¡Ay, Dios mío, qué bronca! Resulta que los gringos, esos siempre buscando cómo meter pata, han vuelto a revolucionar el ambiente marítimo mundial. Esta vez, no andan jugando con canicas, sino con petroleros y sanciones a Venezuela. Han agarrado dos barcos, uno en el Atlántico y otro en el Caribe, justo cuando todos estábamos pensando en qué comer para Navidad. Parece que Trump todavía tiene ganas de hacer ruido antes de dejar la presidencia.
La movida es así: Según dicen, estos barcos estaban dando rodeos para evadir las sanciones que le pusieron a Venezuela hace tiempo. Uno, el Marinera, apareció misteriosamente entre Escocia e Islandia, cambiando de nombre y bandera como quien cambia de camisa. Pasó de llamarse Bella 1 a ponerle pabellón ruso, ¡como si eso fuera a solucionar el problema! El otro, el M/T Sofia, lo pillaron en medio del Caribe, navegando sin rumbo fijo, catalogado como parte de esa “flota fantasma” que anda dando vueltas por ahí, sin nadie que los reclame. Puro despiche.
Para entender la magnitud del asunto, hay que recordar que esto viene de una escalada de tensiones que lleva meses. El presidente Trump, antes de que le dieran el quite a Maduro, estaba acusando a Venezuela de usar estos barcos para pasar droga a Estados Unidos. Ahora, con Maduro capturado y todo, parece que quieren demostrar que siguen firmes en su cruzada contra el régimen chavista y cualquier barco que les haga cosquillas en el bolsillo.
Lo que más me preocupa es la reacción de Rusia. El Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, esos siempre con la lengua viperina, ya dijeron que están “preocupados” por lo sucedido y defienden que el barco operaba legalmente bajo bandera rusa. Dicen que la presencia militar de Estados Unidos y la OTAN en la zona es “desproporcionada.” ¡Uy, uy, uy! Parece que nos estamos metiendo en un brete internacional que no pinta nada bien.
Y no solo eso, resulta que la Guardia Costera americana ya había tratado de abordar el Bella 1 hace unas semanas, cuando sospechaban que iba de regreso a Venezuela. Pero el barco reaccionó rápido, cambió de ruta, nombre y bandera, ¡pero los gringos tienen ojo avizor! Seguían de cerca su recorrido. Expertos en temas marítimos dicen que cambiar la bandera no borra el historial del barco, que el número OMI es lo que importa, y ese no lo puedes cambiar tan fácil. Es como decir que cambias de apellido para escapar de tus deudas, ¡no funciona, mael!
Según fuentes, el Comando Sur está apoyando a las agencias civiles en esta cacería de barcos sancionados. Aseguran que mantienen una vigilancia constante y están listos para actuar. Eso suena bien en teoría, pero uno nunca sabe qué tan lejos estarán dispuestos a llegar. ¿Será que van a empezar a confiscar barcos a diestra y siniestra para justificar sus gastos militares?
Ahora, algunos analistas también advierten que estas maniobras podrían complicar los abordajes según la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. Ya saben, esas reglas que se supone que todos deben seguir, pero que a veces se olvidan cuando hay intereses económicos de por medio. Esto podría generar más tensiones diplomáticas y demandas legales, ¡y nosotros aquí, viendo cómo se arman las cosas! Imaginen las repercusiones para Costa Rica, con nuestros barcos de pesca y transporte comercial... ¡qué torta!
En fin, esta movida tiene tela. Un choque de titanes por el control del petróleo venezolano, con riesgo de afectar a terceros inocentes. ¿Cree usted que estas acciones de Estados Unidos son justificadas, o simplemente una provocación innecesaria que solo servirá para aumentar la inestabilidad en la región? ¿Y cómo afectará esto a nuestra economía, que depende tanto del comercio internacional? ¡Dígame, mael, qué piensa al respecto?
La movida es así: Según dicen, estos barcos estaban dando rodeos para evadir las sanciones que le pusieron a Venezuela hace tiempo. Uno, el Marinera, apareció misteriosamente entre Escocia e Islandia, cambiando de nombre y bandera como quien cambia de camisa. Pasó de llamarse Bella 1 a ponerle pabellón ruso, ¡como si eso fuera a solucionar el problema! El otro, el M/T Sofia, lo pillaron en medio del Caribe, navegando sin rumbo fijo, catalogado como parte de esa “flota fantasma” que anda dando vueltas por ahí, sin nadie que los reclame. Puro despiche.
Para entender la magnitud del asunto, hay que recordar que esto viene de una escalada de tensiones que lleva meses. El presidente Trump, antes de que le dieran el quite a Maduro, estaba acusando a Venezuela de usar estos barcos para pasar droga a Estados Unidos. Ahora, con Maduro capturado y todo, parece que quieren demostrar que siguen firmes en su cruzada contra el régimen chavista y cualquier barco que les haga cosquillas en el bolsillo.
Lo que más me preocupa es la reacción de Rusia. El Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, esos siempre con la lengua viperina, ya dijeron que están “preocupados” por lo sucedido y defienden que el barco operaba legalmente bajo bandera rusa. Dicen que la presencia militar de Estados Unidos y la OTAN en la zona es “desproporcionada.” ¡Uy, uy, uy! Parece que nos estamos metiendo en un brete internacional que no pinta nada bien.
Y no solo eso, resulta que la Guardia Costera americana ya había tratado de abordar el Bella 1 hace unas semanas, cuando sospechaban que iba de regreso a Venezuela. Pero el barco reaccionó rápido, cambió de ruta, nombre y bandera, ¡pero los gringos tienen ojo avizor! Seguían de cerca su recorrido. Expertos en temas marítimos dicen que cambiar la bandera no borra el historial del barco, que el número OMI es lo que importa, y ese no lo puedes cambiar tan fácil. Es como decir que cambias de apellido para escapar de tus deudas, ¡no funciona, mael!
Según fuentes, el Comando Sur está apoyando a las agencias civiles en esta cacería de barcos sancionados. Aseguran que mantienen una vigilancia constante y están listos para actuar. Eso suena bien en teoría, pero uno nunca sabe qué tan lejos estarán dispuestos a llegar. ¿Será que van a empezar a confiscar barcos a diestra y siniestra para justificar sus gastos militares?
Ahora, algunos analistas también advierten que estas maniobras podrían complicar los abordajes según la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar. Ya saben, esas reglas que se supone que todos deben seguir, pero que a veces se olvidan cuando hay intereses económicos de por medio. Esto podría generar más tensiones diplomáticas y demandas legales, ¡y nosotros aquí, viendo cómo se arman las cosas! Imaginen las repercusiones para Costa Rica, con nuestros barcos de pesca y transporte comercial... ¡qué torta!
En fin, esta movida tiene tela. Un choque de titanes por el control del petróleo venezolano, con riesgo de afectar a terceros inocentes. ¿Cree usted que estas acciones de Estados Unidos son justificadas, o simplemente una provocación innecesaria que solo servirá para aumentar la inestabilidad en la región? ¿Y cómo afectará esto a nuestra economía, que depende tanto del comercio internacional? ¡Dígame, mael, qué piensa al respecto?