¡Ay, Dios mío! Parece que estamos viendo cómo se va al traste un sueño de muchos. El gobierno de Rodrigo Chaves, que está por entregarle el brete al siguiente, se despide sin comprar ni un solo tren nuevo. Sí, así como lo leen, cero trenes. Esto lo dice el mismo Incofer, vamos, la gente que debería estar promoviendo esto. ¡Qué brígido!
Todo empezó hace unos años, cuando se hablaba de modernizar el sistema ferroviario. Luis Amador Jiménez, quien fue ministro de Obras Públicas, soltó la bomba diciendo que tuvo que convencer al Presidente Chaves de no cerrar el Incofer. Imagínense, ¡querían cerrarlo! Según Amador, el problema radicaba en la 'desidia' de la presidencia y la falta de apoyo al transporte público. Parece que tuvieron que ir hasta Europa a pedir prestado dinero para mantener a flote el asunto.
Y ojo, señores, porque mientras tanto, el Tibi, ese proyecto del Tren Eléctrico Metropolitano, sigue siendo la gran apuesta. Dicen que ahí sí están metiendo toda la carne al asador. Pero si no hay trenes nuevos, ¿pa’ qué queremos un tibio que no tenga dónde correr? Es como tener un carro Fórmula Uno sin llantas, ¿me entienden?
Según datos oficiales, el uso del tren ha ido creciendo año tras año. En 2022 tuvimos casi dos millones y medio de pasajeros, y en 2023 llegamos a tres millones cuatrocientos. ¡Un aumento significativo! Y en lo que llevamos de 2024, ya van más de tres millones seis cientos mil. ¿Pero a dónde vamos a parar si seguimos con el mismo material rodante de siempre? Parece que estamos corriendo con freno de mano.
Si revisamos la historia, la última vez que se invirtió en trenes fue en 2020, durante el gobierno de Carlos Alvarado. Se compraron ocho unidades que andan dando vueltas, junto con otras ocho que ya teníamos. Es decir, tenemos 16 trenes para atender a un número creciente de pasajeros. ¡Eso es llevarlos al límite! Como decía mi abuela, ‘con poco se anda, pero con mucho se vive’. Aquí parece que se anda a duras penas.
Ahora bien, Incofer dice que están buscando opciones en otros países para comprar equipos, pero aún no han conseguido nada concreto. Afirman que su prioridad es el Tibi, pero eso no resuelve el problema inmediato. ¿Será que le están echando pelo a la gallina esperando que salga humo? No sé ustedes, pero a mí me huele a desesperación.
El panorama pinta complicado, vamos. Dejar el país sin inversión en trenes, justo cuando la demanda está aumentando, es una irresponsabilidad mayúscula. Además, la falta de interés en apoyar la zona franca fuera de la Gran Área Metropolitana (GAM) agrava aún más la situación. Se ven pocos esfuerzos reales por mejorar la infraestructura del país, ¡más allá de discursos bonitos!
En fin, esta es la realidad. Un futuro incierto para el ferrocarril costarricense. ¿Será que finalmente abandonaremos la idea de tener un sistema de transporte público eficiente y sostenible? ¿Creen que el próximo gobierno dará prioridad a la renovación del material rodante o seguirá enfocándose únicamente en proyectos grandilocuentes? ¡Díganme sus opiniones en el foro, porque esto necesita un buen debate!
Todo empezó hace unos años, cuando se hablaba de modernizar el sistema ferroviario. Luis Amador Jiménez, quien fue ministro de Obras Públicas, soltó la bomba diciendo que tuvo que convencer al Presidente Chaves de no cerrar el Incofer. Imagínense, ¡querían cerrarlo! Según Amador, el problema radicaba en la 'desidia' de la presidencia y la falta de apoyo al transporte público. Parece que tuvieron que ir hasta Europa a pedir prestado dinero para mantener a flote el asunto.
Y ojo, señores, porque mientras tanto, el Tibi, ese proyecto del Tren Eléctrico Metropolitano, sigue siendo la gran apuesta. Dicen que ahí sí están metiendo toda la carne al asador. Pero si no hay trenes nuevos, ¿pa’ qué queremos un tibio que no tenga dónde correr? Es como tener un carro Fórmula Uno sin llantas, ¿me entienden?
Según datos oficiales, el uso del tren ha ido creciendo año tras año. En 2022 tuvimos casi dos millones y medio de pasajeros, y en 2023 llegamos a tres millones cuatrocientos. ¡Un aumento significativo! Y en lo que llevamos de 2024, ya van más de tres millones seis cientos mil. ¿Pero a dónde vamos a parar si seguimos con el mismo material rodante de siempre? Parece que estamos corriendo con freno de mano.
Si revisamos la historia, la última vez que se invirtió en trenes fue en 2020, durante el gobierno de Carlos Alvarado. Se compraron ocho unidades que andan dando vueltas, junto con otras ocho que ya teníamos. Es decir, tenemos 16 trenes para atender a un número creciente de pasajeros. ¡Eso es llevarlos al límite! Como decía mi abuela, ‘con poco se anda, pero con mucho se vive’. Aquí parece que se anda a duras penas.
Ahora bien, Incofer dice que están buscando opciones en otros países para comprar equipos, pero aún no han conseguido nada concreto. Afirman que su prioridad es el Tibi, pero eso no resuelve el problema inmediato. ¿Será que le están echando pelo a la gallina esperando que salga humo? No sé ustedes, pero a mí me huele a desesperación.
El panorama pinta complicado, vamos. Dejar el país sin inversión en trenes, justo cuando la demanda está aumentando, es una irresponsabilidad mayúscula. Además, la falta de interés en apoyar la zona franca fuera de la Gran Área Metropolitana (GAM) agrava aún más la situación. Se ven pocos esfuerzos reales por mejorar la infraestructura del país, ¡más allá de discursos bonitos!
En fin, esta es la realidad. Un futuro incierto para el ferrocarril costarricense. ¿Será que finalmente abandonaremos la idea de tener un sistema de transporte público eficiente y sostenible? ¿Creen que el próximo gobierno dará prioridad a la renovación del material rodante o seguirá enfocándose únicamente en proyectos grandilocuentes? ¡Díganme sus opiniones en el foro, porque esto necesita un buen debate!