¡Quiubo, gente del Foro! Parece mentira, pero resulta que el Aeropuerto Juan Santamaría está echándole ganas para cuidar de nuestras aves nacionales. Y no solo por amor a la patria, sino también porque un pájaro en medio de un motor de avión no es precisamente un panorama agradable, ¿me entienden?
Verán, este 10 de enero celebramos el Día Mundial de las Aves, y desde AERIS, los encargados del aeropuerto, nos cuentan cómo le han dado vuelta a la cosa con un programa bastante completo. Antes, era un fiestón de vuelos casi chocando con gaviotas y otras criaturas voladoras. Ahora, parece que le están poniendo orden ahí.
La cifra es impresionante: en el área del aeropuerto se registran alrededor de 187 especies, ¡y 154 de esas son aves! Pero no solo hay pajaritos; también hay mamíferos, lagartijas y ranitas dando vueltas. Imagínense la complejidad logística para mantener todo en orden. Más encima, tienen que estar pendientes de qué hace cada bicho, si es peligroso o no, y cómo evitar problemas con los aviones.
Para eso, usan hasta pirotecnia controlada, ¡sí señor!, focos láser, bocinas ruidosas y trampas fotográficas para espantar a las aves de las pistas. Además, eliminan cualquier cosita que les pueda atraer, como charcos de agua turbia, ramas donde puedan posarse y hasta nidos cerca de las zonas de movimiento. Es un brete, diay, coordinar todo eso.
Pero no todo es tecnología moderna. También andan unos señores que hacen recorridos constantes –más de dos mil doscientos en 2025– revisando las pistas, los alrededores y hasta las fincas cercanas. Y si encuentran alguna granja o negocio que no cumple con las normas sanitarias, ¡lo cierran sin pena ni gloria! Porque la seguridad aérea va primero, y nadie va a meterse con eso, mucho menos si van a poner en riesgo vidas.
Y hablando de vidas, no se preocupen por los animalecitos. AERIS no los captura y los traslada a ningún lado a menos que sea absolutamente necesario. Priorizan su bienestar y tratan de hacer todo lo posible para que vivan tranquilos, aunque tengan que compartir espacio con nosotros, los humanos, y nuestros aviones. Eso sí, si algún animalito callejero anda causando problemas, lo llevan a un centro de rescate y le dan una manito de gato.
Lo que más me cargó de toda esta movida es que el aeropuerto ha recibido reconocimientos internacionales por su gestión ambiental. ¡Imagínense! Un aeropuerto siendo modelo de sostenibilidad. Recibieron el “Green Airports Recognition” por parte de ACI-LAC, que es como decir que le dieron un premio a lo más verde. Así que hats off para AERIS y todo su equipo, que están haciendo un trabajo excelente.
Ahora, cuéntenme, ¿ustedes creen que deberíamos ampliar estas medidas de protección a otros espacios públicos en Costa Rica? ¿Será posible encontrar un equilibrio aún mayor entre el desarrollo económico y la conservación de nuestra rica biodiversidad, especialmente teniendo en cuenta que el turismo depende tanto de ella?
Verán, este 10 de enero celebramos el Día Mundial de las Aves, y desde AERIS, los encargados del aeropuerto, nos cuentan cómo le han dado vuelta a la cosa con un programa bastante completo. Antes, era un fiestón de vuelos casi chocando con gaviotas y otras criaturas voladoras. Ahora, parece que le están poniendo orden ahí.
La cifra es impresionante: en el área del aeropuerto se registran alrededor de 187 especies, ¡y 154 de esas son aves! Pero no solo hay pajaritos; también hay mamíferos, lagartijas y ranitas dando vueltas. Imagínense la complejidad logística para mantener todo en orden. Más encima, tienen que estar pendientes de qué hace cada bicho, si es peligroso o no, y cómo evitar problemas con los aviones.
Para eso, usan hasta pirotecnia controlada, ¡sí señor!, focos láser, bocinas ruidosas y trampas fotográficas para espantar a las aves de las pistas. Además, eliminan cualquier cosita que les pueda atraer, como charcos de agua turbia, ramas donde puedan posarse y hasta nidos cerca de las zonas de movimiento. Es un brete, diay, coordinar todo eso.
Pero no todo es tecnología moderna. También andan unos señores que hacen recorridos constantes –más de dos mil doscientos en 2025– revisando las pistas, los alrededores y hasta las fincas cercanas. Y si encuentran alguna granja o negocio que no cumple con las normas sanitarias, ¡lo cierran sin pena ni gloria! Porque la seguridad aérea va primero, y nadie va a meterse con eso, mucho menos si van a poner en riesgo vidas.
Y hablando de vidas, no se preocupen por los animalecitos. AERIS no los captura y los traslada a ningún lado a menos que sea absolutamente necesario. Priorizan su bienestar y tratan de hacer todo lo posible para que vivan tranquilos, aunque tengan que compartir espacio con nosotros, los humanos, y nuestros aviones. Eso sí, si algún animalito callejero anda causando problemas, lo llevan a un centro de rescate y le dan una manito de gato.
Lo que más me cargó de toda esta movida es que el aeropuerto ha recibido reconocimientos internacionales por su gestión ambiental. ¡Imagínense! Un aeropuerto siendo modelo de sostenibilidad. Recibieron el “Green Airports Recognition” por parte de ACI-LAC, que es como decir que le dieron un premio a lo más verde. Así que hats off para AERIS y todo su equipo, que están haciendo un trabajo excelente.
Ahora, cuéntenme, ¿ustedes creen que deberíamos ampliar estas medidas de protección a otros espacios públicos en Costa Rica? ¿Será posible encontrar un equilibrio aún mayor entre el desarrollo económico y la conservación de nuestra rica biodiversidad, especialmente teniendo en cuenta que el turismo depende tanto de ella?