¡Ay, mi gente! Ya nos llegó la hora de reflexionar un poquito. Resulta que leyendo este mensaje del expresidente Miguel Ángel Rodríguez, uno se queda pensando… ¿A dónde vamos parar? Se pone a hablar de paz y buena voluntad, pero mirando alrededor, ¡qué despiche! Parece que estamos pegados en una espiral de violencia que no termina.
Verá usted, el señor Rodríguez, con toda la razón del mundo, recuerda cómo se celebraba el nacimiento del Niño Jesús, con ángeles anunciando paz y buena voluntad. ¡Qué contraste con lo que vemos hoy! Guerras por acá, asesinatos por allá, injusticia a mansalva… Uno diría que estamos retrocediendo en el tiempo, olvidando todo lo que supuestamente habíamos aprendido después de la Segunda Guerra Mundial. La ONU tratando de mantener la compostura, pero el mundo sigue acelerando la carrera armamentista, eso sí.
Lo triste es que mientras algunos países se preocupan por comprar jueguetes de guerra, hay poblaciones sufriendo horribles tragedias. Mire usted lo que pasa en Sudán, donde ya van más de 150 mil muertos y casi nueve millones de desplazados. Crimenes, masacres, todo por la disputa de tierras y poder. Y ni hablemos de Myanmar, del Sahel, Yemen, Haití… ¡Una lista interminable de sufrimientos! Parece que el mundo se hizo el dormido ante tanta desgracia. Y ahí, en medio de todo esto, aparece Gaza, una tragedia dentro de otra tragedia, con consecuencias que seguirán resonando por mucho tiempo.
¿Y qué pasa por acá en casa?, me pregunto yo... ¡Nosotros, la Suiza centroamericana!, nos hemos ido al traste en materia de seguridad. Según datos recientes, somos el segundo país más violento de Centroamérica. ¿Quién lo iba a imaginar hace cuatro años? ¡Qué sal! Uno se pregunta qué pasó con aquel sueño de Costa Rica, la nación desarme y modelo de convivencia pacífica. Al parecer, el crimen organizado se ha comido gran parte de lo que éramos. Los jóvenes matándose entre ellos, mafias tomando el control de territorios… ¡Un panorama deprimente!
Pero no todo está perdido, dice el señor Rodríguez. Él clama por el imperio de la buena voluntad, la civilización del amor. Fácil decirlo, pero ¿cómo llegamos a ese estado ideal? Pues, según él, transformándonos individualmente, cumpliendo con el mandato de amarnos unos a otros, hasta a nuestros enemigos. ¡Eso sí que es un reto, diay! Pero si cada quien hiciera su parte, quizás podríamos empezar a ver la luz al final del túnel.
Siendo realistas, el Estado necesita hacer su parte también. Monopolizar la fuerza, establecer reglas justas, proteger los derechos fundamentales y, sobre todo, limitarse a sí mismo a través de la institucionalidad del estado de derecho. Eso sí, reconoce el expresidente, esta solución es imperfecta, porque somos humanos, imperfectos. Por eso, debemos luchar constantemente por mejorar nuestras instituciones, tanto a nivel internacional como nacional, para enfrentar la criminalidad y evitar nuevas confrontaciones.
Las tareas no son fáciles ni rápidas, lo sabemos. Pero con el Año Nuevo a la vuelta de la esquina, con la violencia global a tope y la criminalidad acechando en cada esquina, estos son los desafíos más urgentes que tenemos por delante. Tenemos que darle duro al brete, maes, si queremos que Costa Rica vuelva a ser el país seguro y próspero que siempre soñamos tener. Hay que ponerle corazón y ganas, porque de nada sirve lamentarse sin actuar.
Así que, dígame, ¿usted cree que realmente podemos revertir esta tendencia negativa? ¿Cómo podemos construir una sociedad más justa y segura en Costa Rica, contribuyendo a un mundo con más paz y buena voluntad? Compartamos ideas y veamos si juntos podemos encontrar soluciones reales a este complejo escenario. ¡Vamos a echar picao!
Verá usted, el señor Rodríguez, con toda la razón del mundo, recuerda cómo se celebraba el nacimiento del Niño Jesús, con ángeles anunciando paz y buena voluntad. ¡Qué contraste con lo que vemos hoy! Guerras por acá, asesinatos por allá, injusticia a mansalva… Uno diría que estamos retrocediendo en el tiempo, olvidando todo lo que supuestamente habíamos aprendido después de la Segunda Guerra Mundial. La ONU tratando de mantener la compostura, pero el mundo sigue acelerando la carrera armamentista, eso sí.
Lo triste es que mientras algunos países se preocupan por comprar jueguetes de guerra, hay poblaciones sufriendo horribles tragedias. Mire usted lo que pasa en Sudán, donde ya van más de 150 mil muertos y casi nueve millones de desplazados. Crimenes, masacres, todo por la disputa de tierras y poder. Y ni hablemos de Myanmar, del Sahel, Yemen, Haití… ¡Una lista interminable de sufrimientos! Parece que el mundo se hizo el dormido ante tanta desgracia. Y ahí, en medio de todo esto, aparece Gaza, una tragedia dentro de otra tragedia, con consecuencias que seguirán resonando por mucho tiempo.
¿Y qué pasa por acá en casa?, me pregunto yo... ¡Nosotros, la Suiza centroamericana!, nos hemos ido al traste en materia de seguridad. Según datos recientes, somos el segundo país más violento de Centroamérica. ¿Quién lo iba a imaginar hace cuatro años? ¡Qué sal! Uno se pregunta qué pasó con aquel sueño de Costa Rica, la nación desarme y modelo de convivencia pacífica. Al parecer, el crimen organizado se ha comido gran parte de lo que éramos. Los jóvenes matándose entre ellos, mafias tomando el control de territorios… ¡Un panorama deprimente!
Pero no todo está perdido, dice el señor Rodríguez. Él clama por el imperio de la buena voluntad, la civilización del amor. Fácil decirlo, pero ¿cómo llegamos a ese estado ideal? Pues, según él, transformándonos individualmente, cumpliendo con el mandato de amarnos unos a otros, hasta a nuestros enemigos. ¡Eso sí que es un reto, diay! Pero si cada quien hiciera su parte, quizás podríamos empezar a ver la luz al final del túnel.
Siendo realistas, el Estado necesita hacer su parte también. Monopolizar la fuerza, establecer reglas justas, proteger los derechos fundamentales y, sobre todo, limitarse a sí mismo a través de la institucionalidad del estado de derecho. Eso sí, reconoce el expresidente, esta solución es imperfecta, porque somos humanos, imperfectos. Por eso, debemos luchar constantemente por mejorar nuestras instituciones, tanto a nivel internacional como nacional, para enfrentar la criminalidad y evitar nuevas confrontaciones.
Las tareas no son fáciles ni rápidas, lo sabemos. Pero con el Año Nuevo a la vuelta de la esquina, con la violencia global a tope y la criminalidad acechando en cada esquina, estos son los desafíos más urgentes que tenemos por delante. Tenemos que darle duro al brete, maes, si queremos que Costa Rica vuelva a ser el país seguro y próspero que siempre soñamos tener. Hay que ponerle corazón y ganas, porque de nada sirve lamentarse sin actuar.
Así que, dígame, ¿usted cree que realmente podemos revertir esta tendencia negativa? ¿Cómo podemos construir una sociedad más justa y segura en Costa Rica, contribuyendo a un mundo con más paz y buena voluntad? Compartamos ideas y veamos si juntos podemos encontrar soluciones reales a este complejo escenario. ¡Vamos a echar picao!