Maes, hablemos de algo tan tico como el gallo pinto: la papa. Uno la da por sentada, la echa en la olla de carne, la hace puré, picadillo... pero, ¿se han puesto a pensar de dónde viene la que se están comiendo? Porque resulta que la vara con la papa importada, especialmente la gringa, está más enredada que un cable de audífonos viejo. Y la verdad, después de ver los últimos datos, la cosa pinta a que es un despiche de proporciones épicas. Estamos hablando de que en lo que va del año, el Servicio Fitosanitario del Estado (SFE) ha tenido que parar en seco y destruir o devolver más de 250,000 kilos de papa. ¡Un cuarto de millón de kilos a la basura! Y no por puro capricho, sino porque venían con "sorpresitas" que nadie quiere en su plato ni, mucho menos, en nuestros campos.
Aquí es donde la puerca tuerce el rabo. El problema no es un simple tubérculo magullado. El SFE reporta la presencia de plagas bravísimas como el Zebra Chip, un nombre que suena hasta cool, pero que para un agricultor es una pesadilla. Además de eso, una cantidad absurda (más de 72,000 kilos) fue rechazada por venir ya brotada. Según los que saben, que una papa llegue así demuestra que los controles en el país de origen y por parte de los importadores son un chiste. La pregunta del millón es, ¿cómo es que este producto siquiera llega a puerto? ¿Nadie revisa antes? Parece que alguien en la cadena de suministro se está jalando una torta monumental, y al final, los platos rotos los podríamos pagar nosotros.
Como era de esperarse, los productores nacionales están que echan chispas. Fabián Segura, el presi de la Cámara Nacional de Productores de Papa, lo dijo clarito: esto es un riesgo altísimo. Imagínense el despiche si una de esas plagas se nos cuela y se pega en los cultivos de Cartago o Zarcero. Se nos va al traste toda la cosecha nacional, afecta a más de 1250 familias que viven de eso y adiós soberanía alimentaria. La bronca es tan seria que, con el apoyo del exdirector del SFE, Francisco Dall’Anese, ya le metieron una demanda al Estado en el Contencioso Administrativo. No es para menos, sienten que están jugando ruleta rusa con su brete y con la agricultura del país.
Y para echarle más leña al fuego, Dall’Anese tiró una piedra que dejó a todo el mundo pensando. Dijo que el hecho de que veamos papas brotadas llegando al mercado demuestra que el sistema tiene más huecos que un colador. Calificó la medida actual como una "ocurrencia" y no como una verdadera solución que proteja al consumidor. Básicamente, su punto es que los controles son de mentirillas. Si el producto malo logra pasar el filtro oficial y llegar a la feria, ¿cuánto más no estará pasando por debajo de la mesa? Esto ya no es un tema técnico, es un tema de confianza.
Al final, esta vara va más allá de un pleito de papeles y bichos entre importadores y productores. Toca una fibra sensible: la calidad de lo que nos llevamos a la boca y la protección de lo nuestro. ¿Realmente vale la pena abrirle las puertas a productos que en sus propios países serían considerados de segunda, con el riesgo latente de fregar nuestra producción local para siempre? La próxima vez que estén en el súper escogiendo papas, quizás valga la pena preguntarse si esa oferta tan buena no nos terminará saliendo carísima. Maes, ¿qué opinan ustedes? ¿Deberíamos ponernos más estrictos y cerrar el portillo a esta papa importada, aunque eso signifique pagar un toque más por la nacional? ¿O creen que es un riesgo que hay que correr por el "libre mercado"? Se abre el debate...
Aquí es donde la puerca tuerce el rabo. El problema no es un simple tubérculo magullado. El SFE reporta la presencia de plagas bravísimas como el Zebra Chip, un nombre que suena hasta cool, pero que para un agricultor es una pesadilla. Además de eso, una cantidad absurda (más de 72,000 kilos) fue rechazada por venir ya brotada. Según los que saben, que una papa llegue así demuestra que los controles en el país de origen y por parte de los importadores son un chiste. La pregunta del millón es, ¿cómo es que este producto siquiera llega a puerto? ¿Nadie revisa antes? Parece que alguien en la cadena de suministro se está jalando una torta monumental, y al final, los platos rotos los podríamos pagar nosotros.
Como era de esperarse, los productores nacionales están que echan chispas. Fabián Segura, el presi de la Cámara Nacional de Productores de Papa, lo dijo clarito: esto es un riesgo altísimo. Imagínense el despiche si una de esas plagas se nos cuela y se pega en los cultivos de Cartago o Zarcero. Se nos va al traste toda la cosecha nacional, afecta a más de 1250 familias que viven de eso y adiós soberanía alimentaria. La bronca es tan seria que, con el apoyo del exdirector del SFE, Francisco Dall’Anese, ya le metieron una demanda al Estado en el Contencioso Administrativo. No es para menos, sienten que están jugando ruleta rusa con su brete y con la agricultura del país.
Y para echarle más leña al fuego, Dall’Anese tiró una piedra que dejó a todo el mundo pensando. Dijo que el hecho de que veamos papas brotadas llegando al mercado demuestra que el sistema tiene más huecos que un colador. Calificó la medida actual como una "ocurrencia" y no como una verdadera solución que proteja al consumidor. Básicamente, su punto es que los controles son de mentirillas. Si el producto malo logra pasar el filtro oficial y llegar a la feria, ¿cuánto más no estará pasando por debajo de la mesa? Esto ya no es un tema técnico, es un tema de confianza.
Al final, esta vara va más allá de un pleito de papeles y bichos entre importadores y productores. Toca una fibra sensible: la calidad de lo que nos llevamos a la boca y la protección de lo nuestro. ¿Realmente vale la pena abrirle las puertas a productos que en sus propios países serían considerados de segunda, con el riesgo latente de fregar nuestra producción local para siempre? La próxima vez que estén en el súper escogiendo papas, quizás valga la pena preguntarse si esa oferta tan buena no nos terminará saliendo carísima. Maes, ¿qué opinan ustedes? ¿Deberíamos ponernos más estrictos y cerrar el portillo a esta papa importada, aunque eso signifique pagar un toque más por la nacional? ¿O creen que es un riesgo que hay que correr por el "libre mercado"? Se abre el debate...