Ay, qué pesar... la cosa está dura para la familia Díaz Ramírez. La delegación de Aserrí está de luto, pues perdieron a un buenazo, don Álvaro Díaz Bonilla, padre de Marcela Díaz Ramírez, la entrenadora de taekwondo y promesa nacional. Lo alcanzaron a atropellar en Guápiles, justo donde andaba vendiendo mangos y copos con su esposa. ¡Una pena tremenda!
Don Álvaro, aparte de ser un gran esposo y padre, era figura querida en el barrio. Todos lo recuerdan como un hombre trabajador, siempre dispuesto a echarle una mano. Trabajaba con su esposa vendiendo fruta en la calle, pero cuando era tiempo de apoyar a su hija en las competencias, ahí se fajaba, dejando todo para estar presente. Era pura devoción, digámoslo así.
Según Marcela, en entrevista exclusiva con CR Hoy, el momento del accidente fue impactante. Estaban dentro del Polideportivo Rogelio Alvarado, terminando una competencia, cuando recibieron la llamada. "Lo primero que hice fue tirarme de rodillas y pedirle a Dios, con toda mi alma, que lo salvara," contó Marcela con la voz quebrada. "Me desbaraté las rodillas orando en la calle, pidiéndole a Dios que le diera un momentito más de vida."
Marcela relató cómo, pese al esfuerzo de los paramédicos y a su ferviente oración, Don Álvaro falleció. Dice que sintió un nudo en la garganta, pero que, confiando en Dios, aceptó la partida de su padre. "Le dije a Dios que, si era Su voluntad, que mi papi fuera a descansar. Fue duro, pero me quedo con los recuerdos bonitos."
Y vaya que hay muchos recuerdos bonitos. Marcela lo describe como el hombre perfecto, un ejemplo de amor, respeto y dedicación. "No lo digo por decir, es la pura verdad. Él me dio todo, a mi mamá, a mi hermano... nos crió con tanto cariño. Siempre nos trató como reyes y reinas.” Un mae chinerito como dice la gente, siempre pendiente de sus seres queridos.
Además, destacó el apoyo incondicional que siempre le brindó en sus competencias. “Siempre me acompañaba a todos lados, aunque estuviera chambeando a full. Él y mi mamá hacen unos mangos deliciosos, y siempre encontraba el momento de venir a verme. Verlo ahí, alentándome, me daba energía para seguir adelante”. Y vaya que necesitaba esa energía, ya que la competencia era clave para su futuro deportivo.
Ahora, la comunidad deportiva de Aserrí, amigos y familiares enfrentan este duelo con profunda tristeza. Las redes sociales se inundaron de mensajes de condolencias y reconocimiento a la trayectoria de Don Álvaro. Muchos recuerdan su sonrisa contagiosa y su espíritu solidario. Se organizarán actividades para honrar su memoria y brindar apoyo a Marcela y su familia en estos momentos difíciles. Que paren las máquinas, esto es un golpe duro para todos. Ya saben, la vida te puede dar sorpresas feisimas cuando menos te lo esperas.
Con todo este dolor y reflexión, me pregunto: ¿Cómo podemos como sociedad ofrecer mayor apoyo emocional a las familias que atraviesan situaciones traumáticas como esta? ¿Deberíamos fortalecer los servicios de salud mental y asesoramiento psicológico para deportistas y sus allegados?
Don Álvaro, aparte de ser un gran esposo y padre, era figura querida en el barrio. Todos lo recuerdan como un hombre trabajador, siempre dispuesto a echarle una mano. Trabajaba con su esposa vendiendo fruta en la calle, pero cuando era tiempo de apoyar a su hija en las competencias, ahí se fajaba, dejando todo para estar presente. Era pura devoción, digámoslo así.
Según Marcela, en entrevista exclusiva con CR Hoy, el momento del accidente fue impactante. Estaban dentro del Polideportivo Rogelio Alvarado, terminando una competencia, cuando recibieron la llamada. "Lo primero que hice fue tirarme de rodillas y pedirle a Dios, con toda mi alma, que lo salvara," contó Marcela con la voz quebrada. "Me desbaraté las rodillas orando en la calle, pidiéndole a Dios que le diera un momentito más de vida."
Marcela relató cómo, pese al esfuerzo de los paramédicos y a su ferviente oración, Don Álvaro falleció. Dice que sintió un nudo en la garganta, pero que, confiando en Dios, aceptó la partida de su padre. "Le dije a Dios que, si era Su voluntad, que mi papi fuera a descansar. Fue duro, pero me quedo con los recuerdos bonitos."
Y vaya que hay muchos recuerdos bonitos. Marcela lo describe como el hombre perfecto, un ejemplo de amor, respeto y dedicación. "No lo digo por decir, es la pura verdad. Él me dio todo, a mi mamá, a mi hermano... nos crió con tanto cariño. Siempre nos trató como reyes y reinas.” Un mae chinerito como dice la gente, siempre pendiente de sus seres queridos.
Además, destacó el apoyo incondicional que siempre le brindó en sus competencias. “Siempre me acompañaba a todos lados, aunque estuviera chambeando a full. Él y mi mamá hacen unos mangos deliciosos, y siempre encontraba el momento de venir a verme. Verlo ahí, alentándome, me daba energía para seguir adelante”. Y vaya que necesitaba esa energía, ya que la competencia era clave para su futuro deportivo.
Ahora, la comunidad deportiva de Aserrí, amigos y familiares enfrentan este duelo con profunda tristeza. Las redes sociales se inundaron de mensajes de condolencias y reconocimiento a la trayectoria de Don Álvaro. Muchos recuerdan su sonrisa contagiosa y su espíritu solidario. Se organizarán actividades para honrar su memoria y brindar apoyo a Marcela y su familia en estos momentos difíciles. Que paren las máquinas, esto es un golpe duro para todos. Ya saben, la vida te puede dar sorpresas feisimas cuando menos te lo esperas.
Con todo este dolor y reflexión, me pregunto: ¿Cómo podemos como sociedad ofrecer mayor apoyo emocional a las familias que atraviesan situaciones traumáticas como esta? ¿Deberíamos fortalecer los servicios de salud mental y asesoramiento psicológico para deportistas y sus allegados?