2025 en estudios sobre cómo trabajamos y producimos. En el sector de tecnología de la información –que siempre ha sido nuestro gallito–, la cosa está aún peor: el crecimiento del empleo, que antes andaba cerca del 7% anual, ahora se queda varado por debajo del 2%. Se nota que algo no anda bien.
Y ¿por qué pasa esto, mae? Bueno, resulta que las empresas no solamente están contratando menos, sino que quieren más rendimiento por cada peso invertido en mano de obra. Antes querían echarle volumen, ahora buscan calidad. Zolezzi me cuenta que hay varios factores en juego: primero, las multinacionales están reacomodando sus planes a nivel global, influenciadas por la automatización, el trabajo híbrido y hasta cómo organizamos nuestras cadenas de producción. Busca la máxima eficiencia, ¿me entiendes?
Luego está el tipo de cambio. El dólar está perdiendo terreno contra el colón, y eso hace que trabajar aquí salga más caro para las empresas en dólares, especialmente si necesitan contratar mucha gente capacitada. Además, el tema de la productividad, que es la medida de cuánta riqueza generamos con cada trabajador, tampoco ayuda. El sector de TI tuvo una bajada importante entre 2020 y 2022, aunque luego se recuperó un poco. Eso indica que las empresas están haciendo ajustes para ser más eficientes globalmente, no solo porque les da la gana.
Pero ojo, que Zolezzi recalca que Costa Rica no es el único país que está pasando por esto. Muchas economías están sintiendo el impacto de las nuevas tecnologías y la reorganización de las empresas a nivel mundial. Lo que nos diferencia, y ahí sí tenemos que ponerle atención, es que nosotros todavía no hemos hecho un buen análisis de lo que está pasando, ni hemos propuesto soluciones claras para el futuro. Si seguimos así, vamos a andar dando vueltas como polillas a la luz, aplicando parches temporales en vez de estrategias a largo plazo que impulsen la innovación y el talento avanzado.
Lo que necesitamos, según los expertos, es dejar atrás la mentalidad de contar solo cuántos empleos creamos y empezar a medir el verdadero valor que aportamos. No basta con tener números bonitos en papel, hay que ver qué tan innovadora es nuestra producción, qué conexiones productivas tenemos con otras empresas y, sobre todo, cuánto valor agregamos por cada trabajador. Medir empleos sin contexto productivo es como querer saber si un equipo juega bien contando solo los jugadores, y no los goles, ¿verdad?
Ahora, los nombres como Rodrigo Cubero, ex presidente del BCCR, también están sonando la alarma, diciendo que nuestro modelo de atracción de inversión extranjera ya está mostrando signos de agotamiento. La inversión global se está moviendo hacia energías limpias, tecnología digital e infraestructuras clave, y nosotros tenemos que adaptarnos rápido. No podemos seguir dependiendo solo de Estados Unidos como fuente de inversión, y tenemos que mejorar nuestra infraestructura, bajar los costos de energía y simplificar la burocracia para que los inversionistas vean en nosotros un lugar atractivo para invertir a futuro. ¡Que no se nos vaya el tren!
Definitivamente, parece que toca cambiar la jugada. Estamos dejando atrás la época en la que éramos el patio trasero de Norteamérica, y entrando en una nueva etapa donde la creatividad, el conocimiento y la capacidad de adaptación serán claves para seguir creciendo. Pero... ¿Estamos realmente preparados para afrontar este giro estructural en el empleo, o seguiremos pataleando como quien recibe una patada en el balde? ¿Ustedes qué opinan, compas? ¿Cómo deberíamos reinventarnos para mantenernos competitivos en este mundo cambiante?