Ay, Dios mío, qué vaina… Maryann Chavarría, una chica supernormal de Hatillo, quería cumplir el sueño de toda vida: tener su casita propia en Grecia. Trabajaba duro como diseñadora digital en Heredia y juntaba moritas pa’ lograrlo. Pero la cosa se le fue torcida, ¡tremendo despiche! Ahora, en lugar de disfrutar su hogar, anda peleándose con ingenieros y maestros de obras. Su historia es pa’ reflexionar, mae, porque parece que hay pura bronca en el negocio de la construcción por acá.
Todo comenzó el año pasado, con Maryann llena de ilusiones. Ya tenía el terreno listo y se asesoró con un ingeniero recomendado, quien le puso al contacto con un supuesto experto en obra. Ella, confiada, le echó mano a todo su ahorro, más un prestamo del banco. Un planazo, pensó ella. Pero resulta que el plan se fue al traste desde el primer mes. “Me parecía que todo iba a salir bien, teniá todos los papeles, todos los contactos… pero jala!”, comenta entre risas agrias.
Las primeras señales de alerta aparecieron rapidito: huecos en las paredes, tuberías que goteaban, paredes que parecían hechas con marmol. Al principio, los responsables le decían que era normal, que esas cosas pasaban. Pero la cosa fue escalando, mae. Paredes cayeron, muebles se rompieron, y la casa se convirtió en un caos absoluto. “Le decía al ingeniero ‘yo quiero construir esta casa, mi presupuesto es de 50 palos’. Él me dijo que sí, que alcanzaba. Me recomendó al maestro de obras… ¡qué sal!” exclama Maryann, visiblemente frustrada.
Y la cosa no paró ahí. Imagínate, la cochera salió empinada, con un desnivel de metro y medio, y hasta su propia madre se cayó ahí. Cuando su tío, que es maestro de obras, fue a ver la construcción, ¡casi se le da un infarto! Descubrió una catarata de problemas: tapia colapsada, muebles de cocina destrozados, tuberías reventadas inundando la casa... Una verdadera torta, diay. Ahora, Maryann ha tenido que invertir más de 20 millones extra en reparaciones urgentes. Según un peritaje, los daños podrían superar los 40 palos. ¡Una cifra de pelos!
Lo peor es que el ingeniero, al verse acorralado, se negó a hacerse responsable de las reparaciones. Maryann tuvo que recurrir a la vía legal, presentando una demanda por incumplimiento de contrato. Un brete, mae, un brete que la tiene agotada. Pero Maryann no se rinde. Está luchando con uñas y dientes para que la justicia prevalezca y para que otras personas no tengan que pasar por lo mismo. Ha documentado todo el proceso en TikTok, donde ha encontrado apoyo y consuelo. “A veces es una lloradita y a seguir…”, dice con resignación, pero con la mirada fija en la meta.
En medio de este lío, Maryann y su madre han ideado una forma creativa de recaudar fondos para las reparaciones: venden queques los fines de semana. Un esfuerzo titánico que demuestra su espíritu guerrero. “Estamos vendiendo queques, diay, ¿qué más nos queda?”, bromea Maryann, tratando de mantener la calma. Su número es 8780-3456 para quienes quieran echarle una manito, ¡pues ayúdenle, que la criatura se lo merece! Con toda esta reparación, ella dice que solo pudo contar con la ayuda de su tio y un ayudante.
Esta experiencia ha sido una dura lección de vida para Maryann. Aprendió a las malas que no siempre se puede confiar en los demás y que, a veces, incluso la familia puede traicionar nuestras expectativas. “No debí haber escuchado a mi tia sobre contratar a mi tio... Creo que eso fue una lección personal”. Pero a pesar de todo, Maryann sigue siendo optimista. Sigue trabajando en la reconstrucción de su casa, junto a su familia, y espera poder mudarse pronto. Es un ejemplo de perseverancia y determinación para todos nosotros.
