Ay, Dios mío, ¿qué le pasa a este señor? Resulta que Donald Trump, sí, el mismito, sigue sacando el tema de Groenlandia, como si fuera un chunche suyo. Después de meses de intentar convencer a Dinamarca de venderle la isla, ahora amenaza con usar la fuerza. ¡Un despiche total! Parece que no entiende que Groenlandia no es un jueguete para comprar y vender como si fueran plátanos en el mercado.
La historia es larga, pues. Trump insiste en que controlar Groenlandia es crucial para la seguridad nacional de Estados Unidos, porque Rusia y China andan moviéndose mucho por el Ártico. Como si la única manera de defenderse fuera apoderándose de territorios ajenos, mae. Vaya forma de pensar… Un brete para las relaciones internacionales, díganlo ustedes.
Pero bueno, la última vez que abrió la boca sobre esto, amenazó con “encargarse” del asunto “por las buenas o por las malas”. ¡Se cree Don Quijote, vamos! El caso es que los líderes de Groenlandia, hartos de tantearlas, lanzaron una declaración contundente: “No queremos ser estadounidenses, no queremos ser daneses, queremos ser groenlandeses”. ¡Me encantó la gallardía!
Y no es solo la clase política la que se opone, sino el pueblo también. Fui a ver qué decían por ahí y encontré a Julius Nielsen, un pescador de 48 años en Nuuk, la capital. El mae estaba que fulminaba: “¿estadounidenses? ¡No! Ya hemos sido colonia durante muchos años. No queremos volver a ser colonia”. Palabras que salen directo del corazón, ¿eh?
Para refrescarles la memoria, Groenlandia fue colonia danesa hasta 1953 y consiguió su autonomía en 1979, aunque sigue siendo parte del reino de Dinamarca. Así que ya tienen suficiente experiencia con ser dependientes de otro país, y no piensan repetir la historia. Imaginen estar aguantando los caprichos de un tipo que te quiere anexar a la fuerza, ¡qué torta!
Esta situación está generando preocupación en toda Europa. Dinamarca, obviamente, está tensa, pero también hay nerviosismo entre otros países aliados de Estados Unidos. Al final, nadie quiere tener un vecino loco que esté dispuesto a todo para conseguir lo que quiere. Es como tener al primo problemático en la reunión familiar; todos lo evitan y esperan que se vaya pronto.
Y hablando de reacciones, hubo artículos interesantes en otros medios. Uno destacaba cómo el hijo de Nicolás Maduro revelaba las primeras palabras de su padre desde la cárcel en Estados Unidos, mientras Trump seguía amenazando con cortar el petróleo y el dinero a Cuba. Parece que el hombre anda con la cabeza en otras galaxias, despistado de lo que realmente importa. Además, apareció una nota sobre la muerte de Yeison Jiménez en un accidente de avioneta, qué sal… Una semana llena de cosas tristes y locuras, vamos.
En fin, parece que Trump no aprende. Quiere imponer sus ideas a la fuerza, sin respetar la voluntad de los demás. Pero los groenlandeses han dejado claro que no van a ceder ante sus amenazas. ¡Y bien hacen! Ahora, me pregunto: ¿cree usted que algún día Trump va a entender que el respeto mutuo es la clave para construir relaciones internacionales duraderas, o seguirá pensando que puede comprar y dominar a cualquiera con su poderío económico y militar?
La historia es larga, pues. Trump insiste en que controlar Groenlandia es crucial para la seguridad nacional de Estados Unidos, porque Rusia y China andan moviéndose mucho por el Ártico. Como si la única manera de defenderse fuera apoderándose de territorios ajenos, mae. Vaya forma de pensar… Un brete para las relaciones internacionales, díganlo ustedes.
Pero bueno, la última vez que abrió la boca sobre esto, amenazó con “encargarse” del asunto “por las buenas o por las malas”. ¡Se cree Don Quijote, vamos! El caso es que los líderes de Groenlandia, hartos de tantearlas, lanzaron una declaración contundente: “No queremos ser estadounidenses, no queremos ser daneses, queremos ser groenlandeses”. ¡Me encantó la gallardía!
Y no es solo la clase política la que se opone, sino el pueblo también. Fui a ver qué decían por ahí y encontré a Julius Nielsen, un pescador de 48 años en Nuuk, la capital. El mae estaba que fulminaba: “¿estadounidenses? ¡No! Ya hemos sido colonia durante muchos años. No queremos volver a ser colonia”. Palabras que salen directo del corazón, ¿eh?
Para refrescarles la memoria, Groenlandia fue colonia danesa hasta 1953 y consiguió su autonomía en 1979, aunque sigue siendo parte del reino de Dinamarca. Así que ya tienen suficiente experiencia con ser dependientes de otro país, y no piensan repetir la historia. Imaginen estar aguantando los caprichos de un tipo que te quiere anexar a la fuerza, ¡qué torta!
Esta situación está generando preocupación en toda Europa. Dinamarca, obviamente, está tensa, pero también hay nerviosismo entre otros países aliados de Estados Unidos. Al final, nadie quiere tener un vecino loco que esté dispuesto a todo para conseguir lo que quiere. Es como tener al primo problemático en la reunión familiar; todos lo evitan y esperan que se vaya pronto.
Y hablando de reacciones, hubo artículos interesantes en otros medios. Uno destacaba cómo el hijo de Nicolás Maduro revelaba las primeras palabras de su padre desde la cárcel en Estados Unidos, mientras Trump seguía amenazando con cortar el petróleo y el dinero a Cuba. Parece que el hombre anda con la cabeza en otras galaxias, despistado de lo que realmente importa. Además, apareció una nota sobre la muerte de Yeison Jiménez en un accidente de avioneta, qué sal… Una semana llena de cosas tristes y locuras, vamos.
En fin, parece que Trump no aprende. Quiere imponer sus ideas a la fuerza, sin respetar la voluntad de los demás. Pero los groenlandeses han dejado claro que no van a ceder ante sus amenazas. ¡Y bien hacen! Ahora, me pregunto: ¿cree usted que algún día Trump va a entender que el respeto mutuo es la clave para construir relaciones internacionales duraderas, o seguirá pensando que puede comprar y dominar a cualquiera con su poderío económico y militar?