¡Ay, Dios mío! Esto del tema de los vuelos ambulancia nocturnos se ha puesto más complicado que encontrar estacionamiento en Escazú los fines de semana. La Dirección General de Aviación Civil (DGAC) sigue con la bronca de estas restricciones desde octubre de 2025, limitando a tope los vuelos de emergencia durante la noche desde esos aeródromos que no tienen personal certificado – unos sitios más bien tranquilos, vamos– y justificándolo con unas ‘denuncias’ que nadie explica. ¡Qué vaina!
Resulta que, según la DGAC, todo esto empezó porque recibieron algunas quejas sobre gente haciendo cosas raras con los aviones de noche, operando 'fuera del marco normativo'. Pero, ¿cuántas denuncias fueron? ¿De qué trataban exactamente? ¿Alguien recibió alguna sanción? No nos dicen nada, ¡pura tela! Lo único que sabemos es que actualizaron algunas reglas para ‘garantizar la seguridad’, usando términos técnicos que a nosotros, los mortales, nos dejan boquiabiertos.
Lo que hicieron básicamente es que ahora, para volar de noche, tienes que tener IFR (reglas de vuelo por instrumentos), que requiere más experiencia y equipamiento. Eso deja habilitados solo los aeropuertos internacionales Juan Santamaría y Daniel Oduber, y el Tobías Bolaños, pero solo en sus horarios establecidos. Imagínate, ¡si necesitas un vuelo rápido a San José desde Liberia de noche, te quedas pataleando! Porque ahí entra el problema: muchas emergencias ocurren lejos de esos centros urbanos, en zonas rurales donde tener un aeródromo pequeño es crucial para llegar rápido a un hospital.
Y pa' que se hagan una idea del tamaño del problemón, Costa Rica Green Airways le pasó a la DGAC datos que muestran que hicieron 377 vuelos ambulancia entre 2024 y mediados de 2025, ¡casi 122 de ellos de noche! Empresas como Green Airways y Prestige juntas llevaron a cabo unos 400 vuelos nocturnos en 2024 y ya iban por los 300 en 2025 antes de que metieran estas restricciones. ¡Eso es mucho movimiento de gente necesitándose ayuda urgente, mae!
Pero la historia se pone aún más turbia. Resulta que justo un día después de implementar estas reglas, un representante de las compañías de vuelos ambulancia, Don Francisco Araya, le escribió al jefe de Aviación Civil, Don Marcos Castillo, advirtiéndole que esto iba a causar problemas. Contó el caso de una nena de siete años en Liberia que necesitaba ser trasladada urgentemente al Hospital Nacional de Niños debido a una hemorragia cerebral. El vuelo tenía que salir alrededor de las 7 p.m., pero con la nueva ley, no podían usar el aeropuerto de Tobías Bolaños. ¡Imagínate el estrés familiar! Intentaron subirla al avión dos veces, pero no pudieron. Finalmente, lograron conseguir un permiso especial al día siguiente... ¡pero la pobre nena llegó 14 horas tarde y falleció!
Esto, amigos, es lo que se conoce como ¡una verdadera torta! Un caso lamentable que puso de relieve las consecuencias directas de estas restricciones. El mismo operador del vuelo, Don Ricardo Hernández, dijo que aunque no podía asegurar si la nena habría sobrevivido, quedó la duda y el dolor de haber llegado tan tarde. Una carga terrible, sin duda. Y mientras tanto, la DGAC sigue agarrada a sus normas, amparándose en esas ‘denuncias’ misteriosas, sin aportar pruebas concretas que justifiquen una medida tan drástica.
Los operadores de vuelos ambulancia, por otro lado, señalan que en Costa Rica no ha habido accidentes en vuelos nocturnos en aeródromos no controlados en los últimos 18 años. Solo hubo un incidente menor hace unas tres décadas, cuando un avioncito chocó contra animales en la pista de Coto 47. ¡Nada grave, muchachos! Entonces, ¿por qué tanta restricción si los riesgos parecen mínimos y los beneficios potenciales – salvar vidas – son enormes?
