¡Ay, Dios mío! Resulta que mientras nos rompemos la espalda buscando el cuerpo perfecto, algunos gimnasios se la están pasando de higadón con nuestros derechos. Sí, porque resulta que el Ministerio de Economía descubrió un maje nivel maestro: ¡el 100% de los gimnasios revisados están incumpliendo con la ley!
Imagínate, justo en pleno enero, el mes donde todos juramos ir al gym y transformarnos en atletas olímpicos. Pero parece que hay tiburones esperando a que te inscribas para sacarte hasta el último colón… y encima dejarte vendido legalmente. El MEIC echó luz sobre una movida turbia que muchos desconocíamos.
Según el estudio realizado a finales del 2025 e inicios de este 2026, se analizaron diez establecimientos fitness y la conclusión es lapidaria: la mayoría de los contratos son una torta disfrazada de acuerdo legal. Cláusulas escondidas, responsabilidades trasladadas al cliente… ¡una verdadera salada! O sea, que ahí vas tú dando el totillo pensando que estás haciendo ejercicio, y resultas que has firmado tu propia condena.
Vamos por partes, porque esto es más complejo que un entrenamiento HIIT. Primero, en siete de los ocho gimnasios analizados, te quieren dejar claro que ellos no son responsables de absolutamente nada. ¿Te caes de la máquina y te rompes una pierna? ¡Problemas tuyos, mae! Según ellos, eso sí es legal. ¡Pero no lo es, diay!
Luego, tenemos los cambios unilaterales. Imagínate: un día te ofrecen clases a las seis de la mañana, al siguiente te dicen que solo tienen disponibles a las once. Y tú, ahí atrapadito, con tu suscripción pagada. Otro golpe bajo a nuestro bolsillo y a nuestra paciencia. Además, ¡cuidado con tus fotos! Cinco contratos permitían usar tu imagen para publicidad sin pedirte ni siquiera un permiso. Ya me imagino las portadas de revistas con mi cara retocada y yo sin saber nada.
Y lo peor de todo: cuatro gimnasios se estaban pasando de listos con los precios. No te ponían el costo total del plan, sino que te iban metiendo cargos sorpresa por acá y por allá. ¡Una estafa a plena vista! Desde una óptica pura y dura, esto demuestra que hay un negocio floreciente detrás de la renuncia de derechos. Aprovechan el entusiasmo de la gente por empezar el año con buen pie para sacarles raja.
¿Y qué significa esto para nosotros, los ciudadanos comunes? Inseguridad jurídica, abuso de datos personales, riesgo de lesiones sin cobertura… una lista larga de problemas potenciales. Y ojo, porque dos gimnasios que fueron pillados cometiendo estas fechorías ya están enfrentando multas que pueden llegar hasta los dieciocho millones de colones. Eso sí que duele, ¿verdad?
Así que, antes de meterle al gimnasio, échale ojo al contrato. Pide una copia, verifica los precios, asegúrate de entender la duración del compromiso. Y si sientes que te están tratando como un buey, denuncia a través del 800-CONSUMO. Este 2026, busquemos ese cambio de look y bienestar, pero asegurémonos de hacerlo con la cabeza y protegiendo nuestros derechos. Ahora dime, ¿cuál ha sido tu peor experiencia al leer un contrato de gimnasio y sientes que te han tendido una trampa?
Imagínate, justo en pleno enero, el mes donde todos juramos ir al gym y transformarnos en atletas olímpicos. Pero parece que hay tiburones esperando a que te inscribas para sacarte hasta el último colón… y encima dejarte vendido legalmente. El MEIC echó luz sobre una movida turbia que muchos desconocíamos.
Según el estudio realizado a finales del 2025 e inicios de este 2026, se analizaron diez establecimientos fitness y la conclusión es lapidaria: la mayoría de los contratos son una torta disfrazada de acuerdo legal. Cláusulas escondidas, responsabilidades trasladadas al cliente… ¡una verdadera salada! O sea, que ahí vas tú dando el totillo pensando que estás haciendo ejercicio, y resultas que has firmado tu propia condena.
Vamos por partes, porque esto es más complejo que un entrenamiento HIIT. Primero, en siete de los ocho gimnasios analizados, te quieren dejar claro que ellos no son responsables de absolutamente nada. ¿Te caes de la máquina y te rompes una pierna? ¡Problemas tuyos, mae! Según ellos, eso sí es legal. ¡Pero no lo es, diay!
Luego, tenemos los cambios unilaterales. Imagínate: un día te ofrecen clases a las seis de la mañana, al siguiente te dicen que solo tienen disponibles a las once. Y tú, ahí atrapadito, con tu suscripción pagada. Otro golpe bajo a nuestro bolsillo y a nuestra paciencia. Además, ¡cuidado con tus fotos! Cinco contratos permitían usar tu imagen para publicidad sin pedirte ni siquiera un permiso. Ya me imagino las portadas de revistas con mi cara retocada y yo sin saber nada.
Y lo peor de todo: cuatro gimnasios se estaban pasando de listos con los precios. No te ponían el costo total del plan, sino que te iban metiendo cargos sorpresa por acá y por allá. ¡Una estafa a plena vista! Desde una óptica pura y dura, esto demuestra que hay un negocio floreciente detrás de la renuncia de derechos. Aprovechan el entusiasmo de la gente por empezar el año con buen pie para sacarles raja.
¿Y qué significa esto para nosotros, los ciudadanos comunes? Inseguridad jurídica, abuso de datos personales, riesgo de lesiones sin cobertura… una lista larga de problemas potenciales. Y ojo, porque dos gimnasios que fueron pillados cometiendo estas fechorías ya están enfrentando multas que pueden llegar hasta los dieciocho millones de colones. Eso sí que duele, ¿verdad?
Así que, antes de meterle al gimnasio, échale ojo al contrato. Pide una copia, verifica los precios, asegúrate de entender la duración del compromiso. Y si sientes que te están tratando como un buey, denuncia a través del 800-CONSUMO. Este 2026, busquemos ese cambio de look y bienestar, pero asegurémonos de hacerlo con la cabeza y protegiendo nuestros derechos. Ahora dime, ¿cuál ha sido tu peor experiencia al leer un contrato de gimnasio y sientes que te han tendido una trampa?