¡Aguante ahí, mi gente! Parece que algunos gimnasios en este país estaban jugando sucio con nuestros ahorritos y tratando de hacernos tragar sapos en sus contratos. El Ministerio de Economía, pa' que sepan, le puso lupa a estos negocios de acondicionamiento físico y vaya si encontraron cosas raras, ¡una torta!, como dicen por acá.
La cosa es así: después de una fiscalización a finales del año pasado a diez gyms diferentes, el MEIC descubrió que ocho estaban usando contratos de adhesión – esos que te ponen frente y tienes que firmarlos rápido, sin leer bien – y casi todos tenían cláusulas que andaban fuera de onda. Directamente violaban la ley que nos protege como consumidores, la famosa Ley 7472, específicamente el artículo 42. ¡Un respeto por nuestros derechos, raza!
Lo que más llamó la atención a los fiscales es la falta de transparencia total. En cinco contratos, la letra chica estaba dispersa, como buscando que no la encontraras, y en otros cinco, te mandaban a buscar reglamentos eternos en vez de poner toda la información clara en el contrato. ¡Imagínate tener que ir a buscar el precio final en un reglamento enorme! Un brete, díganlo.
Y eso no es todo, parce. Además de la falta de claridad, el MEIC encontró cosas peores. Cinco contratos pedían permiso automático para usar tus datos personales, bombardearte con publicidad y hasta usar tus fotos sin tu consentimiento explícito. ¡Eso ya es rayano en lo sospechoso, mae! A nadie le gusta que le saquen provecho de su imagen sin avisarle, ¿verdad?
Pero la cereza del pastel eran las cláusulas abusivas. En siete contratos, el gym se eximía de cualquier responsabilidad, dejando al cliente colgado si algo salía mal. En otros siete, ponían al pobre cliente en una posición desventajosa desde el principio. Y para rematar, en seis contratos podían cambiar las reglas a medio camino, incluso si ya estabas pagando el servicio. ¡Una verdadera jugarreta, pura sal!
Como consecuencia de todo esto, el MEIC ya tomó cartas en el asunto. Le dio una prevención a ocho gimnasios el 13 de octubre del 2025. La mayoría, seis para ser exactos, se enderezaron y corrigieron las irregularidades. Pero dos decidieron hacerle bolas al problema y ahora enfrentarán cargos ante la Comisión Nacional del Consumidor (CNC). ¡Que les caiga todo lo que da y más, porque están jugando con fuego!
Estos dos gyms rebeldes podrían terminar pagando entre ¢4,6 millones y ¢18,4 millones en multas, dependiendo de la gravedad de sus acciones. Así que, a tomar nota, dueños de gimnasios: cumplir la ley es importante, ¡y respetar al consumidor es aún más!
Ahora, cuéntenme, ¿han tenido alguna experiencia similar con gimnasios o servicios similares? ¿Han firmado algún contrato que les haya parecido extraño o abusivo? ¡Déjenme sus opiniones en los comentarios para que podamos discutirlo y ver cómo podemos protegernos mejor como consumidores! ¿Ustedes creen que el MEIC debería intensificar estas fiscalizaciones y llevarlas a más negocios?
La cosa es así: después de una fiscalización a finales del año pasado a diez gyms diferentes, el MEIC descubrió que ocho estaban usando contratos de adhesión – esos que te ponen frente y tienes que firmarlos rápido, sin leer bien – y casi todos tenían cláusulas que andaban fuera de onda. Directamente violaban la ley que nos protege como consumidores, la famosa Ley 7472, específicamente el artículo 42. ¡Un respeto por nuestros derechos, raza!
Lo que más llamó la atención a los fiscales es la falta de transparencia total. En cinco contratos, la letra chica estaba dispersa, como buscando que no la encontraras, y en otros cinco, te mandaban a buscar reglamentos eternos en vez de poner toda la información clara en el contrato. ¡Imagínate tener que ir a buscar el precio final en un reglamento enorme! Un brete, díganlo.
Y eso no es todo, parce. Además de la falta de claridad, el MEIC encontró cosas peores. Cinco contratos pedían permiso automático para usar tus datos personales, bombardearte con publicidad y hasta usar tus fotos sin tu consentimiento explícito. ¡Eso ya es rayano en lo sospechoso, mae! A nadie le gusta que le saquen provecho de su imagen sin avisarle, ¿verdad?
Pero la cereza del pastel eran las cláusulas abusivas. En siete contratos, el gym se eximía de cualquier responsabilidad, dejando al cliente colgado si algo salía mal. En otros siete, ponían al pobre cliente en una posición desventajosa desde el principio. Y para rematar, en seis contratos podían cambiar las reglas a medio camino, incluso si ya estabas pagando el servicio. ¡Una verdadera jugarreta, pura sal!
Como consecuencia de todo esto, el MEIC ya tomó cartas en el asunto. Le dio una prevención a ocho gimnasios el 13 de octubre del 2025. La mayoría, seis para ser exactos, se enderezaron y corrigieron las irregularidades. Pero dos decidieron hacerle bolas al problema y ahora enfrentarán cargos ante la Comisión Nacional del Consumidor (CNC). ¡Que les caiga todo lo que da y más, porque están jugando con fuego!
Estos dos gyms rebeldes podrían terminar pagando entre ¢4,6 millones y ¢18,4 millones en multas, dependiendo de la gravedad de sus acciones. Así que, a tomar nota, dueños de gimnasios: cumplir la ley es importante, ¡y respetar al consumidor es aún más!
Ahora, cuéntenme, ¿han tenido alguna experiencia similar con gimnasios o servicios similares? ¿Han firmado algún contrato que les haya parecido extraño o abusivo? ¡Déjenme sus opiniones en los comentarios para que podamos discutirlo y ver cómo podemos protegernos mejor como consumidores! ¿Ustedes creen que el MEIC debería intensificar estas fiscalizaciones y llevarlas a más negocios?