¡Ay, Dios mío! ¿Se imaginan esto, raza? Un tipo que te roba a mano armada, o peor, anda metido en cosas más turbias, sale caminando como si nada a las pocas horas de haberlo agarrado. Y todo gracias a unos papeles, ¡unos simples papeles! Esto está pasando en Costa Rica, y la bronca es que parece que el sistema está más pensando en darle oportunidades al delincuente que en proteger a la gente honesta.
La verdad, la cosa está feísima. Se armó un escándalo tremendo cuando salió libre un grupo de esos prestamistas “gota a gota” que hasta secuestraron a una niña. Imagínense el susto de la familia, la angustia… y luego, ¡pum!, los tipos afuera, porque sí, tenían un chuche de trabajo y un brete donde vivir. Eso, amigos míos, no da crédito, ni pizca. Nos estamos riendo para llorar, diay.
Todo esto viene de raíz, claro. Nuestro Código Procesal Penal dice clarito que la libertad es la norma y la cárcel, una excepción. Para que un juez diga ‘no, este mae se queda encerrado’, tiene que haber pruebas sólidas de que se va a fugar. Y ahí entra el famoso ‘arraigo’: tener un trabajo estable (con su orden patronal y afiliación a la CCSS), un techo fijo (ya sea propio o rentado), y encima, tener hijos o familiares a cargo. Parece chistoso, pero es la llave mágica para salir ileso de la fiscalía.
Y ojo, que no es que tengan que estar trabajando hace cien años en la misma oficina. Con un par de meses en un chuche cualquiera ya basta para convencer al juez. Lo mismo con el techo: si tienes contrato de alquiler, aunque sea por poco tiempo, eso es suficiente. Y si tienes chamacos, ¡mucho mejor! Porque el juez piensa 'este mae no se va a ir corriendo, tiene responsabilidades'. Pero bueno, ¿y si esos mismos mafiosos contratan a alguien para que les haga papeleo falso? Ahí nadie lo ve, ¿verdad?
El problema, como bien dicen los expertos, es que el crimen organizado ya no es como antes. Ya no son los matones con machetes de toda la vida. Son gente educada, con estudios, que saben cómo jugar el sistema a su favor. Consiguen empleos falsos, alquilan casas por un mes, inventan familias… y así se aseguran la libertad mientras esperan el juicio. Una verdadera lástima, porque mientras tanto, la gente común vive con miedo, sintiéndose vulnerable e impotente.
Y no nos olvidemos de las consecuencias: la impunidad percibida. La gente ve a los delincuentes entrar y salir de las cárceles como si fueran a comprar pan, y se frustran. Piensan, justamente, que la policía trabaja para nada. Además, al quedar libres, esos tipos pueden amenazar a los testigos, intimidar a sus víctimas y seguir operando a sus anchas. Sin mencionar que el sistema judicial se satura, los juicios tardan años en resolverse, y al final, muchos imputados terminan desapareciendo antes de recibir una condena firme. Qué sal!
Ahora, hay varios maes en la Asamblea Legislativa que quieren cambiar algunas cositas. Proponen que para delitos graves como el narcotráfico o el sicariato, el arraigo ya no sea tan fácil de conseguir. Que pongan más trabas, que exijan pruebas más contundentes. Pero los abogados constitucionalistas defienden que la prisión preventiva no debe ser una medida arbitraria, que no se puede meter a alguien en la cárcel solo porque sí. Hay que encontrar un punto medio, diay, porque esta situación actual es insostenible. Los requisitos de papel, como dicen por ahí, valen más que cualquier prueba que presente la Fiscalía.
Entonces, aquí va mi pregunta, raza: ¿Deberíamos modificar radicalmente el Código Procesal Penal para endurecer las condiciones de libertad para delitos de alto impacto, o es preferible mantener el sistema actual y buscar otras soluciones para combatir la delincuencia? ¿Ustedes qué opinan? ¡Déjenme sus comentarios abajo!
La verdad, la cosa está feísima. Se armó un escándalo tremendo cuando salió libre un grupo de esos prestamistas “gota a gota” que hasta secuestraron a una niña. Imagínense el susto de la familia, la angustia… y luego, ¡pum!, los tipos afuera, porque sí, tenían un chuche de trabajo y un brete donde vivir. Eso, amigos míos, no da crédito, ni pizca. Nos estamos riendo para llorar, diay.
Todo esto viene de raíz, claro. Nuestro Código Procesal Penal dice clarito que la libertad es la norma y la cárcel, una excepción. Para que un juez diga ‘no, este mae se queda encerrado’, tiene que haber pruebas sólidas de que se va a fugar. Y ahí entra el famoso ‘arraigo’: tener un trabajo estable (con su orden patronal y afiliación a la CCSS), un techo fijo (ya sea propio o rentado), y encima, tener hijos o familiares a cargo. Parece chistoso, pero es la llave mágica para salir ileso de la fiscalía.
Y ojo, que no es que tengan que estar trabajando hace cien años en la misma oficina. Con un par de meses en un chuche cualquiera ya basta para convencer al juez. Lo mismo con el techo: si tienes contrato de alquiler, aunque sea por poco tiempo, eso es suficiente. Y si tienes chamacos, ¡mucho mejor! Porque el juez piensa 'este mae no se va a ir corriendo, tiene responsabilidades'. Pero bueno, ¿y si esos mismos mafiosos contratan a alguien para que les haga papeleo falso? Ahí nadie lo ve, ¿verdad?
El problema, como bien dicen los expertos, es que el crimen organizado ya no es como antes. Ya no son los matones con machetes de toda la vida. Son gente educada, con estudios, que saben cómo jugar el sistema a su favor. Consiguen empleos falsos, alquilan casas por un mes, inventan familias… y así se aseguran la libertad mientras esperan el juicio. Una verdadera lástima, porque mientras tanto, la gente común vive con miedo, sintiéndose vulnerable e impotente.
Y no nos olvidemos de las consecuencias: la impunidad percibida. La gente ve a los delincuentes entrar y salir de las cárceles como si fueran a comprar pan, y se frustran. Piensan, justamente, que la policía trabaja para nada. Además, al quedar libres, esos tipos pueden amenazar a los testigos, intimidar a sus víctimas y seguir operando a sus anchas. Sin mencionar que el sistema judicial se satura, los juicios tardan años en resolverse, y al final, muchos imputados terminan desapareciendo antes de recibir una condena firme. Qué sal!
Ahora, hay varios maes en la Asamblea Legislativa que quieren cambiar algunas cositas. Proponen que para delitos graves como el narcotráfico o el sicariato, el arraigo ya no sea tan fácil de conseguir. Que pongan más trabas, que exijan pruebas más contundentes. Pero los abogados constitucionalistas defienden que la prisión preventiva no debe ser una medida arbitraria, que no se puede meter a alguien en la cárcel solo porque sí. Hay que encontrar un punto medio, diay, porque esta situación actual es insostenible. Los requisitos de papel, como dicen por ahí, valen más que cualquier prueba que presente la Fiscalía.
Entonces, aquí va mi pregunta, raza: ¿Deberíamos modificar radicalmente el Código Procesal Penal para endurecer las condiciones de libertad para delitos de alto impacto, o es preferible mantener el sistema actual y buscar otras soluciones para combatir la delincuencia? ¿Ustedes qué opinan? ¡Déjenme sus comentarios abajo!