¡Ay, Dios mío! Esto sí que da para hacerse bolas. Un nuevo estudio nos pinta el retrato bien feo de cómo estamos parados en cuanto al tema del salario acá en Costa Rica. Mientras unos pocos se zampan fortunas que ni Don Remberto Rivera, unos cuantos más andamos raspando apenas para pagar el renta y unas gallinas.
Según los datitos de EF, basados en las planillas que le mandamos al Ministerio de Hacienda, la mitad de nosotros –los que trabajamos formalmente, claro– estamos ganando menos de ¢540.000 al mes. ¡Eso sí es agarrarle con pinzas! Imagínate, apenas le alcanzan pa’ lo básico. Pero luego, pum!, aparece alguien ganándose ¢89 millones al mes. ¡Un brete, mae! Parece sacado de una novela rica!
Para ponerle pausa al asunto, la llamada ‘mediana salarial’, que es el punto medio donde la mitad de la gente gana más y la otra mitad gana menos, anda dando vueltas en ¢539.536. Pero ojo, porque el ‘promedio’ –ese que siempre manipulan– llega a ¢837.067, ¡más del 35% arriba! Ahí es donde entra el truco: unos cuantos pesos pesados inflan el promedio, pero eso no refleja la realidad de la inmensa mayoría de los trabajadores.
Y para que se hagan una idea clara, la cosa se distribuye así: casi la mitad (45.86%) de nosotros nos quedamos con menos de media barra, unos ¢500.000 al mes. Otro 30.28% estamos luchando entre ¢500.000 y un millón. Y solo el 23.85% logra pasar la barrera del millón. Tres de cada cuatro salarios, ahí lo tienen, ni siquiera alcanzan pa' vivir tranquilos. ¡Qué sal!
Ahora, dentro de esos que ganan mucho, la cosa se pone todavía más interesante. Hay un grupito chiquito –solo 1.421 personas– que se llevan más de diez millones al mes, y un puñado, ¡pero un puñado!, catorce para ser exactos, que se lucran con más de cincuenta millones. Menos del 0.001% de los trabajadores. Demasiado poco, considerando que muchos no dan ni pa’ un café rico en la mañana.
Claramente, si estás ganando más de ¢539.536, ya formas parte del club de los privilegiados –el 50% mejor pagado, para ser precisos. Pero si te toca estar del otro lado, pues ahí sigues remando. Y miren esto: solo 3 de cada 10 de nosotros logran superar los ¢800.000. Solo dos pasan de un millón doscientos mil. Y apenas uno de cada cien se atreve a soñar con los ¢4.4 millones. ¡De locura!
Es importante aclarar que estos números solo abarcan a los trabajadores formales. No cuentan a los que somos giros, a los que trabajamos en negro (y son muchísimos, ¡cerca del 38%! ), ni tampoco a aquellos que trabajan a tiempo parcial o tienen más de un trabajo –hay casi 46 mil personas así, registrando varios salarios diferentes. Así que la imagen completa, mi clave, todavía está faltando.
Bueno, hablando de imágenes completas… Con toda esta información, me surge una pregunta: ¿Cómo crees tú que podríamos empezar a cerrar esta brecha salarial tan grande que nos separa? ¿Será que necesitamos más regulación, incentivos fiscales o simplemente un cambio cultural en la forma en que valoramos el trabajo?
Según los datitos de EF, basados en las planillas que le mandamos al Ministerio de Hacienda, la mitad de nosotros –los que trabajamos formalmente, claro– estamos ganando menos de ¢540.000 al mes. ¡Eso sí es agarrarle con pinzas! Imagínate, apenas le alcanzan pa’ lo básico. Pero luego, pum!, aparece alguien ganándose ¢89 millones al mes. ¡Un brete, mae! Parece sacado de una novela rica!
Para ponerle pausa al asunto, la llamada ‘mediana salarial’, que es el punto medio donde la mitad de la gente gana más y la otra mitad gana menos, anda dando vueltas en ¢539.536. Pero ojo, porque el ‘promedio’ –ese que siempre manipulan– llega a ¢837.067, ¡más del 35% arriba! Ahí es donde entra el truco: unos cuantos pesos pesados inflan el promedio, pero eso no refleja la realidad de la inmensa mayoría de los trabajadores.
Y para que se hagan una idea clara, la cosa se distribuye así: casi la mitad (45.86%) de nosotros nos quedamos con menos de media barra, unos ¢500.000 al mes. Otro 30.28% estamos luchando entre ¢500.000 y un millón. Y solo el 23.85% logra pasar la barrera del millón. Tres de cada cuatro salarios, ahí lo tienen, ni siquiera alcanzan pa' vivir tranquilos. ¡Qué sal!
Ahora, dentro de esos que ganan mucho, la cosa se pone todavía más interesante. Hay un grupito chiquito –solo 1.421 personas– que se llevan más de diez millones al mes, y un puñado, ¡pero un puñado!, catorce para ser exactos, que se lucran con más de cincuenta millones. Menos del 0.001% de los trabajadores. Demasiado poco, considerando que muchos no dan ni pa’ un café rico en la mañana.
Claramente, si estás ganando más de ¢539.536, ya formas parte del club de los privilegiados –el 50% mejor pagado, para ser precisos. Pero si te toca estar del otro lado, pues ahí sigues remando. Y miren esto: solo 3 de cada 10 de nosotros logran superar los ¢800.000. Solo dos pasan de un millón doscientos mil. Y apenas uno de cada cien se atreve a soñar con los ¢4.4 millones. ¡De locura!
Es importante aclarar que estos números solo abarcan a los trabajadores formales. No cuentan a los que somos giros, a los que trabajamos en negro (y son muchísimos, ¡cerca del 38%! ), ni tampoco a aquellos que trabajan a tiempo parcial o tienen más de un trabajo –hay casi 46 mil personas así, registrando varios salarios diferentes. Así que la imagen completa, mi clave, todavía está faltando.
Bueno, hablando de imágenes completas… Con toda esta información, me surge una pregunta: ¿Cómo crees tú que podríamos empezar a cerrar esta brecha salarial tan grande que nos separa? ¿Será que necesitamos más regulación, incentivos fiscales o simplemente un cambio cultural en la forma en que valoramos el trabajo?