¡Ay, Dios mío! La bronca con estos vuelos nocturnos se puso más seria de lo que pensábamos. Resulta que los directores de varios hospitales del país están echando humo porque la prohibición que mandó la DGAC en octubre les está complicando muchísimo trasladar pacientes en condiciones graves. Imagínate, ¡esto no es un juego!
Como saben, la Dirección General de Aviación Civil hizo unas normas bien estrictas, diciendo que nadie podía volar de noche en los aeródromos, ni siquiera los aviones ambulancia de la CCSS. Esto empezó a ser un problema casi de inmediato, y ahora los hospitales están sacando pecho para decir que esto realmente les está afectando.
Don Marvin Palma, que dirige el hospital Enrique Baltodano en Liberia, fue quien más se quejó abiertamente. Dijo que la restricción pone en peligro la vida de los pacientes porque tienen que esperar mucho más tiempo para recibir atención especializada. "La restricción de los transportes aéreos durante la noche afecta significativamente nuestra capacidad para transferir pacientes en estado crítico a centros médicos nacionales", recalcó Palma, visiblemente preocupado.
Y no es solo Liberia. En el Hospital Nacional de Niños, el doctor Carlos Jiménez también está preocupado. Algunos nenes, por la gravedad de sus enfermedades, necesitan moverse rápido a otros hospitales, y con esta prohibición se está perdiendo valioso tiempo. Han tenido que llevarlos en ambulancias terrestres, y eso implica un montón de riesgos extra, máxime considerando el tráfico denso en la capital.
Hasta en Ciudad Neily, donde el clima y la geografía ya son difíciles, están teniendo problemas. Marcela Leandro, la directora de ese hospital, explica que las lluvias y las carreteras en mal estado hacen que los traslados sean aún más peligrosos. "En pacientes muy delicados se retrasa el acceso oportuno a centros médicos especializados. Además, aumentan los riesgos de accidentes en carretera", afirmó Leandro.
La CCSS tampoco se queda callada. Desde el CAED (Centro de Atención de Emergencias y Desastres) admiten que la prohibición está impactando negativamente la atención de los pacientes. Explican que el principal riesgo es que los traslados se demoren, lo que puede tener consecuencias graves para quienes necesitan ayuda urgente. Están tratando de buscar soluciones, como asegurar vehículos terrestres disponibles toda la noche, pero reconocen que no siempre es suficiente, especialmente cuando hablamos de casos muy complicados.
Intentaron buscarle la vuelta proponiendo que el Servicio de Vigilancia Aérea, que no está sujeto a la prohibición, pudiera hacerse cargo de los traslados urgentes. Pero resulta que este servicio no tiene aviones operativos suficientes para cubrir todas las necesidades. ¡Menuda carga! Parece que estamos atascados con esta situación hasta que la DGAC cambie de opinión. Por lo pronto, los hospitales siguen improvisando con ambulancias terrestres, escoltas de la Fuerza Pública y coordinando con otros centros médicos para poder salvar vidas.
Entonces, ¿qué vamos a hacer nosotros, la gente de a pie? Con tanta burocracia y restricciones, ¿cómo podemos estar seguros de que si necesitamos una ambulancia aérea, la tendremos a tiempo? ¿Ustedes creen que la DGAC debería reconsiderar su decisión, o hay otras alternativas viables para garantizar la seguridad y el bienestar de los pacientes en situaciones de emergencia?
Como saben, la Dirección General de Aviación Civil hizo unas normas bien estrictas, diciendo que nadie podía volar de noche en los aeródromos, ni siquiera los aviones ambulancia de la CCSS. Esto empezó a ser un problema casi de inmediato, y ahora los hospitales están sacando pecho para decir que esto realmente les está afectando.
Don Marvin Palma, que dirige el hospital Enrique Baltodano en Liberia, fue quien más se quejó abiertamente. Dijo que la restricción pone en peligro la vida de los pacientes porque tienen que esperar mucho más tiempo para recibir atención especializada. "La restricción de los transportes aéreos durante la noche afecta significativamente nuestra capacidad para transferir pacientes en estado crítico a centros médicos nacionales", recalcó Palma, visiblemente preocupado.
Y no es solo Liberia. En el Hospital Nacional de Niños, el doctor Carlos Jiménez también está preocupado. Algunos nenes, por la gravedad de sus enfermedades, necesitan moverse rápido a otros hospitales, y con esta prohibición se está perdiendo valioso tiempo. Han tenido que llevarlos en ambulancias terrestres, y eso implica un montón de riesgos extra, máxime considerando el tráfico denso en la capital.
Hasta en Ciudad Neily, donde el clima y la geografía ya son difíciles, están teniendo problemas. Marcela Leandro, la directora de ese hospital, explica que las lluvias y las carreteras en mal estado hacen que los traslados sean aún más peligrosos. "En pacientes muy delicados se retrasa el acceso oportuno a centros médicos especializados. Además, aumentan los riesgos de accidentes en carretera", afirmó Leandro.
La CCSS tampoco se queda callada. Desde el CAED (Centro de Atención de Emergencias y Desastres) admiten que la prohibición está impactando negativamente la atención de los pacientes. Explican que el principal riesgo es que los traslados se demoren, lo que puede tener consecuencias graves para quienes necesitan ayuda urgente. Están tratando de buscar soluciones, como asegurar vehículos terrestres disponibles toda la noche, pero reconocen que no siempre es suficiente, especialmente cuando hablamos de casos muy complicados.
Intentaron buscarle la vuelta proponiendo que el Servicio de Vigilancia Aérea, que no está sujeto a la prohibición, pudiera hacerse cargo de los traslados urgentes. Pero resulta que este servicio no tiene aviones operativos suficientes para cubrir todas las necesidades. ¡Menuda carga! Parece que estamos atascados con esta situación hasta que la DGAC cambie de opinión. Por lo pronto, los hospitales siguen improvisando con ambulancias terrestres, escoltas de la Fuerza Pública y coordinando con otros centros médicos para poder salvar vidas.
Entonces, ¿qué vamos a hacer nosotros, la gente de a pie? Con tanta burocracia y restricciones, ¿cómo podemos estar seguros de que si necesitamos una ambulancia aérea, la tendremos a tiempo? ¿Ustedes creen que la DGAC debería reconsiderar su decisión, o hay otras alternativas viables para garantizar la seguridad y el bienestar de los pacientes en situaciones de emergencia?