¡Ay, Dios mío! Resulta que el asunto del Proeri, ese programa que prometía rescatarnos de las calamidades naturales, andaba más perdido que chancho en ferretería. Una auditoría del CNE sacudió la gallina, revelando que varias obras se fueron al traste, los costos inflaron hasta decir basta y el avance... bueno, digamos que estamos más lentos que perezoso en domingo.
Para refrescarle la memoria a los más jóvenes (y a los que no prestan atención), el Proeri nació hace unos años con el propósito de reconstruir infraestructuras dañadas por los terremotos y demás tragedias que nos ha tocado vivir. Se consiguió un crédito jugoso de 700 millones de dólares, pensando que con eso íbamos a dejar todo como nuevo. Pero parece que alguien se olvidó de explicarle a la planilla cómo administrar el dinero, porque ahora tenemos este batallón de problemas.
La Auditoría Interna de la CNE tiró la bomba ante la Asamblea Legislativa, exponiendo que hubo cambios en presupuestos, diseños y qué cosas más que no pintaban nada bien. Incluso recortaron 17 proyectos que estaban catalogados como urgentes, alegando que ya no eran tan necesarios. ¡Pero luego los redistribuyeron a otros órganos ejecutores! Un clásico, vamos. Parecía que estaban jugando a las escondidas con el dinero público.
El diputado Joaquín Hernández soltó la bomba del puente sobre el río Platanar en Florencia. Según él, el presupuesto inicial era de 2.1 millones de dólares, pero ¡bam!, saltó a 3.8 millones. Nadie explica por qué. ¿Será que se les fue la mano con los materiales importados o quién sabe qué tinglado estarán haciendo? Esto definitivamente levanta sospechas y pone en entredicho la transparencia de la gestión.
Y lo peor de todo es que la ejecución de las obras es lamentable. De 467 proyectos vigentes, ¡más de 300 tienen menos del 10% de avance! Solo 38 han superado el 90%. ¡Eso es prácticamente nada! Estamos hablando de escuelas, puentes, caminos… cosas esenciales para el bienestar de todos los costarricenses, y ahí van a paso de tortuga. Es una vergüenza, díganlo conmigo.
Desde el partido de gobierno, la diputada Pilar Cisneros intentó defender la gestión de la CNE, mencionando una auditoría externa del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE). Dicen que ahí encontraron que el proyecto va bien. Pero, brete, ¿de qué sirve tener un aval externo si la realidad en el terreno es otra? Parece que se aferran a cualquier pretexto para justificar sus decisiones, aunque sean cuestionables.
Otro diputado, Pablo Sibaja, del Partido Nueva República, lanzó una indirecta bastante picante. Dijo que le habían advertido que si criticaban algo, luego iban a culparlos cuando se cayeran escuelas o puentes. ¡Imagínate! Como si echarle la bronca a la gestión fuera la solución. Al final, prefirió reclamar que en su comunidad nadie había movido un dedo para avanzar en una obra escolar. Qué vara, imaginen la frustración.
En fin, este tema del Proeri nos deja con más preguntas que respuestas. ¿Por qué se aprobaron aumentos de precios tan significativos en algunas obras? ¿Cómo es posible que tantos proyectos estén tan atrasados? Y lo más importante: ¿quién asumirá la responsabilidad por este desmadre? Dígame, compa, ¿usted cree que deberían meterle unas fichas a los responsables o simplemente seguir tragándonos este sapo?
Para refrescarle la memoria a los más jóvenes (y a los que no prestan atención), el Proeri nació hace unos años con el propósito de reconstruir infraestructuras dañadas por los terremotos y demás tragedias que nos ha tocado vivir. Se consiguió un crédito jugoso de 700 millones de dólares, pensando que con eso íbamos a dejar todo como nuevo. Pero parece que alguien se olvidó de explicarle a la planilla cómo administrar el dinero, porque ahora tenemos este batallón de problemas.
La Auditoría Interna de la CNE tiró la bomba ante la Asamblea Legislativa, exponiendo que hubo cambios en presupuestos, diseños y qué cosas más que no pintaban nada bien. Incluso recortaron 17 proyectos que estaban catalogados como urgentes, alegando que ya no eran tan necesarios. ¡Pero luego los redistribuyeron a otros órganos ejecutores! Un clásico, vamos. Parecía que estaban jugando a las escondidas con el dinero público.
El diputado Joaquín Hernández soltó la bomba del puente sobre el río Platanar en Florencia. Según él, el presupuesto inicial era de 2.1 millones de dólares, pero ¡bam!, saltó a 3.8 millones. Nadie explica por qué. ¿Será que se les fue la mano con los materiales importados o quién sabe qué tinglado estarán haciendo? Esto definitivamente levanta sospechas y pone en entredicho la transparencia de la gestión.
Y lo peor de todo es que la ejecución de las obras es lamentable. De 467 proyectos vigentes, ¡más de 300 tienen menos del 10% de avance! Solo 38 han superado el 90%. ¡Eso es prácticamente nada! Estamos hablando de escuelas, puentes, caminos… cosas esenciales para el bienestar de todos los costarricenses, y ahí van a paso de tortuga. Es una vergüenza, díganlo conmigo.
Desde el partido de gobierno, la diputada Pilar Cisneros intentó defender la gestión de la CNE, mencionando una auditoría externa del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE). Dicen que ahí encontraron que el proyecto va bien. Pero, brete, ¿de qué sirve tener un aval externo si la realidad en el terreno es otra? Parece que se aferran a cualquier pretexto para justificar sus decisiones, aunque sean cuestionables.
Otro diputado, Pablo Sibaja, del Partido Nueva República, lanzó una indirecta bastante picante. Dijo que le habían advertido que si criticaban algo, luego iban a culparlos cuando se cayeran escuelas o puentes. ¡Imagínate! Como si echarle la bronca a la gestión fuera la solución. Al final, prefirió reclamar que en su comunidad nadie había movido un dedo para avanzar en una obra escolar. Qué vara, imaginen la frustración.
En fin, este tema del Proeri nos deja con más preguntas que respuestas. ¿Por qué se aprobaron aumentos de precios tan significativos en algunas obras? ¿Cómo es posible que tantos proyectos estén tan atrasados? Y lo más importante: ¿quién asumirá la responsabilidad por este desmadre? Dígame, compa, ¿usted cree que deberían meterle unas fichas a los responsables o simplemente seguir tragándonos este sapo?