¡Qué despiche! La situación económica del país está más fea que nata, y no es cuento. Según un estudio reciente de la Academia de Centroamérica, la deuda nacional se duplicó en los últimos doce años, dejando a miles de familias ticas con el agua al cuello y generando un ambiente de incertidumbre que se siente hasta en el café colonial.
Para ponerle pausa al asunto, resulta que mientras algunos andamos vitoreando señales de un supuesto 'mejor escenario', la realidad golpea duro a la mayoría de los compatriotas. No se trata de echarle la culpa a nadie, pero la verdad es que el crecimiento económico no se traduce en bienestar para todos, especialmente para aquellos que luchan diariamente para llegar a fin de mes.
El economista Leiner Vargas, un mae bien serio en estos temas, me explicó que la combinación letal del aumento desenfrenado del crédito, el costo de vida que sube como espuma y la falta de empleos dignos han empujado a muchísimas familias a buscar soluciones desesperadas. ¡Y ahí entra en juego el uso de préstamos personales y tarjetas de crédito como si fueran churros!
Esto, mis queridos lectores, no es problema de unos pocos ya; es una crisis nacional que afecta la salud mental de la gente, reduce la productividad de empresas y negocios, y pone en peligro la estabilidad social que tanto valoramos. Ya no podemos seguir haciendo caso omiso a estas señales, pues la cosa pinta turbia si no hacemos algo al respecto.
Recuerdo las épocas doradas, cuando teníamos tres pilares fundamentales: salud, educación y vivienda. Eran accesibles, eran de calidad, y eran motivo de orgullo para cualquier tico. Ahora, la salud está hecha trizas, la educación se ha vuelto un lujo inalcanzable para muchos, y conseguir una casa propia parece una misión imposible. ¡Qué carga tener que lidiar con eso!
Por eso, los expertos urgen a convertir la educación financiera en una prioridad nacional. No basta con hablar de crecimiento económico; necesitamos herramientas prácticas que permitan a la gente manejar sus finanzas de manera responsable y evitar caer en trampas de sobreendeudamiento. Además, necesitamos mejorar los indicadores sociales, porque la desigualdad sigue siendo una herida abierta en nuestra sociedad.
Y acá viene lo importante, mae: los candidatos a la presidencia tienen que dejar claro cómo van a abordar esta problemática. Necesitamos propuestas concretas, planes de acción claros y compromisos reales para fortalecer la formación financiera de la población y frenar esta espiral descendente. Ya estamos cansados de promesas vacías y discursos bonitos que no se traducen en resultados tangibles.
Entonces, mi pregunta para ustedes, compañeros del Foro, es esta: ¿qué medidas creen que deberían implementar los futuros gobernantes para sacar a Costa Rica de este atolladero financiero y asegurar un futuro próspero y equitativo para todos? ¡Den su opinión!
Para ponerle pausa al asunto, resulta que mientras algunos andamos vitoreando señales de un supuesto 'mejor escenario', la realidad golpea duro a la mayoría de los compatriotas. No se trata de echarle la culpa a nadie, pero la verdad es que el crecimiento económico no se traduce en bienestar para todos, especialmente para aquellos que luchan diariamente para llegar a fin de mes.
El economista Leiner Vargas, un mae bien serio en estos temas, me explicó que la combinación letal del aumento desenfrenado del crédito, el costo de vida que sube como espuma y la falta de empleos dignos han empujado a muchísimas familias a buscar soluciones desesperadas. ¡Y ahí entra en juego el uso de préstamos personales y tarjetas de crédito como si fueran churros!
Esto, mis queridos lectores, no es problema de unos pocos ya; es una crisis nacional que afecta la salud mental de la gente, reduce la productividad de empresas y negocios, y pone en peligro la estabilidad social que tanto valoramos. Ya no podemos seguir haciendo caso omiso a estas señales, pues la cosa pinta turbia si no hacemos algo al respecto.
Recuerdo las épocas doradas, cuando teníamos tres pilares fundamentales: salud, educación y vivienda. Eran accesibles, eran de calidad, y eran motivo de orgullo para cualquier tico. Ahora, la salud está hecha trizas, la educación se ha vuelto un lujo inalcanzable para muchos, y conseguir una casa propia parece una misión imposible. ¡Qué carga tener que lidiar con eso!
Por eso, los expertos urgen a convertir la educación financiera en una prioridad nacional. No basta con hablar de crecimiento económico; necesitamos herramientas prácticas que permitan a la gente manejar sus finanzas de manera responsable y evitar caer en trampas de sobreendeudamiento. Además, necesitamos mejorar los indicadores sociales, porque la desigualdad sigue siendo una herida abierta en nuestra sociedad.
Y acá viene lo importante, mae: los candidatos a la presidencia tienen que dejar claro cómo van a abordar esta problemática. Necesitamos propuestas concretas, planes de acción claros y compromisos reales para fortalecer la formación financiera de la población y frenar esta espiral descendente. Ya estamos cansados de promesas vacías y discursos bonitos que no se traducen en resultados tangibles.
Entonces, mi pregunta para ustedes, compañeros del Foro, es esta: ¿qué medidas creen que deberían implementar los futuros gobernantes para sacar a Costa Rica de este atolladero financiero y asegurar un futuro próspero y equitativo para todos? ¡Den su opinión!