¡Ay, Dios mío! Resulta que mientras el mundo se pone prieto con el cambio climático, seguimos viendo con reticencia a los animalitos que podrían echarnos una mano. Sí, hablamos de esos seres incomprendidos: los murciélagos, los zopilotes y toda esa fauna que, por prejuicios de cuidado, parece que queremos alejar.
Silvia Chaves Ramírez, una bióloga que le da duro al tema de los murciélagos y fundadora del proyecto BatPunk –una movida bien creativa que mezcla arte, ciencia y educación– nos abre los ojos a esta realidad. Ella explica que, a pesar de que los ecosistemas dependen de estos bichitos para funcionar, nosotros seguimos estigmatizándolos. ¡Qué torta!
Los murciélagos, por ejemplo, son el segundo grupo de mamíferos más diverso del planeta, y hacen un trabajo importantísimo: regeneran bosques, polinizan flores, esparcen semillitas y mantienen el equilibrio. Además, en muchas culturas ancestrales, los miraban con respeto, incluso con cariño. Pero ahora, tenemos mitos y miedos que les impiden vivir tranquilos. ¿Se imaginan tener que lidiar con eso?
Y no solo pasa con los murciélagos. Piensen en los zopilotes, esos aves que a veces vemos revoloteando alrededor de nuestras casas. Mucha gente los considera “aves sucias”, pero la verdad es que son fundamentales para mantener limpios nuestros ecosistemas y ciudades, evitando la propagación de enfermedades. Un estudio reciente publicado en PNAS demostró que la disminución de sus poblaciones representa una grave amenaza para la salud pública… ¡tremendo brete!
Lo peor de todo es que esta situación se agrava con el cambio climático. Las temperaturas extremas, la falta de agua y la pérdida de hábitat afectan directamente a los animales, complicando su alimentación y reproducción. Eso sí que es jalarse una torta.
Pero, ¿de dónde vienen estos prejuicios? Según Chaves Ramírez, a menudo nacen de percepciones estéticas o culturales. Juzgamos a los animales por su apariencia, etiquetándolos como “feos” o “peligrosos”, sin considerar su importancia ecológica. Es como juzgar un libro por su portada, ¿verdad? Y esa valoración superficial termina justificando acciones dañinas, como envenenar o desplazar a animales inocentes. ¡Qué sal!
Otro problema es la idea de que solo debemos proteger a las especies “carismáticas”, como leones o pandas, porque atraen más atención y recursos. Eso deja de lado a muchísimos otros animales, igualmente esenciales para el funcionamiento de los ecosistemas. Esto significa que estamos poniendo precios diferentes a las vidas, y eso es una barbaridad.
Así que, ¿qué podemos hacer? Pues, empezar por cuestionar nuestros propios prejuicios y buscar información fiable. Reconocer que todos los animales tienen un valor intrínseco, más allá de su utilidad para los humanos. Y, sobre todo, cambiar nuestra narrativa: pasar del miedo y el rechazo al respeto y la empatía. Después de todo, ¿no creen que es hora de dejar atrás estos estigmas y trabajar juntos para construir un futuro más justo y sostenible para todos los seres vivos? ¿Ustedes, qué acciones concretas estarían dispuestas a tomar para apoyar la conservación de especies estigmatizadas en nuestro país?
Silvia Chaves Ramírez, una bióloga que le da duro al tema de los murciélagos y fundadora del proyecto BatPunk –una movida bien creativa que mezcla arte, ciencia y educación– nos abre los ojos a esta realidad. Ella explica que, a pesar de que los ecosistemas dependen de estos bichitos para funcionar, nosotros seguimos estigmatizándolos. ¡Qué torta!
Los murciélagos, por ejemplo, son el segundo grupo de mamíferos más diverso del planeta, y hacen un trabajo importantísimo: regeneran bosques, polinizan flores, esparcen semillitas y mantienen el equilibrio. Además, en muchas culturas ancestrales, los miraban con respeto, incluso con cariño. Pero ahora, tenemos mitos y miedos que les impiden vivir tranquilos. ¿Se imaginan tener que lidiar con eso?
Y no solo pasa con los murciélagos. Piensen en los zopilotes, esos aves que a veces vemos revoloteando alrededor de nuestras casas. Mucha gente los considera “aves sucias”, pero la verdad es que son fundamentales para mantener limpios nuestros ecosistemas y ciudades, evitando la propagación de enfermedades. Un estudio reciente publicado en PNAS demostró que la disminución de sus poblaciones representa una grave amenaza para la salud pública… ¡tremendo brete!
Lo peor de todo es que esta situación se agrava con el cambio climático. Las temperaturas extremas, la falta de agua y la pérdida de hábitat afectan directamente a los animales, complicando su alimentación y reproducción. Eso sí que es jalarse una torta.
Pero, ¿de dónde vienen estos prejuicios? Según Chaves Ramírez, a menudo nacen de percepciones estéticas o culturales. Juzgamos a los animales por su apariencia, etiquetándolos como “feos” o “peligrosos”, sin considerar su importancia ecológica. Es como juzgar un libro por su portada, ¿verdad? Y esa valoración superficial termina justificando acciones dañinas, como envenenar o desplazar a animales inocentes. ¡Qué sal!
Otro problema es la idea de que solo debemos proteger a las especies “carismáticas”, como leones o pandas, porque atraen más atención y recursos. Eso deja de lado a muchísimos otros animales, igualmente esenciales para el funcionamiento de los ecosistemas. Esto significa que estamos poniendo precios diferentes a las vidas, y eso es una barbaridad.
Así que, ¿qué podemos hacer? Pues, empezar por cuestionar nuestros propios prejuicios y buscar información fiable. Reconocer que todos los animales tienen un valor intrínseco, más allá de su utilidad para los humanos. Y, sobre todo, cambiar nuestra narrativa: pasar del miedo y el rechazo al respeto y la empatía. Después de todo, ¿no creen que es hora de dejar atrás estos estigmas y trabajar juntos para construir un futuro más justo y sostenible para todos los seres vivos? ¿Ustedes, qué acciones concretas estarían dispuestas a tomar para apoyar la conservación de especies estigmatizadas en nuestro país?