¡Ay, Dios mío, qué torta! Resulta que el año pasado la Cruz Roja se comió unos buenos sustos, y no precisamente porque alguien necesitaba una mano amiga. Estamos hablando de miles de llamadas falsas que saturaron el sistema 911, dejándolos con un saldo negativo que ni nos imaginamos: ¡más de ¢160 millones perdidos!
Miren, pa' ponerles en perspectiva, la Cruz Roja cerró el 2025 atendiendo más de medio millón de situaciones –una barbaridad, vamos–, pero entre esas atenciones, estaban esas broncas de gente inventándose emergencias. Imagínense, 3.517 alertas que terminaron siendo pura pérdida de tiempo y recursos, movilizando ambulancias, doctores y todo el batallón pa’ ir a ver… ¡nada! Un verdadero despache.
Y ahí es donde viene la parte que duele más que un piquete de abeja: esos ¢160 millones podrían haberse usado pa' comprar más medicamentos, arreglar las ambulancias que ya andan chirriantes o reforzar el servicio en las zonas más necesitadas. ¡Imagínense cuántos chunches podríamos haberle facilitado a la salud pública si la gente usara el 911 con responsabilidad!
Pero el tema no es solo plata, mis panas. Lo peor es el impacto operativo. Cuando una ambulancia anda corriendo tras una falsa alarma, quizás justo en ese momento alguien esté pasando por un trance serio: un choque, un ataque… cualquier emergencia donde cada segundo cuenta. Ahí te das cuenta de que una broma pesada puede convertirse en tragedia, diay.
Y ojo, que el año pasado no fue fácil para nadie. Estuvimos con la violencia a tope, balaceras casi a diario, accidentes de tráfico todos los días... el personal de la Cruz Roja, en su mayoría voluntarios dedicadísimos, trabajan las 24 horas, los 365 días del año, dando el tute al cansancio y a los problemas. Que tengan que perder tiempo y recursos en tonterías es simplemente injusto.
Ahora bien, la Benemérita se mantiene a flote gracias al esfuerzo de más de seis mil voluntarias y voluntarios, personas que regalan su tiempo y energía para ayudar a los demás. Pero hasta ellos tienen límites, ¿eh? Cada salida innecesaria les quita fuerzas físicas y emocionales, además de desgastar el equipamiento y comprometer el presupuesto.
La Cruz Roja ya ha dejado claro que la sostenibilidad financiera es uno de sus mayores retos para este 2026. Y ahí es donde entra la conciencia ciudadana. No se trata de reírse de los demás, sino de entender que llamar al 911 por jugarito es una actitud irresponsable y peligrosa. ¡Recuerden que hay gente esperando ayuda de verdad!
En fin, la pelota está en nuestro tejado. Es hora de reflexionar sobre cómo estamos usando el servicio de emergencias y asumir nuestra responsabilidad como ciudadanos. Entonces, díganme, ¿creemos que debería haber sanciones más severas para quienes hagan bromas al 911, o es suficiente con campañas de concientización?
Miren, pa' ponerles en perspectiva, la Cruz Roja cerró el 2025 atendiendo más de medio millón de situaciones –una barbaridad, vamos–, pero entre esas atenciones, estaban esas broncas de gente inventándose emergencias. Imagínense, 3.517 alertas que terminaron siendo pura pérdida de tiempo y recursos, movilizando ambulancias, doctores y todo el batallón pa’ ir a ver… ¡nada! Un verdadero despache.
Y ahí es donde viene la parte que duele más que un piquete de abeja: esos ¢160 millones podrían haberse usado pa' comprar más medicamentos, arreglar las ambulancias que ya andan chirriantes o reforzar el servicio en las zonas más necesitadas. ¡Imagínense cuántos chunches podríamos haberle facilitado a la salud pública si la gente usara el 911 con responsabilidad!
Pero el tema no es solo plata, mis panas. Lo peor es el impacto operativo. Cuando una ambulancia anda corriendo tras una falsa alarma, quizás justo en ese momento alguien esté pasando por un trance serio: un choque, un ataque… cualquier emergencia donde cada segundo cuenta. Ahí te das cuenta de que una broma pesada puede convertirse en tragedia, diay.
Y ojo, que el año pasado no fue fácil para nadie. Estuvimos con la violencia a tope, balaceras casi a diario, accidentes de tráfico todos los días... el personal de la Cruz Roja, en su mayoría voluntarios dedicadísimos, trabajan las 24 horas, los 365 días del año, dando el tute al cansancio y a los problemas. Que tengan que perder tiempo y recursos en tonterías es simplemente injusto.
Ahora bien, la Benemérita se mantiene a flote gracias al esfuerzo de más de seis mil voluntarias y voluntarios, personas que regalan su tiempo y energía para ayudar a los demás. Pero hasta ellos tienen límites, ¿eh? Cada salida innecesaria les quita fuerzas físicas y emocionales, además de desgastar el equipamiento y comprometer el presupuesto.
La Cruz Roja ya ha dejado claro que la sostenibilidad financiera es uno de sus mayores retos para este 2026. Y ahí es donde entra la conciencia ciudadana. No se trata de reírse de los demás, sino de entender que llamar al 911 por jugarito es una actitud irresponsable y peligrosa. ¡Recuerden que hay gente esperando ayuda de verdad!
En fin, la pelota está en nuestro tejado. Es hora de reflexionar sobre cómo estamos usando el servicio de emergencias y asumir nuestra responsabilidad como ciudadanos. Entonces, díganme, ¿creemos que debería haber sanciones más severas para quienes hagan bromas al 911, o es suficiente con campañas de concientización?