Ay, mi gente, esto sí que está cargado. Parece que en la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) hay algo más que estudiando para salvar vidas; parece que algunos tienen el camino allanado gracias a quién los parió. Un informe de auditoría salió a la luz y pinta feo, revelando vínculos de parentesco directo entre médicos residentes, especialistas y los que toman las decisiones de quién entra y quién no al programa de formación. ¡Qué torta!
La verdad, esto no es ningún secreto a voces, pero ahora lo tenemos por escrito. Resulta que encontraron una buena cantidad de casos –más de los que deberíamos celebrar– donde padres e hijos trabajan juntos en la CCSS, o incluso peor, donde los papás son profesores universitarios que participan en la formación de sus propios hijos. Del total de residentes analizados, casi el 23% tienen un papá o mamá dando cátedra en la universidad. ¡Idiay, qué vaina!
Y ni hablar de los otros datos que están dando que hablar. Siete residentes, ¡sí señor!, tienen a ambos padres trabajando en la Caja, y en dos de esos casos, los padres también le enseñan a futuros doctores. En siete familias, padre e hijo comparten la misma especialidad, y cinco de esos hijos terminaron haciendo su residencia justo en el período 2020-2024. Suena a película, ¿verdad?
Pero lo más preocupante son las declaraciones de los mismos residentes. Encuestas aplicadas recogieron testimonios duros, relatos de favoritismos, abusos de poder y un trato que deja mucho que desear. Uno de los comentarios textuales dice textualmente: “Así que al parecer el programa de formación de especialistas consiste en amigazgos”. ¡Puajjj, qué sal!”. Otro residente contó cómo era tratado diferente porque no tenía un familiar influyente en la CCSS.
Imagínate estar en la sala de partos, viendo cómo a tus compañeros hijos de ginecólogos les dejan ver películas mientras tú estás luchando por salvar vidas. ¡Qué brete! Y luego te dicen que tienes que dejar pasar emergencias porque tienen que atender a los consentidos. Esto es inaceptable, mi gente, pura injusticia. No podemos permitir que la calidad de la atención médica se vea comprometida por conexiones familiares.
Lo que es aún más grave es que muchos de estos jefes de servicio también andan dando vueltas en las universidades y coordinando programas de posgrado. Así, ¿cómo esperamos que haya imparcialidad en las evaluaciones y en la asignación de oportunidades? Parece que estamos perpetuando un círculo vicioso donde el apellido importa más que el talento y el esfuerzo.
Y ojo, que la Auditoría encontró que ni siquiera existe una normativa clara para prevenir y gestionar estos conflictos de interés. El Cendeisss, que debería estar cuidando de estos temas, anda desocupado. ¡Qué despiste! Esta ausencia de reglas permite que estas situaciones se sigan reproduciendo y afectando la confianza en el sistema de salud pública. La falta de control pone en riesgo la integridad de todo el proceso formativo, y eso nos afecta a todos los costarricenses.
Ahora bien, la pregunta del millón: ¿Cómo podemos asegurar que la formación de nuestros futuros médicos se base en el mérito y la capacidad, y no en el apellido o las influencias? ¿Debería haber una investigación más profunda y sanciones para quienes hayan cometido irregularidades? ¿Y qué medidas concretas debemos implementar para evitar que esto vuelva a ocurrir? Vamos, compartan sus ideas en el foro, ¡queremos escuchar sus opiniones!”,
La verdad, esto no es ningún secreto a voces, pero ahora lo tenemos por escrito. Resulta que encontraron una buena cantidad de casos –más de los que deberíamos celebrar– donde padres e hijos trabajan juntos en la CCSS, o incluso peor, donde los papás son profesores universitarios que participan en la formación de sus propios hijos. Del total de residentes analizados, casi el 23% tienen un papá o mamá dando cátedra en la universidad. ¡Idiay, qué vaina!
Y ni hablar de los otros datos que están dando que hablar. Siete residentes, ¡sí señor!, tienen a ambos padres trabajando en la Caja, y en dos de esos casos, los padres también le enseñan a futuros doctores. En siete familias, padre e hijo comparten la misma especialidad, y cinco de esos hijos terminaron haciendo su residencia justo en el período 2020-2024. Suena a película, ¿verdad?
Pero lo más preocupante son las declaraciones de los mismos residentes. Encuestas aplicadas recogieron testimonios duros, relatos de favoritismos, abusos de poder y un trato que deja mucho que desear. Uno de los comentarios textuales dice textualmente: “Así que al parecer el programa de formación de especialistas consiste en amigazgos”. ¡Puajjj, qué sal!”. Otro residente contó cómo era tratado diferente porque no tenía un familiar influyente en la CCSS.
Imagínate estar en la sala de partos, viendo cómo a tus compañeros hijos de ginecólogos les dejan ver películas mientras tú estás luchando por salvar vidas. ¡Qué brete! Y luego te dicen que tienes que dejar pasar emergencias porque tienen que atender a los consentidos. Esto es inaceptable, mi gente, pura injusticia. No podemos permitir que la calidad de la atención médica se vea comprometida por conexiones familiares.
Lo que es aún más grave es que muchos de estos jefes de servicio también andan dando vueltas en las universidades y coordinando programas de posgrado. Así, ¿cómo esperamos que haya imparcialidad en las evaluaciones y en la asignación de oportunidades? Parece que estamos perpetuando un círculo vicioso donde el apellido importa más que el talento y el esfuerzo.
Y ojo, que la Auditoría encontró que ni siquiera existe una normativa clara para prevenir y gestionar estos conflictos de interés. El Cendeisss, que debería estar cuidando de estos temas, anda desocupado. ¡Qué despiste! Esta ausencia de reglas permite que estas situaciones se sigan reproduciendo y afectando la confianza en el sistema de salud pública. La falta de control pone en riesgo la integridad de todo el proceso formativo, y eso nos afecta a todos los costarricenses.
Ahora bien, la pregunta del millón: ¿Cómo podemos asegurar que la formación de nuestros futuros médicos se base en el mérito y la capacidad, y no en el apellido o las influencias? ¿Debería haber una investigación más profunda y sanciones para quienes hayan cometido irregularidades? ¿Y qué medidas concretas debemos implementar para evitar que esto vuelva a ocurrir? Vamos, compartan sus ideas en el foro, ¡queremos escuchar sus opiniones!”,