¡Ay, Dios mío! ¿Se imaginan ir al gimnasio buscando mejorar su salud y recibir un trato peor que en una veterinaria? Pues eso le pasó a Rosaura Brenes, una chica que decidió ponerse las pilas y terminó llevándose tremenda bronca. La movida explotó en TikTok y ahora todo el país está hablando del gimnasio San Rafael Fitness Gym en Cartago. ¡Este caso nos da pa’ reflexionar, chunches!
Según cuenta la chavala en su video, todo empezó normal. Llegó al gimnasio pensando que iba a encontrar motivación y asesoramiento, pero el entrenador, parece que estaba viendo la vida en blanco y negro. Desde el momento en que la vio, dice, sintió que la evaluaba de manera despectiva. “Desde que entré noté que me miraba raro, como si fuera una bicho. Me hizo sentir incómoda al instante”, explicó Rosaura, con el corazón roto.
La situación empeoró cuando Rosaura intentó sentarse en la silla de consulta. Resulta que la silla no era precisamente cómoda para una persona de su complexión, y el entrenador, en lugar de ofrecer alguna solución o mostrar un poquito de empatía, simplemente se quedó mirando como si ella fuera un experimento científico. “No me ofreció ninguna alternativa, ni siquiera se dio cuenta de que me costaba sentarme,” añadió, visiblemente molesta. ¡Imaginen el papelón!
Pero la humillación no paraba ahí. Durante la entrevista, el entrenador comenzó a hacer comentarios sobre su salud, incluyendo diagnósticos previos como diabetes, hipertensión y asma, como si estuvieran escritos en letras rojas en su frente. Además, le ofrecieron una báscula que no soportaba su peso, y para usar otra tenía que pagar extra. ¡¿Cómo es posible?! Esto demuestra una falta de consideración y respeto que da escalofríos.
Lo más impactante de todo, según Rosaura, fue cuando el entrenador le entregó una toalla húmeda y le indicó que se “limpiara”. No le explicó el por qué, dejando a la joven confundida y avergonzada. “Sentí que le provoqué asco, que yo era el problema. En lugar de motivarme, me echó para abajo. Fue horrible, diay,” declaró, tratando de contener las lágrimas. ¡Esto es inadmisible en cualquier establecimiento, máxime aún en uno enfocado en la salud y el bienestar!
Después de vivir esta experiencia traumática, Rosaura tuvo la suerte de conocer a la hija de una amiga, quien la llevó a otro gimnasio en la misma zona. Allí, recibió un trato completamente diferente: amable, respetuoso y alentador. Inmediatamente se apuntó, decidida a retomar su camino hacia una vida más saludable sin tener que lidiar con prejuicios y gordofobia. “Es increíble cómo la actitud de una persona puede marcar la diferencia. En el otro gimnasio me hicieron sentir bienvenida y valorada”, comentó con esperanza.
El gimnasio San Rafael Fitness Gym, tras la viralización del video, emitió un comunicado oficial en sus redes sociales, asegurando que no toleran ningún tipo de trato discriminatorio y prometiendo investigar lo sucedido. Han contactado directamente a Rosaura para ofrecerle disculpas y realizar una investigación interna. Aunque esto es un paso importante, la pregunta que queda flotando en el aire es: ¿Será suficiente para erradicar estos comportamientos machistas y gordofóbicos que siguen latentes en muchos lugares?
Ahora bien, aquí va la pregunta pa’ encender el Foro: ¿Ustedes creen que los gimnasios deberían implementar protocolos obligatorios de sensibilización y capacitación contra la gordofobia y otras formas de discriminación? ¿Y qué medidas consideran que serían más efectivas para garantizar un ambiente inclusivo y respetuoso para todas las personas, independientemente de su tamaño o condición física? ¡Déjenme sus opiniones, quiero saber qué piensan, chunches!
Según cuenta la chavala en su video, todo empezó normal. Llegó al gimnasio pensando que iba a encontrar motivación y asesoramiento, pero el entrenador, parece que estaba viendo la vida en blanco y negro. Desde el momento en que la vio, dice, sintió que la evaluaba de manera despectiva. “Desde que entré noté que me miraba raro, como si fuera una bicho. Me hizo sentir incómoda al instante”, explicó Rosaura, con el corazón roto.
La situación empeoró cuando Rosaura intentó sentarse en la silla de consulta. Resulta que la silla no era precisamente cómoda para una persona de su complexión, y el entrenador, en lugar de ofrecer alguna solución o mostrar un poquito de empatía, simplemente se quedó mirando como si ella fuera un experimento científico. “No me ofreció ninguna alternativa, ni siquiera se dio cuenta de que me costaba sentarme,” añadió, visiblemente molesta. ¡Imaginen el papelón!
Pero la humillación no paraba ahí. Durante la entrevista, el entrenador comenzó a hacer comentarios sobre su salud, incluyendo diagnósticos previos como diabetes, hipertensión y asma, como si estuvieran escritos en letras rojas en su frente. Además, le ofrecieron una báscula que no soportaba su peso, y para usar otra tenía que pagar extra. ¡¿Cómo es posible?! Esto demuestra una falta de consideración y respeto que da escalofríos.
Lo más impactante de todo, según Rosaura, fue cuando el entrenador le entregó una toalla húmeda y le indicó que se “limpiara”. No le explicó el por qué, dejando a la joven confundida y avergonzada. “Sentí que le provoqué asco, que yo era el problema. En lugar de motivarme, me echó para abajo. Fue horrible, diay,” declaró, tratando de contener las lágrimas. ¡Esto es inadmisible en cualquier establecimiento, máxime aún en uno enfocado en la salud y el bienestar!
Después de vivir esta experiencia traumática, Rosaura tuvo la suerte de conocer a la hija de una amiga, quien la llevó a otro gimnasio en la misma zona. Allí, recibió un trato completamente diferente: amable, respetuoso y alentador. Inmediatamente se apuntó, decidida a retomar su camino hacia una vida más saludable sin tener que lidiar con prejuicios y gordofobia. “Es increíble cómo la actitud de una persona puede marcar la diferencia. En el otro gimnasio me hicieron sentir bienvenida y valorada”, comentó con esperanza.
El gimnasio San Rafael Fitness Gym, tras la viralización del video, emitió un comunicado oficial en sus redes sociales, asegurando que no toleran ningún tipo de trato discriminatorio y prometiendo investigar lo sucedido. Han contactado directamente a Rosaura para ofrecerle disculpas y realizar una investigación interna. Aunque esto es un paso importante, la pregunta que queda flotando en el aire es: ¿Será suficiente para erradicar estos comportamientos machistas y gordofóbicos que siguen latentes en muchos lugares?
Ahora bien, aquí va la pregunta pa’ encender el Foro: ¿Ustedes creen que los gimnasios deberían implementar protocolos obligatorios de sensibilización y capacitación contra la gordofobia y otras formas de discriminación? ¿Y qué medidas consideran que serían más efectivas para garantizar un ambiente inclusivo y respetuoso para todas las personas, independientemente de su tamaño o condición física? ¡Déjenme sus opiniones, quiero saber qué piensan, chunches!