La verdad es que esto da bastante que pensar. Tenemos una institución aferrada a regulaciones sin mucha transparencia, mientras que familias y profesionales de la salud ven cómo se dificulta el acceso a servicios vitales. Con todos estos datos a la luz, me pregunto: ¿Estamos priorizando la burocracia sobre la vida de las personas? ¿Será hora de reconsiderar estas restricciones y buscar alternativas que equilibren la seguridad con la necesidad de atención médica oportuna, especialmente en áreas remotas del país?
Resulta que, según la DGAC, todo esto empezó porque recibieron algunas quejas sobre gente haciendo cosas raras con los aviones de noche, operando 'fuera del marco normativo'. Pero, ¿cuántas denuncias fueron? ¿De qué trataban exactamente? ¿Alguien recibió alguna sanción? No nos dicen nada, ¡pura tela! Lo único que sabemos es que actualizaron algunas reglas para ‘garantizar la seguridad’, usando términos técnicos que a nosotros, los mortales, nos dejan boquiabiertos.
Lo que hicieron básicamente es que ahora, para volar de noche, tienes que tener IFR (reglas de vuelo por instrumentos), que requiere más experiencia y equipamiento. Eso deja habilitados solo los aeropuertos internacionales Juan Santamaría y Daniel Oduber, y el Tobías Bolaños, pero solo en sus horarios establecidos. Imagínate, ¡si necesitas un vuelo rápido a San José desde Liberia de noche, te quedas pataleando! Porque ahí entra el problema: muchas emergencias ocurren lejos de esos centros urbanos, en zonas rurales donde tener un aeródromo pequeño es crucial para llegar rápido a un hospital.
Y pa' que se hagan una idea del tamaño del problemón, Costa Rica Green Airways le pasó a la DGAC datos que muestran que hicieron 377 vuelos ambulancia entre 2024 y mediados de 2025, ¡casi 122 de ellos de noche! Empresas como Green Airways y Prestige juntas llevaron a cabo unos 400 vuelos nocturnos en 2024 y ya iban por los 300 en 2025 antes de que metieran estas restricciones. ¡Eso es mucho movimiento de gente necesitándose ayuda urgente, mae!
Pero la historia se pone aún más turbia. Resulta que justo un día después de implementar estas reglas, un representante de las compañías de vuelos ambulancia, Don Francisco Araya, le escribió al jefe de Aviación Civil, Don Marcos Castillo, advirtiéndole que esto iba a causar problemas. Contó el caso de una nena de siete años en Liberia que necesitaba ser trasladada urgentemente al Hospital Nacional de Niños debido a una hemorragia cerebral. El vuelo tenía que salir alrededor de las 7 p.m., pero con la nueva ley, no podían usar el aeropuerto de Tobías Bolaños. ¡Imagínate el estrés familiar! Intentaron subirla al avión dos veces, pero no pudieron. Finalmente, lograron conseguir un permiso especial al día siguiente... ¡pero la pobre nena llegó 14 horas tarde y falleció!
Esto, amigos, es lo que se conoce como ¡una verdadera torta! Un caso lamentable que puso de relieve las consecuencias directas de estas restricciones. El mismo operador del vuelo, Don Ricardo Hernández, dijo que aunque no podía asegurar si la nena habría sobrevivido, quedó la duda y el dolor de haber llegado tan tarde. Una carga terrible, sin duda. Y mientras tanto, la DGAC sigue agarrada a sus normas, amparándose en esas ‘denuncias’ misteriosas, sin aportar pruebas concretas que justifiquen una medida tan drástica.
Los operadores de vuelos ambulancia, por otro lado, señalan que en Costa Rica no ha habido accidentes en vuelos nocturnos en aeródromos no controlados en los últimos 18 años. Solo hubo un incidente menor hace unas tres décadas, cuando un avioncito chocó contra animales en la pista de Coto 47. ¡Nada grave, muchachos! Entonces, ¿por qué tanta restricción si los riesgos parecen mínimos y los beneficios potenciales – salvar vidas – son enormes?
La verdad es que esto da bastante que pensar. Tenemos una institución aferrada a regulaciones sin mucha transparencia, mientras que familias y profesionales de la salud ven cómo se dificulta el acceso a servicios vitales. Con todos estos datos a la luz, me pregunto: ¿Estamos priorizando la burocracia sobre la vida de las personas? ¿Será hora de reconsiderar estas restricciones y buscar alternativas que equilibren la seguridad con la necesidad de atención médica oportuna, especialmente en áreas remotas del país?