¡Ay, Dios mío! Esta vaineta te deja boquiabierto. Resulta que este señor llamado Branden Newman, desde chamaco, como los trece añitos, andaba sufriendo de migrañas. Uno piensa 'bueno, qué más da', hasta que a los treinta y ocho le dan un diagnóstico que te hiela la sangre: glioblastoma, un cáncer cerebral que ataca duro.
Todo empezó a finales de abril, cuando Branden sintió un dolor de cabeza que ni los doctores habían visto antes. Mareos, náuseas, sensibilidad a la luz… como si le estuvieran metiendo un clavo oxidado en la cabeza. Su esposa, Joanna, que es asistente médica, notó que eso no era una simple migraña y lo convenció para ir corriendo al hospital. ¡Menuda churrisima!
Y ahí, pum!, le caen las malas noticias. Descubrieron una masa pegada a un vaso sanguíneo importantísimo. Se trataba de ese cáncer que, vamos, no le perdona nadie. Lo operaron, quitaron casi el noventa por ciento del tumor, pero durante la cirugía hubo complicaciones. Un espasmo en la arteria cerebral media causó un derrame cerebral. ¡Imagínate el susto! Eso dejó secuelas, perdió movimiento en el lado izquierdo, aunque con terapia ya puede caminar, pero el brazo sigue medio pachucho.
Después de la cirugía, Branden tuvo que pasar por seis semanas de radioterapia y ahora anda recibiendo quimio diario. Además, le están dando unos medicamentos especiales, entre ellos perampanel y gabapentina, que están estudiando si pueden ayudar contra este cáncer que no espera a nadie. Según los expertos, el glioblastoma es un enemigo muy potente, con poca esperanza de vida. De cada cien personas que lo padecen, solo quedan vivas cinco después de cinco años. ¡Qué sal!
Pero la historia de Branden no es solo tristeza. Este mae y su esposa Joanna se conocen desde adolescentes. En 2007, ella también pasó por un brete similar, con un tumor benigno en la columna vertebral. Entonces, Branden fue su soporte, la ayudó en todo el proceso. Ahora, los papeles se invirtieron: Joanna es quien está cuidándolo a él. ‘Branden estuvo a mi lado siempre. Ahora me toca a mí apoyarlo’, dice ella, con una fortaleza impresionante. ¡Qué carga la que están cargando estos dos!
Y como si fuera poco, la comunidad se unió para echarles una mano. Abriron una campaña de recolección de fondos y la gente respondió a lo grande. Ya juntaron más de $140,000 dólares, ¡superando ampliamente su meta inicial de $35,000! Demuestra que cuando nos unimos, podemos hacer cosas increíbles. ¡Qué chiva la solidaridad tica!
Esto nos recuerda que la salud es lo primero, y que hay que estar atentos a cualquier cambio en nuestro cuerpo. A veces, lo que parece una dolencia común puede esconder algo mucho más serio. Por eso, es importante consultar al médico ante cualquier síntoma extraño, especialmente si persiste por varios días. No hay que andar fiándose, ¡mejor prevenir que lamentar!
Ahora bien, pensando en todo lo que hemos leído sobre la valentía de Branden y Joanna, y en cómo la comunidad se ha unido para apoyarles, me pregunto: ¿Cómo crees tú que podemos fortalecer aún más la red de apoyo para las personas que enfrentan enfermedades graves en Costa Rica? ¿Qué medidas prácticas podrían implementarse para mejorar el acceso a tratamientos y cuidados paliativos?
Todo empezó a finales de abril, cuando Branden sintió un dolor de cabeza que ni los doctores habían visto antes. Mareos, náuseas, sensibilidad a la luz… como si le estuvieran metiendo un clavo oxidado en la cabeza. Su esposa, Joanna, que es asistente médica, notó que eso no era una simple migraña y lo convenció para ir corriendo al hospital. ¡Menuda churrisima!
Y ahí, pum!, le caen las malas noticias. Descubrieron una masa pegada a un vaso sanguíneo importantísimo. Se trataba de ese cáncer que, vamos, no le perdona nadie. Lo operaron, quitaron casi el noventa por ciento del tumor, pero durante la cirugía hubo complicaciones. Un espasmo en la arteria cerebral media causó un derrame cerebral. ¡Imagínate el susto! Eso dejó secuelas, perdió movimiento en el lado izquierdo, aunque con terapia ya puede caminar, pero el brazo sigue medio pachucho.
Después de la cirugía, Branden tuvo que pasar por seis semanas de radioterapia y ahora anda recibiendo quimio diario. Además, le están dando unos medicamentos especiales, entre ellos perampanel y gabapentina, que están estudiando si pueden ayudar contra este cáncer que no espera a nadie. Según los expertos, el glioblastoma es un enemigo muy potente, con poca esperanza de vida. De cada cien personas que lo padecen, solo quedan vivas cinco después de cinco años. ¡Qué sal!
Pero la historia de Branden no es solo tristeza. Este mae y su esposa Joanna se conocen desde adolescentes. En 2007, ella también pasó por un brete similar, con un tumor benigno en la columna vertebral. Entonces, Branden fue su soporte, la ayudó en todo el proceso. Ahora, los papeles se invirtieron: Joanna es quien está cuidándolo a él. ‘Branden estuvo a mi lado siempre. Ahora me toca a mí apoyarlo’, dice ella, con una fortaleza impresionante. ¡Qué carga la que están cargando estos dos!
Y como si fuera poco, la comunidad se unió para echarles una mano. Abriron una campaña de recolección de fondos y la gente respondió a lo grande. Ya juntaron más de $140,000 dólares, ¡superando ampliamente su meta inicial de $35,000! Demuestra que cuando nos unimos, podemos hacer cosas increíbles. ¡Qué chiva la solidaridad tica!
Esto nos recuerda que la salud es lo primero, y que hay que estar atentos a cualquier cambio en nuestro cuerpo. A veces, lo que parece una dolencia común puede esconder algo mucho más serio. Por eso, es importante consultar al médico ante cualquier síntoma extraño, especialmente si persiste por varios días. No hay que andar fiándose, ¡mejor prevenir que lamentar!
Ahora bien, pensando en todo lo que hemos leído sobre la valentía de Branden y Joanna, y en cómo la comunidad se ha unido para apoyarles, me pregunto: ¿Cómo crees tú que podemos fortalecer aún más la red de apoyo para las personas que enfrentan enfermedades graves en Costa Rica? ¿Qué medidas prácticas podrían implementarse para mejorar el acceso a tratamientos y cuidados paliativos?