¡Ay, ay, ay! Se puso candela en la campaña presidencial. Laura Fernández, la candidata del Pueblo Soberano (PPSO), no se quedó calladita y salió a responderle bala a toda la crítica que ha estado recibiendo en los últimos días. Parece que ya no le importa andar con pies de plomo; la mae está buscando el voto duro a toda costa, aunque eso signifique meterse de lleno en la controversia.
La jugada de Fernández viene justo a dos semanitas de las elecciones, y responde directamente a los señalamientos por sus acercamientos a grupos religiosos y conservadores. Sus rivales andan diciendo de todo, acusándola de manipular la fe para agarrarse al poder, pero ella contesta que simplemente se está juntando con “gente decente”. ¡Vaya tela!
En una especie de arenga desde la tarima, Fernández desplegó toda su artillería retórica. Según los analistas políticos, esto es una clara estrategia de polarización defensiva – una técnica donde la persona que recibe las críticas trata de invertir la situación y hacer que quien critica parezca el agresor. En otras palabras, “yo no estoy haciendo nada malo, ustedes sí”.
“Fíjense que es el mismo cuento,” exclamó con un dejo de indignación. “Primero me dicen que voy a una misa, luego que me reúno con gente decente, con valores... ¡No sean cínicos!”, echó humo. Y para rematar, lanzó la bomba: “Si yo estuviera pactando con narcotraficantes o corruptos, ahí sí tendrían motivos para preocuparse. Pero venir a atacar a alguien porque promueve principios morales… ¡Eso sí que es exagerado!”. ¡Uy, qué caloro!
Pero vamos a analizarlo con sangre fría, ¿eh? Lo que Fernández está buscando es amarrar el voto duro que catapultó a Rodrigo Chaves al poder en 2022. Su discurso está cargadito de referencias a esa supuesta “lucha contra el sistema”, esa batalla contra “los viejos poderes” que no quieren dejar pasar el tren del cambio. Dice que si votan por ella, están defendiendo el legado de don Rodrigo, y eso suena familiar a muchos en el país.
Fernández tampoco dudó en atacar directamente a otros candidatos, acusándolos de “cobardes” por evitar los debates y huir de los compromisos. Según ella, “no vino a quedar bien con corruptos, vino a poner orden”. Un mensaje claro para esos votantes que están hartos de la impunidad y buscan a alguien que les ponga las cosas en cintura, aunque tenga que meter baza. ¡Qué brete se armó!
La candidata también arremetió contra la prensa y los partidos tradicionales, acusándolos de estar en una conspiración para frenarla. “Cuando coinciden en atacarme, no es casualidad,” insistió. Esta estrategia de “nosotros contra ellos” busca movilizar a las bases del ‘rodriguismo’ bajo la bandera de un supuesto ataque injustificado. Y vaya que la mae sabe cómo tocarles la fibra sensible a sus seguidores, diay.
Ahora, la gran pregunta queda abierta en el aire: ¿Esta estrategia de choque frontal funcionará para Fernández? ¿Logrará capitalizar el voto duro y llegar a Casa Amarilla, o terminará hundida en medio de tanta polémica? ¿Creen que la polarización extrema es el camino correcto para ganar estas elecciones, o sería mejor buscar puntos en común y tender puentes?
La jugada de Fernández viene justo a dos semanitas de las elecciones, y responde directamente a los señalamientos por sus acercamientos a grupos religiosos y conservadores. Sus rivales andan diciendo de todo, acusándola de manipular la fe para agarrarse al poder, pero ella contesta que simplemente se está juntando con “gente decente”. ¡Vaya tela!
En una especie de arenga desde la tarima, Fernández desplegó toda su artillería retórica. Según los analistas políticos, esto es una clara estrategia de polarización defensiva – una técnica donde la persona que recibe las críticas trata de invertir la situación y hacer que quien critica parezca el agresor. En otras palabras, “yo no estoy haciendo nada malo, ustedes sí”.
“Fíjense que es el mismo cuento,” exclamó con un dejo de indignación. “Primero me dicen que voy a una misa, luego que me reúno con gente decente, con valores... ¡No sean cínicos!”, echó humo. Y para rematar, lanzó la bomba: “Si yo estuviera pactando con narcotraficantes o corruptos, ahí sí tendrían motivos para preocuparse. Pero venir a atacar a alguien porque promueve principios morales… ¡Eso sí que es exagerado!”. ¡Uy, qué caloro!
Pero vamos a analizarlo con sangre fría, ¿eh? Lo que Fernández está buscando es amarrar el voto duro que catapultó a Rodrigo Chaves al poder en 2022. Su discurso está cargadito de referencias a esa supuesta “lucha contra el sistema”, esa batalla contra “los viejos poderes” que no quieren dejar pasar el tren del cambio. Dice que si votan por ella, están defendiendo el legado de don Rodrigo, y eso suena familiar a muchos en el país.
Fernández tampoco dudó en atacar directamente a otros candidatos, acusándolos de “cobardes” por evitar los debates y huir de los compromisos. Según ella, “no vino a quedar bien con corruptos, vino a poner orden”. Un mensaje claro para esos votantes que están hartos de la impunidad y buscan a alguien que les ponga las cosas en cintura, aunque tenga que meter baza. ¡Qué brete se armó!
La candidata también arremetió contra la prensa y los partidos tradicionales, acusándolos de estar en una conspiración para frenarla. “Cuando coinciden en atacarme, no es casualidad,” insistió. Esta estrategia de “nosotros contra ellos” busca movilizar a las bases del ‘rodriguismo’ bajo la bandera de un supuesto ataque injustificado. Y vaya que la mae sabe cómo tocarles la fibra sensible a sus seguidores, diay.
Ahora, la gran pregunta queda abierta en el aire: ¿Esta estrategia de choque frontal funcionará para Fernández? ¿Logrará capitalizar el voto duro y llegar a Casa Amarilla, o terminará hundida en medio de tanta polémica? ¿Creen que la polarización extrema es el camino correcto para ganar estas elecciones, o sería mejor buscar puntos en común y tender puentes?