¡Ay, Dios mío! Enero nos llegó con sabor a pena y llanto, pura sal. La carretera, que debería ser vía de conexión, se ha convertido en una macana tremenda, dejando un reguero de dolor que nadie esperaba. Las cifras hablan por sí solas: una muerte por accidente cada dieciséis horas, mándale orito.
Según los datos oficiales de la Policía de Tránsito y la Cruz Roja, en estos primeros ocho días de enero hemos perdido a docenas de personas en accidentes viales. Doce almas se fueron directamente al cielo, y setenta y tres están peleando por agarrarse a la vida entre cables y tubos en los hospitales. ¡Qué torta! Parece que ni los controles ni las multas sirven de mucho para bajarle al pie al acelerador a tanta irresponsabilidad.
Y no es solo la pérdida de vidas lo que nos duele, ¿eh? Imagínate el sufrimiento de las familias, de los amigos, de los compañeros de trabajo. Pura carga. Muchísimos de los fallecidos son jóvenes, gente en la flor de la vida, que ahora dejan un vacío inmenso en sus hogares. La economía también recibe un golpe duro, porque estamos perdiendo mano de obra valiosa. Todo esto es un brete, diay.
Si revisamos bien la cosa, la moto parece ser el vehículo más vulnerable en estas situaciones. El parque automotor de motos se ha inflado como un globo, y muchos conductores, confiados o quizás un poco descuidados, terminan siendo víctimas de su propia imprudencia. No es fácil manejar una moto en medio del tráfico caótico que tenemos, especialmente cuando algunos conductores se creen Ayrton Senna.
Otro factor que contribuye a esta pesadilla es, sin duda, el exceso de velocidad. Algunos mae se les olvida que la carretera no es una pista de carreras y que hay otras personas compartiendo el espacio. Luego, sumándole, la distracción por el celular... ¡qué nivel de inconsciencia! Mira pa’ atrás un segundo y te puedes ir al traste. Los mensajes pueden esperar, la vida no.
Los hospitales están reventando, totalmente saturados. Los equipos de emergencia de la Cruz Roja trabajan incansablemente, trasladando a los heridos a diferentes centros médicos. Pero, ¿es suficiente? ¿Podemos seguir esperando a que los hospitales aguanten toda esta presión? El Seguro Obligatorio de Automóviles (SOA) del INS está temblando, porque los costos de atender a tantos heridos críticos son altísimos.
Las autoridades han dicho y redicho que la responsabilidad es de cada quien, pero parece que no les hace caso a nadie. Necesitamos más que operativos policiales; necesitamos una cultura de respeto por las normas de tránsito y una mayor conciencia ciudadana. Que cada mae se pregunte qué estaría haciendo si estuviera en el lugar de esas familias destrozadas. Que le pongan cuidado, que no jueguen con fuego.
Este 2026 pinta para ser un año complicado en cuanto a seguridad vial. Con las vacaciones ya casi terminadas y el regreso a clases a la vuelta de la esquina, ¿cómo podemos evitar que enero se convierta en el mes más mortífero de la década? ¿Qué medidas urgentes cree usted que deberían tomarse para cambiar esta triste realidad?
Según los datos oficiales de la Policía de Tránsito y la Cruz Roja, en estos primeros ocho días de enero hemos perdido a docenas de personas en accidentes viales. Doce almas se fueron directamente al cielo, y setenta y tres están peleando por agarrarse a la vida entre cables y tubos en los hospitales. ¡Qué torta! Parece que ni los controles ni las multas sirven de mucho para bajarle al pie al acelerador a tanta irresponsabilidad.
Y no es solo la pérdida de vidas lo que nos duele, ¿eh? Imagínate el sufrimiento de las familias, de los amigos, de los compañeros de trabajo. Pura carga. Muchísimos de los fallecidos son jóvenes, gente en la flor de la vida, que ahora dejan un vacío inmenso en sus hogares. La economía también recibe un golpe duro, porque estamos perdiendo mano de obra valiosa. Todo esto es un brete, diay.
Si revisamos bien la cosa, la moto parece ser el vehículo más vulnerable en estas situaciones. El parque automotor de motos se ha inflado como un globo, y muchos conductores, confiados o quizás un poco descuidados, terminan siendo víctimas de su propia imprudencia. No es fácil manejar una moto en medio del tráfico caótico que tenemos, especialmente cuando algunos conductores se creen Ayrton Senna.
Otro factor que contribuye a esta pesadilla es, sin duda, el exceso de velocidad. Algunos mae se les olvida que la carretera no es una pista de carreras y que hay otras personas compartiendo el espacio. Luego, sumándole, la distracción por el celular... ¡qué nivel de inconsciencia! Mira pa’ atrás un segundo y te puedes ir al traste. Los mensajes pueden esperar, la vida no.
Los hospitales están reventando, totalmente saturados. Los equipos de emergencia de la Cruz Roja trabajan incansablemente, trasladando a los heridos a diferentes centros médicos. Pero, ¿es suficiente? ¿Podemos seguir esperando a que los hospitales aguanten toda esta presión? El Seguro Obligatorio de Automóviles (SOA) del INS está temblando, porque los costos de atender a tantos heridos críticos son altísimos.
Las autoridades han dicho y redicho que la responsabilidad es de cada quien, pero parece que no les hace caso a nadie. Necesitamos más que operativos policiales; necesitamos una cultura de respeto por las normas de tránsito y una mayor conciencia ciudadana. Que cada mae se pregunte qué estaría haciendo si estuviera en el lugar de esas familias destrozadas. Que le pongan cuidado, que no jueguen con fuego.
Este 2026 pinta para ser un año complicado en cuanto a seguridad vial. Con las vacaciones ya casi terminadas y el regreso a clases a la vuelta de la esquina, ¿cómo podemos evitar que enero se convierta en el mes más mortífero de la década? ¿Qué medidas urgentes cree usted que deberían tomarse para cambiar esta triste realidad?