¡Ay, Dios mío, qué pelada nos cayó la noticia! El mundo del teatro y la cultura costarricense está de luto hoy. Don Luis Alberto Barahona Rivera, mejor conocido como 'Lucho' por todos nosotros, bajó el telón definitivamente a los 94 añitos. Un ícono, un maestro, un mae que le puso sabor a nuestra farándula durante décadas.
Para los más jóvenes, Lucho Barahona no era precisamente un influencer ni un reguetonero, sino un señorazo del teatro. Nacido allá en Santiago de Chile, se hizo tico por adopción y nunca abandonó este brete. Llegó a nuestro país en 1973, huyendo del quiebre político en su tierra natal, y desde entonces decidió echarle ganas al teatro independiente acá en Costa Rica. Se puede decir que con su llegada, aportó un pedazo importantísimo a nuestro panorama teatral.
Y hablando de teatro, ¿quién se olvida de 'La lucha de Lucho'? Ese programa de televisión que nos alegraba las tardes y noches a finales de los ochenta. Ahí demostró que además de dramaturgo, actor y director, tenía un don de gentes y podía conectar con el público de una manera especial. Era pura chispa, pura energía, diay, qué gusto era ver esos programas!
Pero su contribución no se quedó ahí, chunches. Formó a muchísimos artistas, inspiró a nuevas generaciones y dejó una huella imborrable en la vida cultural nacional. Siempre apoyando a los nuevos talentos, abriendo puertas y compartiendo sus conocimientos. Ese tipo sí que sabía cómo transmitir su pasión por el arte.
Hace poco, la Asamblea Legislativa le dio el reconocimiento de Ciudadano de Honor, y bien se lo merecía, por supuesto. Era un hombre que entregó toda su vida al arte y a la cultura de nuestro país. Una forma de reconocerlo por tanto esfuerzo y dedicación, porque él sí que le echó mantequilla a todo lo que hacía. Era un artista completo, un intelectual comprometido con su comunidad.
En los últimos tiempos, Lucho había dejado de vivir solito y estaba recibiendo atención en un asilo en San Pedro. Después de la partida de su compañero de vida, Luis Alvarado, a principios de este año, necesitaba un poquito más de apoyo, y eso es importante cuidarnos los viejitos, ¿verdad?
Ahora, el vacío que deja en el teatro es inmenso. Perdemos a un referente, a un mentor, a un amigo. Pero su legado vive en cada obra que ha escrito, en cada personaje que ha interpretado, en cada estudiante que ha inspirado. Nos quedarán siempre sus enseñanzas y su ejemplo de compromiso con el arte y la cultura. ¡Imagínate el impacto que tuvo en tantas personas!
Este es un momento para reflexionar sobre la importancia de valorar nuestros tesoros culturales mientras los tenemos. Lucho Barahona fue, sin duda alguna, uno de ellos. ¿Consideran que se le da suficiente espacio a las artes escénicas y al talento costarricense en general, o creen que deberíamos hacer más para apoyar a quienes nos enriquecen culturalmente?
Para los más jóvenes, Lucho Barahona no era precisamente un influencer ni un reguetonero, sino un señorazo del teatro. Nacido allá en Santiago de Chile, se hizo tico por adopción y nunca abandonó este brete. Llegó a nuestro país en 1973, huyendo del quiebre político en su tierra natal, y desde entonces decidió echarle ganas al teatro independiente acá en Costa Rica. Se puede decir que con su llegada, aportó un pedazo importantísimo a nuestro panorama teatral.
Y hablando de teatro, ¿quién se olvida de 'La lucha de Lucho'? Ese programa de televisión que nos alegraba las tardes y noches a finales de los ochenta. Ahí demostró que además de dramaturgo, actor y director, tenía un don de gentes y podía conectar con el público de una manera especial. Era pura chispa, pura energía, diay, qué gusto era ver esos programas!
Pero su contribución no se quedó ahí, chunches. Formó a muchísimos artistas, inspiró a nuevas generaciones y dejó una huella imborrable en la vida cultural nacional. Siempre apoyando a los nuevos talentos, abriendo puertas y compartiendo sus conocimientos. Ese tipo sí que sabía cómo transmitir su pasión por el arte.
Hace poco, la Asamblea Legislativa le dio el reconocimiento de Ciudadano de Honor, y bien se lo merecía, por supuesto. Era un hombre que entregó toda su vida al arte y a la cultura de nuestro país. Una forma de reconocerlo por tanto esfuerzo y dedicación, porque él sí que le echó mantequilla a todo lo que hacía. Era un artista completo, un intelectual comprometido con su comunidad.
En los últimos tiempos, Lucho había dejado de vivir solito y estaba recibiendo atención en un asilo en San Pedro. Después de la partida de su compañero de vida, Luis Alvarado, a principios de este año, necesitaba un poquito más de apoyo, y eso es importante cuidarnos los viejitos, ¿verdad?
Ahora, el vacío que deja en el teatro es inmenso. Perdemos a un referente, a un mentor, a un amigo. Pero su legado vive en cada obra que ha escrito, en cada personaje que ha interpretado, en cada estudiante que ha inspirado. Nos quedarán siempre sus enseñanzas y su ejemplo de compromiso con el arte y la cultura. ¡Imagínate el impacto que tuvo en tantas personas!
Este es un momento para reflexionar sobre la importancia de valorar nuestros tesoros culturales mientras los tenemos. Lucho Barahona fue, sin duda alguna, uno de ellos. ¿Consideran que se le da suficiente espacio a las artes escénicas y al talento costarricense en general, o creen que deberíamos hacer más para apoyar a quienes nos enriquecen culturalmente?