¡Ay, Dios mío! Aquí vamos otra vez con las malas noticias. El 2025 dejó una cifra escalofriante en las carreteras de Costa Rica: 27 ciclistas fallecidos. Sí, leíste bien, 27 vidas truncadas mientras pedaleaban, disfrutando del paisaje o simplemente tratando de llegar a su casa. Aunque hay una bajada del 27% con respecto al año anterior, la verdad es que 27 es un número que nos duele a todos y nos hace preguntarnos qué demonios estamos esperando para cambiar las cosas.
La conversación siempre vuelve al mismo punto: la falta de infraestructura segura. No es que los ciclistas sean unos irresponsables que salen a la calle sin mirar, aunque claro, también pasa eso. Pero la realidad es que muchos se ven obligados a compartir espacio con camiones monstruosos, autobuses repletos de gente y carros manejados por algunos… bueno, digamos que con poca conciencia vial. Parece que seguimos viendo al ciclista como un obstáculo en lugar de como un usuario legítimo de la vía pública, y eso es un problema serio.
Según los expertos, y no me hagan caso a mí que soy reportera, la clave está en entender que esto va más allá de la cultura vial. Como bien dijo Alejandro López, presidente de la Fundación Metro y Medio, la evidencia internacional es clara: la falta de carriles bici seguros, señalización adecuada y zonas segregadas es el principal culpable de estas tragedias. Comparar con otros países que han hecho bien las cosas nos da una idea de cuánto camino nos falta por recorrer. Nos queda bastante brete todavía, diay.
Las provincias costeras fueron las más afectadas, con Limón liderando la lista con ocho fallecimientos y Puntarenas siguiéndole de cerca con cinco. Esto tiene mucho sentido si pensamos en la gran cantidad de tráfico pesado que circula por esas rutas, especialmente durante temporada alta turística. Imagine pedalear por la ruta Brunca con un camión de bananas pisándole los talones... ¡qué torta! Nadie querría eso.
Guillermo Carazo, director del Colegio Federado de Ingenieros y Arquitectos (CFIA), añadió otro ingrediente importante a la mezcla: la educación vial deficiente. Según él, la convivencia entre carros, motos y bicicletas es caótica, y faltan normas claras y respeto mutuo. Él propone que la formación vial se incorpore desde la secundaria, sin importar cómo te muevas por la carretera. Ni modo, toca aprender a convivir en paz, ¿verdad?
Y aquí viene la parte que a nadie le gusta escuchar: invertir. Ambos expertos coinciden en que necesitamos echarle billetes al asunto, y hacerlo bien. Ya no sirven más las soluciones a medias ni las ciclovías dispersas que no conectan entre sí. López fue enfático: necesitamos una estrategia integral que priorice la seguridad de todos los usuarios de la vía. Una inversión seria, pa’ que no sigamos lamentando pérdidas evitables.
Pero ojo, no todo está perdido. Hay iniciativas en marcha, proyectos de ampliación de ciclovías y propuestas de ley que buscan mejorar la regulación del uso de la bicicleta. El desafío ahora es empujar estos temas para que pasen de la mesa de negociación a la realidad concreta. Porque mientras tanto, cada día que pasa, un ciclista corre peligro. Y eso, mis amigos, no puede seguir así.
La situación es preocupante, y nos deja pensando: ¿Estamos realmente comprometidos a hacer de nuestras carreteras lugares seguros para todos, o seguiremos dando largas al problema hasta que la próxima estadística nos golpee con fuerza? ¿Ustedes creen que el gobierno debería priorizar la construcción de infraestructura ciclísta segura, o consideran que existen otras necesidades más urgentes? Dejen sus opiniones en el foro, ¡queremos saber qué piensan!
La conversación siempre vuelve al mismo punto: la falta de infraestructura segura. No es que los ciclistas sean unos irresponsables que salen a la calle sin mirar, aunque claro, también pasa eso. Pero la realidad es que muchos se ven obligados a compartir espacio con camiones monstruosos, autobuses repletos de gente y carros manejados por algunos… bueno, digamos que con poca conciencia vial. Parece que seguimos viendo al ciclista como un obstáculo en lugar de como un usuario legítimo de la vía pública, y eso es un problema serio.
Según los expertos, y no me hagan caso a mí que soy reportera, la clave está en entender que esto va más allá de la cultura vial. Como bien dijo Alejandro López, presidente de la Fundación Metro y Medio, la evidencia internacional es clara: la falta de carriles bici seguros, señalización adecuada y zonas segregadas es el principal culpable de estas tragedias. Comparar con otros países que han hecho bien las cosas nos da una idea de cuánto camino nos falta por recorrer. Nos queda bastante brete todavía, diay.
Las provincias costeras fueron las más afectadas, con Limón liderando la lista con ocho fallecimientos y Puntarenas siguiéndole de cerca con cinco. Esto tiene mucho sentido si pensamos en la gran cantidad de tráfico pesado que circula por esas rutas, especialmente durante temporada alta turística. Imagine pedalear por la ruta Brunca con un camión de bananas pisándole los talones... ¡qué torta! Nadie querría eso.
Guillermo Carazo, director del Colegio Federado de Ingenieros y Arquitectos (CFIA), añadió otro ingrediente importante a la mezcla: la educación vial deficiente. Según él, la convivencia entre carros, motos y bicicletas es caótica, y faltan normas claras y respeto mutuo. Él propone que la formación vial se incorpore desde la secundaria, sin importar cómo te muevas por la carretera. Ni modo, toca aprender a convivir en paz, ¿verdad?
Y aquí viene la parte que a nadie le gusta escuchar: invertir. Ambos expertos coinciden en que necesitamos echarle billetes al asunto, y hacerlo bien. Ya no sirven más las soluciones a medias ni las ciclovías dispersas que no conectan entre sí. López fue enfático: necesitamos una estrategia integral que priorice la seguridad de todos los usuarios de la vía. Una inversión seria, pa’ que no sigamos lamentando pérdidas evitables.
Pero ojo, no todo está perdido. Hay iniciativas en marcha, proyectos de ampliación de ciclovías y propuestas de ley que buscan mejorar la regulación del uso de la bicicleta. El desafío ahora es empujar estos temas para que pasen de la mesa de negociación a la realidad concreta. Porque mientras tanto, cada día que pasa, un ciclista corre peligro. Y eso, mis amigos, no puede seguir así.
La situación es preocupante, y nos deja pensando: ¿Estamos realmente comprometidos a hacer de nuestras carreteras lugares seguros para todos, o seguiremos dando largas al problema hasta que la próxima estadística nos golpee con fuerza? ¿Ustedes creen que el gobierno debería priorizar la construcción de infraestructura ciclísta segura, o consideran que existen otras necesidades más urgentes? Dejen sus opiniones en el foro, ¡queremos saber qué piensan!