Maes, ¿se acuerdan de toda la bulla con las dichosas pruebas estandarizadas que se aplicaron en 2023? Diay, resulta que el Décimo Informe del Estado de la Educación acaba de salir del horno y, para sorpresa de absolutamente nadie, confirma lo que ya muchos nos olíamos: ¡qué torta más monumental! No es solo que los resultados de los estudiantes fueran preocupantes, es que el termómetro con el que medían la fiebre estaba quebrado desde el principio. La vara es tan seria que el informe básicamente dice que el país no tiene un sistema real para evaluar la educación, lo que nos deja navegando a ciegas en medio del ya conocido “apagón educativo”.
Imagínense esta vara: el MEP quería medir el nivel de los güilas, pero las pruebas que montaron cubren menos de un 25% de lo que se supone que deberían saber según sus propios programas de estudio. Es como querer armar un rompecabezas de mil piezas teniendo solo cien. Y para colmo, los ítems eran tan básicos que, según los expertos, en muchos casos correspondían a materia de grados anteriores a sexto. Así, ¿cómo van a saber quién va volando y quién necesita ayuda? El informe lo bautizó con un término que es una joya: “pobreza de evaluaciones”, un concepto que le hace un juego perfecto a la ya famosa “pobreza de aprendizajes”. En tico: no solo estamos mal, sino que ni siquiera tenemos las herramientas correctas para saber qué tan mal estamos.
Aquí es donde la cosa se pone más turbia. El informe señala tres broncas gigantes que explican este desastre. La primera es un conflicto de interés del tamaño del Chirripó: el MEP es juez y parte. O sea, ellos mismos montan el sistema educativo y ellos mismos se evalúan. ¡Así cualquiera sale bien en la foto! Luego, está el desmadre del proceso, pues la creación de las pruebas evidenció una falta de transparencia y rigor técnico que asusta. Y para rematar, usaban el mismo chunche para propósitos que no tienen nada que ver, como certificar el bachillerato, diagnosticar estudiantes y evaluar el sistema nacional. Es como intentar usar un martillo para clavar, para atornillar y para cortar pan. Simplemente, la herramienta no sirve para todo.
La prueba del algodón, la que destapó todo el despiche, fue la de español. Mientras el MEP juraba y perjuraba que un 26,7% de sus valoraciones apuntaban a un nivel “avanzado”, los expertos externos, la gente que de verdad sabe de esta vara, dijeron que nanai. Un aplastante 63% de ellos la calificó como “básica”. ¡La diferencia es abismal! Como lo dijo sin pelos en la lengua Isabel Román, la coordinadora de la investigación: todo esto es culpa de “decisiones de autoridades ministeriales, erráticas, improvisadas, sin sustento técnico”. En resumen, el MEP se está jalando una torta que no solo nos deja en ridículo, sino que le está costando el futuro a miles de estudiantes.
Y el chiste, porque ya esto parece comedia, se cuenta solo, maes. Después de todo este circo, se anunció que estas mismas pruebas van para afuera y serán eliminadas en 2026. O sea, dos años aplicando un instrumento deficiente, gastando recursos y generando datos inútiles para luego mandar todo el plan al traste. Mientras tanto, el “apagón educativo” sigue ahí, más oscuro que nunca, y nosotros seguimos sin un mapa claro para salir de él. La pregunta del millón queda en el aire, y es la que de verdad importa: ¿esto es pura incompetencia o hay algo más detrás de este desastre sostenido? ¿Ustedes qué creen? ¡Los leo en los comentarios!
Imagínense esta vara: el MEP quería medir el nivel de los güilas, pero las pruebas que montaron cubren menos de un 25% de lo que se supone que deberían saber según sus propios programas de estudio. Es como querer armar un rompecabezas de mil piezas teniendo solo cien. Y para colmo, los ítems eran tan básicos que, según los expertos, en muchos casos correspondían a materia de grados anteriores a sexto. Así, ¿cómo van a saber quién va volando y quién necesita ayuda? El informe lo bautizó con un término que es una joya: “pobreza de evaluaciones”, un concepto que le hace un juego perfecto a la ya famosa “pobreza de aprendizajes”. En tico: no solo estamos mal, sino que ni siquiera tenemos las herramientas correctas para saber qué tan mal estamos.
Aquí es donde la cosa se pone más turbia. El informe señala tres broncas gigantes que explican este desastre. La primera es un conflicto de interés del tamaño del Chirripó: el MEP es juez y parte. O sea, ellos mismos montan el sistema educativo y ellos mismos se evalúan. ¡Así cualquiera sale bien en la foto! Luego, está el desmadre del proceso, pues la creación de las pruebas evidenció una falta de transparencia y rigor técnico que asusta. Y para rematar, usaban el mismo chunche para propósitos que no tienen nada que ver, como certificar el bachillerato, diagnosticar estudiantes y evaluar el sistema nacional. Es como intentar usar un martillo para clavar, para atornillar y para cortar pan. Simplemente, la herramienta no sirve para todo.
La prueba del algodón, la que destapó todo el despiche, fue la de español. Mientras el MEP juraba y perjuraba que un 26,7% de sus valoraciones apuntaban a un nivel “avanzado”, los expertos externos, la gente que de verdad sabe de esta vara, dijeron que nanai. Un aplastante 63% de ellos la calificó como “básica”. ¡La diferencia es abismal! Como lo dijo sin pelos en la lengua Isabel Román, la coordinadora de la investigación: todo esto es culpa de “decisiones de autoridades ministeriales, erráticas, improvisadas, sin sustento técnico”. En resumen, el MEP se está jalando una torta que no solo nos deja en ridículo, sino que le está costando el futuro a miles de estudiantes.
Y el chiste, porque ya esto parece comedia, se cuenta solo, maes. Después de todo este circo, se anunció que estas mismas pruebas van para afuera y serán eliminadas en 2026. O sea, dos años aplicando un instrumento deficiente, gastando recursos y generando datos inútiles para luego mandar todo el plan al traste. Mientras tanto, el “apagón educativo” sigue ahí, más oscuro que nunca, y nosotros seguimos sin un mapa claro para salir de él. La pregunta del millón queda en el aire, y es la que de verdad importa: ¿esto es pura incompetencia o hay algo más detrás de este desastre sostenido? ¿Ustedes qué creen? ¡Los leo en los comentarios!