Después de escuchar la historia de Maryann, ¿creen que las regulaciones en la industria de la construcción deberían ser más estrictas para proteger a los compradores de vivienda, o creen que cada persona debe investigar a fondo a sus contratistas antes de iniciar cualquier proyecto? Compartan sus opiniones y experiencias en el foro, ¡podemos aprender mucho de esto!
Todo comenzó el año pasado, con Maryann llena de ilusiones. Ya tenía el terreno listo y se asesoró con un ingeniero recomendado, quien le puso al contacto con un supuesto experto en obra. Ella, confiada, le echó mano a todo su ahorro, más un prestamo del banco. Un planazo, pensó ella. Pero resulta que el plan se fue al traste desde el primer mes. “Me parecía que todo iba a salir bien, teniá todos los papeles, todos los contactos… pero jala!”, comenta entre risas agrias.
Las primeras señales de alerta aparecieron rapidito: huecos en las paredes, tuberías que goteaban, paredes que parecían hechas con marmol. Al principio, los responsables le decían que era normal, que esas cosas pasaban. Pero la cosa fue escalando, mae. Paredes cayeron, muebles se rompieron, y la casa se convirtió en un caos absoluto. “Le decía al ingeniero ‘yo quiero construir esta casa, mi presupuesto es de 50 palos’. Él me dijo que sí, que alcanzaba. Me recomendó al maestro de obras… ¡qué sal!” exclama Maryann, visiblemente frustrada.
Y la cosa no paró ahí. Imagínate, la cochera salió empinada, con un desnivel de metro y medio, y hasta su propia madre se cayó ahí. Cuando su tío, que es maestro de obras, fue a ver la construcción, ¡casi se le da un infarto! Descubrió una catarata de problemas: tapia colapsada, muebles de cocina destrozados, tuberías reventadas inundando la casa... Una verdadera torta, diay. Ahora, Maryann ha tenido que invertir más de 20 millones extra en reparaciones urgentes. Según un peritaje, los daños podrían superar los 40 palos. ¡Una cifra de pelos!
Lo peor es que el ingeniero, al verse acorralado, se negó a hacerse responsable de las reparaciones. Maryann tuvo que recurrir a la vía legal, presentando una demanda por incumplimiento de contrato. Un brete, mae, un brete que la tiene agotada. Pero Maryann no se rinde. Está luchando con uñas y dientes para que la justicia prevalezca y para que otras personas no tengan que pasar por lo mismo. Ha documentado todo el proceso en TikTok, donde ha encontrado apoyo y consuelo. “A veces es una lloradita y a seguir…”, dice con resignación, pero con la mirada fija en la meta.
En medio de este lío, Maryann y su madre han ideado una forma creativa de recaudar fondos para las reparaciones: venden queques los fines de semana. Un esfuerzo titánico que demuestra su espíritu guerrero. “Estamos vendiendo queques, diay, ¿qué más nos queda?”, bromea Maryann, tratando de mantener la calma. Su número es 8780-3456 para quienes quieran echarle una manito, ¡pues ayúdenle, que la criatura se lo merece! Con toda esta reparación, ella dice que solo pudo contar con la ayuda de su tio y un ayudante.
Esta experiencia ha sido una dura lección de vida para Maryann. Aprendió a las malas que no siempre se puede confiar en los demás y que, a veces, incluso la familia puede traicionar nuestras expectativas. “No debí haber escuchado a mi tia sobre contratar a mi tio... Creo que eso fue una lección personal”. Pero a pesar de todo, Maryann sigue siendo optimista. Sigue trabajando en la reconstrucción de su casa, junto a su familia, y espera poder mudarse pronto. Es un ejemplo de perseverancia y determinación para todos nosotros.
Después de escuchar la historia de Maryann, ¿creen que las regulaciones en la industria de la construcción deberían ser más estrictas para proteger a los compradores de vivienda, o creen que cada persona debe investigar a fondo a sus contratistas antes de iniciar cualquier proyecto? Compartan sus opiniones y experiencias en el foro, ¡podemos aprender mucho de esto!