¡Ay, Dios mío! Qué tremenda bronca nos llegó desde gringolandia… Un caso que te pone la piel de gallina y te hace pensar si acá estamos haciendo bien las cosas con estos temas de violencia doméstica. Parece sacado de novela, pero es crudo, real y con desenlace fatal.
La cosa empezó con Charity Beallis, una señora de 40 años que decidió separarse de su marido, un doctor reconocido allá. Pero no era una separación tranquila, imagínate; el doctor tenía fama de temperamental y ya había enfrentado cargos por agresión contra Charity. El brete, según dicen, era que a pesar de todo eso, el juez les había dado custodia compartida a los nenes, unos gemelitos de seis añitos. ¡Qué carga!
Y ahí empieza el drama. Charity estaba aterrada, pues el doctor no paraba de insistir en ver a los niños. Ella le decía a todos lados que él era peligroso, que no confiaba en él, pero parece que nadie la tomaba en serio. El sistema, según cuenta, la dejó solita batallando contra un tipo poderoso y con influencia. Dice que fue a la fiscalía, que puso quejas, pero que nadie hizo nada efectivo para protegerla a ella y a sus hijos.
Uno de los testimonios más duros vino de su hijo mayor, John Powell. El mae contó que su mamá le vivía diciendo que tenía miedo, que temía por la seguridad de los niños. Ya se veía venir la tragedia, pero lamentablemente nadie pudo evitarla. Dicen que Charity se sentía como si estuviera gritando en un desierto, tratando de que alguien la escuchara y la ayudara, pero que su voz se perdía entre los tecnicismos legales y la burocracia.
Hace poco asistieron a la audiencia de custodia y, a la mañana siguiente, ¡boom! Aparecieron todos muertos en la casa: Charity y los dos nenes, víctimas de un ataque con armas de fuego. Hasta ahora, el doctor no es el principal sospechoso, pero la investigación sigue abierta, y la gente anda comentando por todos lados qué barbaridad pasó. ¡Qué despiche!
Pero lo peor de todo es otra cosita. Después de toda esta tragedia, decidieron entregar el cuerpo de Charity a su hijo mayor para los funerales, mientras que los cuerpos de los gemelos se quedaron bajo el cuidado del papá, para que él les haga los servicios fúnebres. ¿Te imaginas el dolor de ese muchacho? ¡Una torta, diay! Da rabia que el sistema siga tomando decisiones tan injustas y que parezca proteger a los agresores en lugar de a las víctimas.
Este caso, obviamente, ha levantado muchísimo polvo allá en Estados Unidos, y la gente está exigiendo cambios en el sistema judicial. Organizaciones defensoras de los derechos de las mujeres y especialistas en violencia doméstica señalan que este es otro ejemplo de las consecuencias que puede tener la falta de atención a las denuncias de agresión. Necesitamos que los jueces sean más sensibles a estas situaciones y que protejan a las víctimas antes de que sea demasiado tarde, sobre todo cuando hay menores involucrados. Dejar que esto siga pasando es irse al traste como país, como sociedad.
Me pregunto, ¿qué podemos aprender nosotros, los ticos, de esta terrible historia? ¿Estamos realmente preparados para proteger a nuestras familias y asegurarnos de que las víctimas de violencia reciban la ayuda que necesitan? ¿Deberíamos exigir más rigor y sensibilidad a nuestros juzgados en casos de violencia doméstica, o seguimos esperando a que suceda una tragedia similar para actuar?
La cosa empezó con Charity Beallis, una señora de 40 años que decidió separarse de su marido, un doctor reconocido allá. Pero no era una separación tranquila, imagínate; el doctor tenía fama de temperamental y ya había enfrentado cargos por agresión contra Charity. El brete, según dicen, era que a pesar de todo eso, el juez les había dado custodia compartida a los nenes, unos gemelitos de seis añitos. ¡Qué carga!
Y ahí empieza el drama. Charity estaba aterrada, pues el doctor no paraba de insistir en ver a los niños. Ella le decía a todos lados que él era peligroso, que no confiaba en él, pero parece que nadie la tomaba en serio. El sistema, según cuenta, la dejó solita batallando contra un tipo poderoso y con influencia. Dice que fue a la fiscalía, que puso quejas, pero que nadie hizo nada efectivo para protegerla a ella y a sus hijos.
Uno de los testimonios más duros vino de su hijo mayor, John Powell. El mae contó que su mamá le vivía diciendo que tenía miedo, que temía por la seguridad de los niños. Ya se veía venir la tragedia, pero lamentablemente nadie pudo evitarla. Dicen que Charity se sentía como si estuviera gritando en un desierto, tratando de que alguien la escuchara y la ayudara, pero que su voz se perdía entre los tecnicismos legales y la burocracia.
Hace poco asistieron a la audiencia de custodia y, a la mañana siguiente, ¡boom! Aparecieron todos muertos en la casa: Charity y los dos nenes, víctimas de un ataque con armas de fuego. Hasta ahora, el doctor no es el principal sospechoso, pero la investigación sigue abierta, y la gente anda comentando por todos lados qué barbaridad pasó. ¡Qué despiche!
Pero lo peor de todo es otra cosita. Después de toda esta tragedia, decidieron entregar el cuerpo de Charity a su hijo mayor para los funerales, mientras que los cuerpos de los gemelos se quedaron bajo el cuidado del papá, para que él les haga los servicios fúnebres. ¿Te imaginas el dolor de ese muchacho? ¡Una torta, diay! Da rabia que el sistema siga tomando decisiones tan injustas y que parezca proteger a los agresores en lugar de a las víctimas.
Este caso, obviamente, ha levantado muchísimo polvo allá en Estados Unidos, y la gente está exigiendo cambios en el sistema judicial. Organizaciones defensoras de los derechos de las mujeres y especialistas en violencia doméstica señalan que este es otro ejemplo de las consecuencias que puede tener la falta de atención a las denuncias de agresión. Necesitamos que los jueces sean más sensibles a estas situaciones y que protejan a las víctimas antes de que sea demasiado tarde, sobre todo cuando hay menores involucrados. Dejar que esto siga pasando es irse al traste como país, como sociedad.
Me pregunto, ¿qué podemos aprender nosotros, los ticos, de esta terrible historia? ¿Estamos realmente preparados para proteger a nuestras familias y asegurarnos de que las víctimas de violencia reciban la ayuda que necesitan? ¿Deberíamos exigir más rigor y sensibilidad a nuestros juzgados en casos de violencia doméstica, o seguimos esperando a que suceda una tragedia similar para actuar?