¡Ay, Dios mío! Esto sí que es un agarrón. Una pareja, los Ocampo Badilla y Sandí Núñez, va a pasar tres meses tras las rejas preventivamente, señores. La jueza les dio la cárcel porque sospechan que andaban vendiendo droga en San Ramón. ¡Imagínate el panorama!
Según la Fiscalía, estos dos se dedicaron al negocio ilícito de vender crack desde noviembre del año pasado en Bajo Rodríguez. Ahí, en esa zona tranquila de San Ramón, parece que montaron su propio tinglado. Un brete, pa' que nos entendamos. Y ojo, que esto no es chisme, sino una investigación seria.
El Ministerio Público tuvo que poner manos a la obra y organizar un operativo para recolectar pruebas. Dicen que encontraron varias cositas que sirvieron pa’ armar el caso. El expediente lleva el número 25-002579-0065-PE, pa’ los abogados y curiosos que quieran echarle un vistazo. Pero vamos, que ya se ve clarito cuál es la vaya.
La Fiscalía contra el Narcotráfico, precisamente la sede de San Ramón, fue quien pidió que se les quedara la libertad bien amarradita, que no se vayan a escapar ni a seguir haciendo sus negocios turbios. Que se roben la pelota, le dijeron al juez. Y este, pues, viendo la cosa, decidió que lo mejor era meterlos pa’ investigarlos a fondo.
Ahora, uno se queda pensando qué tan grande era este negocio. ¿Andaban vendiendo a gran escala o eran unos revendedores chapuceros? ¿Quiénes eran sus proveedores? ¿Y cuánta gente más estaba involucrada en todo este movidón? Son preguntas que la Fiscalía tendrá que contestar durante la investigación.
Esto pasa en medio de tanta preocupación por el aumento de la violencia en el país, ¿eh? Uno pensaba que San Ramón era un pueblito tranquilo, donde lo peor que pasaba era si te robaban unas mandarinas del patio. Pero resulta que hasta ahí llegó la delincuencia organizada, buscando nuevos terrenos fértiles para sembrar su desgracia. Un verdadero papelón nacional.
Las autoridades han estado trabajando duro para combatir el narcotráfico, pero parece que siempre hay alguien listo para ocupar el vacío. Necesitamos más recursos, más policías, más programas sociales... ¡pero sobre todo, más conciencia ciudadana! Que la gente entienda que apoyar estas actividades es destruir nuestro propio futuro. Vamos, que estamos jugando con fuego, diay.
En fin, esta historia deja varios interrogantes en el aire. ¿Cómo pudo llegar un negocio de venta de drogas hasta un lugar como Bajo Rodríguez? ¿Será este caso la punta del iceberg de una red mucho mayor? ¿Y cómo podemos, como sociedad costarricense, evitar que estos delitos sigan arraigándose en nuestras comunidades? Díganos qué piensa usted al respecto en los comentarios, ¡queremos saber su opinión!
Según la Fiscalía, estos dos se dedicaron al negocio ilícito de vender crack desde noviembre del año pasado en Bajo Rodríguez. Ahí, en esa zona tranquila de San Ramón, parece que montaron su propio tinglado. Un brete, pa' que nos entendamos. Y ojo, que esto no es chisme, sino una investigación seria.
El Ministerio Público tuvo que poner manos a la obra y organizar un operativo para recolectar pruebas. Dicen que encontraron varias cositas que sirvieron pa’ armar el caso. El expediente lleva el número 25-002579-0065-PE, pa’ los abogados y curiosos que quieran echarle un vistazo. Pero vamos, que ya se ve clarito cuál es la vaya.
La Fiscalía contra el Narcotráfico, precisamente la sede de San Ramón, fue quien pidió que se les quedara la libertad bien amarradita, que no se vayan a escapar ni a seguir haciendo sus negocios turbios. Que se roben la pelota, le dijeron al juez. Y este, pues, viendo la cosa, decidió que lo mejor era meterlos pa’ investigarlos a fondo.
Ahora, uno se queda pensando qué tan grande era este negocio. ¿Andaban vendiendo a gran escala o eran unos revendedores chapuceros? ¿Quiénes eran sus proveedores? ¿Y cuánta gente más estaba involucrada en todo este movidón? Son preguntas que la Fiscalía tendrá que contestar durante la investigación.
Esto pasa en medio de tanta preocupación por el aumento de la violencia en el país, ¿eh? Uno pensaba que San Ramón era un pueblito tranquilo, donde lo peor que pasaba era si te robaban unas mandarinas del patio. Pero resulta que hasta ahí llegó la delincuencia organizada, buscando nuevos terrenos fértiles para sembrar su desgracia. Un verdadero papelón nacional.
Las autoridades han estado trabajando duro para combatir el narcotráfico, pero parece que siempre hay alguien listo para ocupar el vacío. Necesitamos más recursos, más policías, más programas sociales... ¡pero sobre todo, más conciencia ciudadana! Que la gente entienda que apoyar estas actividades es destruir nuestro propio futuro. Vamos, que estamos jugando con fuego, diay.
En fin, esta historia deja varios interrogantes en el aire. ¿Cómo pudo llegar un negocio de venta de drogas hasta un lugar como Bajo Rodríguez? ¿Será este caso la punta del iceberg de una red mucho mayor? ¿Y cómo podemos, como sociedad costarricense, evitar que estos delitos sigan arraigándose en nuestras comunidades? Díganos qué piensa usted al respecto en los comentarios, ¡queremos saber su opinión!