¡Ay, papá! Qué bronca la que se armó allá en Venezuela. Después de toda la movida con la captura de Maduro, parece que ahora estamos viendo un baile raro entre Estados Unidos y el nuevo gobierno de Delcy Rodríguez. Se han soltado algunos presos, se habla de petróleo y control marítimo... pero si nos ponemos a pensar bien, todavía hay mucho humo y poca carne asada.
La verdad, esto de capturar a Maduro fue una jugada maestra de los gringos, pero ahora tienen que lidiar con las consecuencias. Delcy Rodríguez, pa’ que le vamos a mentir, no es precisamente una paloma de la paz. Está diciendo que no están subordinados, pero todos sabemos que Washington les está apretando las bolas con exigencias sobre derechos humanos y seguridad regional. ¡Qué carga!
Y hablando de presas, la excarcelación en El Helicoide, esa cárcel que huele a tortura desde hace años, fue un buen gesto, sí, pero no resuelve el problema. Son unos pocos liberados, incluyendo a españoles y al señor Márquez, pero quedan cientos de personas ahí adentro esperando su oportunidad. No es que no valoren la libertad de esos señores, pero, ¡diay!, parece que todavía falta bastante camino por recorrer para que digan que están haciendo las cosas bien.
Pero bueno, también tenemos que darle crédito a que están regresando un barco petrolero a aguas venezolanas. Parece que se hizo una operación conjunta con los yanquis para controlar quién anda sacando petróleo ilegalmente. Eso suena a que están tratando de poner orden en la casa, aunque la supervisión internacional puede resultar un poco humillante. Lo importante es que el petroleo vuelva a correr, porque sino, ¡qué desastre!
La cosa es que la situación sigue siendo muy inestable, mi clave. Las organizaciones civiles están advirtiendo que este movimiento es más maquillaje que otra cosa, que es solamente para calmar un poquito las aguas. Estados Unidos, por supuesto, está echándole ojo constantemente, amenazando con volver a apretar si no ven resultados concretos. Como diríamos nosotros, ‘el gato está jugando con la madeja’, pero sin saber exactamente a dónde va a terminar.
Además, no olvidemos que Trump está metido hasta el cuello en esto. Él ya suspendió los ataques después de la liberación de prisioneros, pero eso no significa que esté contento con cómo van las cosas. Tiene grandes empresas petroleras respaldándolo y quiere asegurarse de que Venezuela siga produciendo y exportando crudo. Ya se habla de un plan de cien mil millones de dólares, ¡imagínate la plata! Aunque claro, todo eso depende de que Rodríguez juegue con las reglas y deje de hacer gaitas.
Todo este panorama me recuerda a esas series de espías que vemos en Netflix, con traiciones, secretos y acuerdos turbios detrás de cada paso. Al final del día, lo que queremos es que la gente venezolana pueda vivir tranquila, sin miedo a ser presa política ni a pasar hambre. Pero la realidad es que todavía hay mucho por resolver y muchas variables en juego. Esperemos que no termine en una tragedia mayor, porque ya llevamos suficientes muertes, ¿eh?
Ahora dime tú, ¿crees que estos gestos de Delcy Rodríguez son sinceros o solo una estrategia para ganarse el favor de Estados Unidos y evitar sanciones más duras? ¿Y qué futuro le espera a Venezuela con esta nueva dinámica de poder y la influencia constante de Washington?
La verdad, esto de capturar a Maduro fue una jugada maestra de los gringos, pero ahora tienen que lidiar con las consecuencias. Delcy Rodríguez, pa’ que le vamos a mentir, no es precisamente una paloma de la paz. Está diciendo que no están subordinados, pero todos sabemos que Washington les está apretando las bolas con exigencias sobre derechos humanos y seguridad regional. ¡Qué carga!
Y hablando de presas, la excarcelación en El Helicoide, esa cárcel que huele a tortura desde hace años, fue un buen gesto, sí, pero no resuelve el problema. Son unos pocos liberados, incluyendo a españoles y al señor Márquez, pero quedan cientos de personas ahí adentro esperando su oportunidad. No es que no valoren la libertad de esos señores, pero, ¡diay!, parece que todavía falta bastante camino por recorrer para que digan que están haciendo las cosas bien.
Pero bueno, también tenemos que darle crédito a que están regresando un barco petrolero a aguas venezolanas. Parece que se hizo una operación conjunta con los yanquis para controlar quién anda sacando petróleo ilegalmente. Eso suena a que están tratando de poner orden en la casa, aunque la supervisión internacional puede resultar un poco humillante. Lo importante es que el petroleo vuelva a correr, porque sino, ¡qué desastre!
La cosa es que la situación sigue siendo muy inestable, mi clave. Las organizaciones civiles están advirtiendo que este movimiento es más maquillaje que otra cosa, que es solamente para calmar un poquito las aguas. Estados Unidos, por supuesto, está echándole ojo constantemente, amenazando con volver a apretar si no ven resultados concretos. Como diríamos nosotros, ‘el gato está jugando con la madeja’, pero sin saber exactamente a dónde va a terminar.
Además, no olvidemos que Trump está metido hasta el cuello en esto. Él ya suspendió los ataques después de la liberación de prisioneros, pero eso no significa que esté contento con cómo van las cosas. Tiene grandes empresas petroleras respaldándolo y quiere asegurarse de que Venezuela siga produciendo y exportando crudo. Ya se habla de un plan de cien mil millones de dólares, ¡imagínate la plata! Aunque claro, todo eso depende de que Rodríguez juegue con las reglas y deje de hacer gaitas.
Todo este panorama me recuerda a esas series de espías que vemos en Netflix, con traiciones, secretos y acuerdos turbios detrás de cada paso. Al final del día, lo que queremos es que la gente venezolana pueda vivir tranquila, sin miedo a ser presa política ni a pasar hambre. Pero la realidad es que todavía hay mucho por resolver y muchas variables en juego. Esperemos que no termine en una tragedia mayor, porque ya llevamos suficientes muertes, ¿eh?
Ahora dime tú, ¿crees que estos gestos de Delcy Rodríguez son sinceros o solo una estrategia para ganarse el favor de Estados Unidos y evitar sanciones más duras? ¿Y qué futuro le espera a Venezuela con esta nueva dinámica de poder y la influencia constante de Washington?