¡Ay, Dios mío, qué cargada de trabajo se dieron los bravos de la Cruz Roja este fin de año! Con el país lleno a reventar de turistas buscando sol y aventura, y los nacionales tratando de escapar del calor de la ciudad, la benemérita tuvo que ponerse las pilas para evitar que esto terminara en tragedia. Según sus datos, realizaron casi ocho mil intervenciones preventivas entre el fin y principio de año, demostrando que sí le ponen el corazón a cuidarnos a todos.
Y ni hablar de la cantidad de gente que necesitó asistencia médica. Más de trescientos sesenta personas recibieron atención por parte de los equipos de la Cruz Roja. Desde quemaduras de sol hasta resfriados por meterse en el agua fría de una cascada sin pensar, pasando por torceduras de tobillo en senderos complicados, la variedad de situaciones fue impresionante. Imagínense el brete que tuvieron que lidiar estos señores, atendiendo a pura diestra en medio del jaleo.
Lo bueno es que la Cruz Roja desplegó un planazo serio, instalando puestos de atención estratégicos en carreteras concurridas, playas paradisíacas y montañas agrestes. Así pudieron estar presentes en los puntos críticos donde la necesidad era mayor. Se nota que ya saben cómo funciona la cosa en Costa Rica, que la gente se mueve a cualquier lado cuando hay feriado, buscando desconectarse del estrés diario.
“Estamos orgullosos del esfuerzo realizado por nuestros voluntarios y personal”, declaró la Directora General de la Cruz Roja Costarricense, Shirley Díaz. “Nuestro compromiso sigue siendo atender a toda persona que necesite ayuda, independientemente del lugar o la circunstancia”. Ella recalcó también que, aunque hicieron un gran trabajo, siempre pueden mejorar y seguir capacitando a sus equipos para enfrentar aún más desafíos.
Pero no todo fue trabajo duro y sacrificio. Hubo momentos de alegría y agradecimiento por haber podido ayudar a tanta gente. Vimos fotos de voluntarios repartiendo agua fresca a excursionistas cansados, consolando a familias preocupadas por algún familiar lesionado, e incluso rescatando a unos turistas extranjeros que se perdieron en una caminata por el Volcán Poás. ¡Qué alivio saber que tenemos gente así dispuesta a echarle ganas!
Claro, también hubo algunos despistes costosos, como la pareja que intentó nadar en una zona prohibida y terminó requiriendo rescate acuático, o el grupo de amigos que encendió una fogata en medio de la selva seca, generando un susto considerable. Ahí se demuestra que a veces la despreocupación puede llevarnos a meter la pata, y es importante tomar precauciones para evitar problemas innecesarios.
En resumen, la Cruz Roja nos salvó el fin de año de muchas maneras posibles, demostrando una vez más su invaluable labor en nuestra sociedad. Su presencia constante en sitios de alto riesgo es vital para garantizar la seguridad y el bienestar de todos los costarricenses, especialmente durante las temporadas altas de turismo y recreación. Que siga siendo así, con ese espíritu solidario y proactivo que los caracteriza.
Ahora bien, ¿creen que deberíamos aumentar la inversión pública en programas de prevención de accidentes, o prefieren que la Cruz Roja siga llevando la batuta con los recursos actuales? ¿Cuál consideran que es la manera más efectiva de reducir los riesgos en nuestras zonas turísticas y naturales?
Y ni hablar de la cantidad de gente que necesitó asistencia médica. Más de trescientos sesenta personas recibieron atención por parte de los equipos de la Cruz Roja. Desde quemaduras de sol hasta resfriados por meterse en el agua fría de una cascada sin pensar, pasando por torceduras de tobillo en senderos complicados, la variedad de situaciones fue impresionante. Imagínense el brete que tuvieron que lidiar estos señores, atendiendo a pura diestra en medio del jaleo.
Lo bueno es que la Cruz Roja desplegó un planazo serio, instalando puestos de atención estratégicos en carreteras concurridas, playas paradisíacas y montañas agrestes. Así pudieron estar presentes en los puntos críticos donde la necesidad era mayor. Se nota que ya saben cómo funciona la cosa en Costa Rica, que la gente se mueve a cualquier lado cuando hay feriado, buscando desconectarse del estrés diario.
“Estamos orgullosos del esfuerzo realizado por nuestros voluntarios y personal”, declaró la Directora General de la Cruz Roja Costarricense, Shirley Díaz. “Nuestro compromiso sigue siendo atender a toda persona que necesite ayuda, independientemente del lugar o la circunstancia”. Ella recalcó también que, aunque hicieron un gran trabajo, siempre pueden mejorar y seguir capacitando a sus equipos para enfrentar aún más desafíos.
Pero no todo fue trabajo duro y sacrificio. Hubo momentos de alegría y agradecimiento por haber podido ayudar a tanta gente. Vimos fotos de voluntarios repartiendo agua fresca a excursionistas cansados, consolando a familias preocupadas por algún familiar lesionado, e incluso rescatando a unos turistas extranjeros que se perdieron en una caminata por el Volcán Poás. ¡Qué alivio saber que tenemos gente así dispuesta a echarle ganas!
Claro, también hubo algunos despistes costosos, como la pareja que intentó nadar en una zona prohibida y terminó requiriendo rescate acuático, o el grupo de amigos que encendió una fogata en medio de la selva seca, generando un susto considerable. Ahí se demuestra que a veces la despreocupación puede llevarnos a meter la pata, y es importante tomar precauciones para evitar problemas innecesarios.
En resumen, la Cruz Roja nos salvó el fin de año de muchas maneras posibles, demostrando una vez más su invaluable labor en nuestra sociedad. Su presencia constante en sitios de alto riesgo es vital para garantizar la seguridad y el bienestar de todos los costarricenses, especialmente durante las temporadas altas de turismo y recreación. Que siga siendo así, con ese espíritu solidario y proactivo que los caracteriza.
Ahora bien, ¿creen que deberíamos aumentar la inversión pública en programas de prevención de accidentes, o prefieren que la Cruz Roja siga llevando la batuta con los recursos actuales? ¿Cuál consideran que es la manera más efectiva de reducir los riesgos en nuestras zonas turísticas y naturales?