Ay, mi clave, la cosa está que arde. Parece que la bronca entre el Presidente Chaves y el diputado Robles se le puso peor, y ahora hasta economistas como Don Luis Paulino Vargas están sacando humito por el medio. El mae este, que ya sabe que no se anda con rodeos, soltó unas verdades bien pesadas sobre cómo el Presi' ha enrarecido el ambiente político con esos ataques personales.
Don Luisito, que él también pasó por el brete de ser candidato a la Vice, dice que las pelas que el Presidente ha estado echándole a Robles por andar hablando de su vida personal, van mucho más allá de una simple pelea política. Según él, esas ocurrencias tipo “la loca de Gandoca” han servido para darle aire a gente que piensa igual y que, aprovechándose de la situación, están metiendo pólvora al fuego y haciendo sentir mal a mucha gente.
Y ojo, que Robles siempre ha sido un pana de mantener su vida privada, privada. El mae este, por ética, nunca quiso meterse en esas vainas públicas, pero Don Luisito argumenta que en estos tiempos, callarse no es suficiente. Explica que, para los más viejitos, salir del clóset era un acto revolucionario, lleno de riesgo, pero necesario para vivir sin tapujos. Ahora, con toda esta onda de agresión verbal, el silencio puede convertirse en cómplice del problema.
Es que a estas alturas, quién no ha sentido el cambio en el ambiente. Antes, si alguien decía algo feo, te miraban raro. Ahora, parece que todos se están soltando la lengua con comentarios bajos, y el Presidente, según Don Luisito, ha hecho como que les da permiso para eso. Él lo pone como si fuera un megáfono pa’l odio, ampliando voces que antes estaban escondidas en la sombra.
El economista no anduvo con pelos en la lengua al decir que el respeto a Robles no tiene nada que ver con si es gay o heterosexual. Dice que se trata de respetar su trayectoria, su conducta y, sobre todo, dejarle vivir su vida tranquila. ¿Por qué demonios tenemos que estar juzgando a la gente por sus preferencias? Eso sí que es una lata, diay.
Ahora, la decisión de Robles de hablar públicamente de su relación, aunque hecha con discreción y sin buscar protagonismo, lleva implícito un mensaje político importante, especialmente considerando que aspira a la presidencia. Pero más allá de eso, Don Luisito destaca la ternura y la humanidad del acto, cosas que, según él, deberían ser valoradas en una democracia que se precie de ser inclusiva y civilizada. Esa es la vara, claro.
En fin, la situación pinta complicada. Parece que estamos regresando a tiempos más oscuros, donde la intolerancia y la discriminación levantan la cabeza. Y cuando alguien con la responsabilidad del Presidente alimenta ese tipo de actitudes, la cosa se pone aún más grave. Al final, el daño más grande no lo hacen los que vociferan insultos, sino aquellos que permiten que esos insultos se propaguen.
Y acá va la pregunta pa’ que calentemos el foro: ¿Crees que el Presidente realmente está promoviendo un clima de odio, o simplemente se trata de una confrontación política más aguda? ¿Hasta dónde llega la libertad de expresión cuando se cruza con el respeto a la dignidad humana? ¡Vamos a debatir, que esto necesita varios zumos!
Don Luisito, que él también pasó por el brete de ser candidato a la Vice, dice que las pelas que el Presidente ha estado echándole a Robles por andar hablando de su vida personal, van mucho más allá de una simple pelea política. Según él, esas ocurrencias tipo “la loca de Gandoca” han servido para darle aire a gente que piensa igual y que, aprovechándose de la situación, están metiendo pólvora al fuego y haciendo sentir mal a mucha gente.
Y ojo, que Robles siempre ha sido un pana de mantener su vida privada, privada. El mae este, por ética, nunca quiso meterse en esas vainas públicas, pero Don Luisito argumenta que en estos tiempos, callarse no es suficiente. Explica que, para los más viejitos, salir del clóset era un acto revolucionario, lleno de riesgo, pero necesario para vivir sin tapujos. Ahora, con toda esta onda de agresión verbal, el silencio puede convertirse en cómplice del problema.
Es que a estas alturas, quién no ha sentido el cambio en el ambiente. Antes, si alguien decía algo feo, te miraban raro. Ahora, parece que todos se están soltando la lengua con comentarios bajos, y el Presidente, según Don Luisito, ha hecho como que les da permiso para eso. Él lo pone como si fuera un megáfono pa’l odio, ampliando voces que antes estaban escondidas en la sombra.
El economista no anduvo con pelos en la lengua al decir que el respeto a Robles no tiene nada que ver con si es gay o heterosexual. Dice que se trata de respetar su trayectoria, su conducta y, sobre todo, dejarle vivir su vida tranquila. ¿Por qué demonios tenemos que estar juzgando a la gente por sus preferencias? Eso sí que es una lata, diay.
Ahora, la decisión de Robles de hablar públicamente de su relación, aunque hecha con discreción y sin buscar protagonismo, lleva implícito un mensaje político importante, especialmente considerando que aspira a la presidencia. Pero más allá de eso, Don Luisito destaca la ternura y la humanidad del acto, cosas que, según él, deberían ser valoradas en una democracia que se precie de ser inclusiva y civilizada. Esa es la vara, claro.
En fin, la situación pinta complicada. Parece que estamos regresando a tiempos más oscuros, donde la intolerancia y la discriminación levantan la cabeza. Y cuando alguien con la responsabilidad del Presidente alimenta ese tipo de actitudes, la cosa se pone aún más grave. Al final, el daño más grande no lo hacen los que vociferan insultos, sino aquellos que permiten que esos insultos se propaguen.
Y acá va la pregunta pa’ que calentemos el foro: ¿Crees que el Presidente realmente está promoviendo un clima de odio, o simplemente se trata de una confrontación política más aguda? ¿Hasta dónde llega la libertad de expresión cuando se cruza con el respeto a la dignidad humana? ¡Vamos a debatir, que esto necesita varios zumos!