Bueno maes, agarren silla porque la carrera presidencial para el 2026 ya no está gateando, oficialmente empezó a trotar. Este fin de semana, el Partido Esperanza Nacional (PEN) tiró la casa por la ventana, o bueno, lo que sea que se pueda tirar en la Conferencia Episcopal, y ungió al politólogo Claudio Alpízar como su candidato. La vara es que no hubo ni show: 51 votos a favor y uno en blanco. O sea, más que una elección, fue una aclamación. Diay, parece que en el PEN todos reman para el mismo lado, al menos por ahora.
Lo más interesante, para mí, fue el discurso del mae. Alpízar no se anduvo por las ramas y dejó clarísimo cuál va a ser su libreto. Prometió ser “duro contra la desigualdad”, pero “sin burlas ni irrespeto”. Y la frase de oro: juró que el PEN no se va a convertir en “un taxi donde cualquiera se sube y cualquiera se baja”. ¡Tomen eso! Un dardo directo, sin nombre pero con apellido, a la cultura política del camisetazo y el oportunismo que tanto nos tiene hasta la coronilla. La estrategia es evidente: venderse como el candidato sereno, el académico que no necesita gritar para hacerse escuchar, el antídoto al despiche y la polarización que dominan el debate actual. Una propuesta de “política con educación” en tiempos de pleitos de patio de escuela.
Y para que el chunche no sonara a pura hablada, Alpízar presentó a su equipo para las vicepresidencias, una movida que parece calculada con escuadra y cartabón. Por un lado, Andrés Castillo, un médico internista con un brete de más de cuatro décadas en la Caja y expresidente del Colegio de Médicos. Pura credibilidad técnica en el tema de salud, que es un campo minado. Por el otro, Nora González, politóloga, abogada, máster en Derechos Humanos y ficha de la UNED. Academia y enfoque social. El mensaje es claro: aquí hay cerebro y experiencia, no improvisación. Es una fórmula que grita “seriedad” por los cuatro costados, diseñada para atraer a ese votante que está harto de las ocurrencias y busca gente con currículum.
Pero aquí es donde la cosa se pone color de hormiga y vale la pena sacar la lupa. Claudio Alpízar no es ningún novato que apareció de la nada. El mae tiene más de 35 años de kilometraje en la política y, para los que tienen buena memoria, recordarán que fue precandidato en el Partido Liberación Nacional. Sí, leyó bien, en el PLN. De hecho, renunció a la agrupación verdiblanca apenas en 2022, después de haber participado en la campaña de José María Figueres. Entonces, la metáfora del "taxi" que él mismo usó se vuelve un boomerang. ¿Fue su salida del PLN un acto de convicción para fundar algo nuevo o simplemente se bajó de un taxi que no lo llevaba a donde quería para subirse a manejar el suyo propio? Es una pregunta válida que sin duda le van a hacer una y otra vez.
Al final del día, el PEN ya está oficialmente en el mapa electoral y tiene una carta de presentación muy definida. Alpízar propone un estilo de liderazgo que contrasta de frente con el ruido y la furia de otros actores políticos. Su equipo le da un barniz técnico y académico que puede ser muy atractivo. Pero su pasado liberacionista será su sombra y el mayor reto a superar para convencer a los escépticos de que su "Esperanza Nacional" es genuinamente nueva y no un simple reacomodo de fichas conocidas. La mesa está servida y el menú, aunque interesante, tiene ingredientes que ya hemos probado antes.
Diay, maes, la pregunta del millón: ¿les suena la música de Alpízar? ¿Es este el perfil técnico y sereno que el país necesita o es más de lo mismo pero con palabras más finas? ¿Le compran la idea a un ex-liberacionista de que puede liderar un partido verdaderamente nuevo? Se abrió el debate.
Lo más interesante, para mí, fue el discurso del mae. Alpízar no se anduvo por las ramas y dejó clarísimo cuál va a ser su libreto. Prometió ser “duro contra la desigualdad”, pero “sin burlas ni irrespeto”. Y la frase de oro: juró que el PEN no se va a convertir en “un taxi donde cualquiera se sube y cualquiera se baja”. ¡Tomen eso! Un dardo directo, sin nombre pero con apellido, a la cultura política del camisetazo y el oportunismo que tanto nos tiene hasta la coronilla. La estrategia es evidente: venderse como el candidato sereno, el académico que no necesita gritar para hacerse escuchar, el antídoto al despiche y la polarización que dominan el debate actual. Una propuesta de “política con educación” en tiempos de pleitos de patio de escuela.
Y para que el chunche no sonara a pura hablada, Alpízar presentó a su equipo para las vicepresidencias, una movida que parece calculada con escuadra y cartabón. Por un lado, Andrés Castillo, un médico internista con un brete de más de cuatro décadas en la Caja y expresidente del Colegio de Médicos. Pura credibilidad técnica en el tema de salud, que es un campo minado. Por el otro, Nora González, politóloga, abogada, máster en Derechos Humanos y ficha de la UNED. Academia y enfoque social. El mensaje es claro: aquí hay cerebro y experiencia, no improvisación. Es una fórmula que grita “seriedad” por los cuatro costados, diseñada para atraer a ese votante que está harto de las ocurrencias y busca gente con currículum.
Pero aquí es donde la cosa se pone color de hormiga y vale la pena sacar la lupa. Claudio Alpízar no es ningún novato que apareció de la nada. El mae tiene más de 35 años de kilometraje en la política y, para los que tienen buena memoria, recordarán que fue precandidato en el Partido Liberación Nacional. Sí, leyó bien, en el PLN. De hecho, renunció a la agrupación verdiblanca apenas en 2022, después de haber participado en la campaña de José María Figueres. Entonces, la metáfora del "taxi" que él mismo usó se vuelve un boomerang. ¿Fue su salida del PLN un acto de convicción para fundar algo nuevo o simplemente se bajó de un taxi que no lo llevaba a donde quería para subirse a manejar el suyo propio? Es una pregunta válida que sin duda le van a hacer una y otra vez.
Al final del día, el PEN ya está oficialmente en el mapa electoral y tiene una carta de presentación muy definida. Alpízar propone un estilo de liderazgo que contrasta de frente con el ruido y la furia de otros actores políticos. Su equipo le da un barniz técnico y académico que puede ser muy atractivo. Pero su pasado liberacionista será su sombra y el mayor reto a superar para convencer a los escépticos de que su "Esperanza Nacional" es genuinamente nueva y no un simple reacomodo de fichas conocidas. La mesa está servida y el menú, aunque interesante, tiene ingredientes que ya hemos probado antes.
Diay, maes, la pregunta del millón: ¿les suena la música de Alpízar? ¿Es este el perfil técnico y sereno que el país necesita o es más de lo mismo pero con palabras más finas? ¿Le compran la idea a un ex-liberacionista de que puede liderar un partido verdaderamente nuevo? Se abrió el debate.