¡Ay, Dios mío! El recibimiento de este 2026 no ha sido precisamente de alfombra roja. Entre el cierre del año pasado y los primeros compases de este nuevo ciclo, nuestras carreteras se convirtieron en escenarios de tragedia, dejando al menos 21 personas heridas, algunas luchando por sus vidas. La Cruz Roja Costarricense tuvo que atender una oleada de emergencias que nos hace preguntarnos, ¿cuándo vamos a ponerle freno a esta espiral de accidentes?
Según el reporte oficial, desde las seis de la tarde del 31 de diciembre hasta las once de la mañana del primero de enero, los equipos de rescate corrieron de un lado a otro, atendiendo siniestros en todas las provincias del territorio nacional. La mayoría de estos incidentes, lastimosamente, involucraron atropellos y choques entre vehículos ligeros, motocicletas y bicicletas. Parece que la prisa y la falta de precaución volvieron a hacer de las suyas, manchando con sangre nuestra tradicional celebración.
Empecemos por Alajuela, donde a las 6:09 p.m., un pobre hombre recibió un golpe brutal de un carro. Lo trasladaron en condiciones críticas al Hospital San Rafael. Dos minutos después, en Buenos Aires de Puntarenas, una colisión entre un carro y una moto dejó a una mujer en estado peligroso. Y así sucesivamente... Carrillo de Guanacaste, Desamparados, San José Centro, Hatillo, Limón, Esparza – una lista interminable de lugares donde la desgracia tocó puertas.
Uno de los casos más impactantes ocurrió en El Guarco de Cartago, pasadas las dos de la mañana. Un choque entre un carro y una motocicleta resultó en la amputación completa de un brazo a un adulto. ¡Imagínense el impacto emocional! El afectado fue trasladado al Hospital Max Peralta, mientras que la comunidad entera se solidarizaba con él y su familia. Un brete tremendo, de esos que te dejan sin habla.
No solo hubo lesiones graves, también vimos vuelcos espectaculares, como el ocurrido en La Tigra de San Carlos, donde dos adultos resultaron heridos y tuvieron que ser trasladados en condición crítica al Hospital San Carlos. En Barva de Heredia, otra motocicleta terminó volcada, dejando a dos personas lesionadas, una de ellas peleando por su vida. La estadística, fría y despiadada, nos muestra una realidad preocupante: nuestra movilidad necesita urgentemente un cambio radical.
¿Y qué estamos haciendo al respecto? Claro, hay campañas de concientización, controles policiales ocasionales… Pero parece que no es suficiente. Quizás necesitamos endurecer las sanciones para quienes infringen las normas de tránsito, invertir en infraestructura vial segura y, sobre todo, cambiar la mentalidad de muchos conductores que parecen creer que la carretera es su patio trasero. Necesitamos priorizar la seguridad de todos, no solamente la rapidez de llegar a destino.
Este panorama nos obliga a reflexionar sobre nuestras responsabilidades como ciudadanos. No basta con reclamar mejores calles o más policías; cada uno de nosotros debemos asumir nuestro rol como peatones, ciclistas o conductores responsables. Reducir la velocidad, respetar las señales de tránsito, evitar distracciones al volante… Son acciones simples, pero que pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Vamos a pensar en esto, porque seguir así es irse al traste como país. La vara está alta, y tenemos mucho que mejorar.
Con este triste comienzo de año, surge la pregunta inevitable: ¿Estamos realmente comprometidos como sociedad a transformar nuestra cultura de tránsito y construir un futuro más seguro en nuestras carreteras? Compartan sus ideas y experiencias en los comentarios, ¡hagamos de este foro un espacio de reflexión y propuestas constructivas!
Según el reporte oficial, desde las seis de la tarde del 31 de diciembre hasta las once de la mañana del primero de enero, los equipos de rescate corrieron de un lado a otro, atendiendo siniestros en todas las provincias del territorio nacional. La mayoría de estos incidentes, lastimosamente, involucraron atropellos y choques entre vehículos ligeros, motocicletas y bicicletas. Parece que la prisa y la falta de precaución volvieron a hacer de las suyas, manchando con sangre nuestra tradicional celebración.
Empecemos por Alajuela, donde a las 6:09 p.m., un pobre hombre recibió un golpe brutal de un carro. Lo trasladaron en condiciones críticas al Hospital San Rafael. Dos minutos después, en Buenos Aires de Puntarenas, una colisión entre un carro y una moto dejó a una mujer en estado peligroso. Y así sucesivamente... Carrillo de Guanacaste, Desamparados, San José Centro, Hatillo, Limón, Esparza – una lista interminable de lugares donde la desgracia tocó puertas.
Uno de los casos más impactantes ocurrió en El Guarco de Cartago, pasadas las dos de la mañana. Un choque entre un carro y una motocicleta resultó en la amputación completa de un brazo a un adulto. ¡Imagínense el impacto emocional! El afectado fue trasladado al Hospital Max Peralta, mientras que la comunidad entera se solidarizaba con él y su familia. Un brete tremendo, de esos que te dejan sin habla.
No solo hubo lesiones graves, también vimos vuelcos espectaculares, como el ocurrido en La Tigra de San Carlos, donde dos adultos resultaron heridos y tuvieron que ser trasladados en condición crítica al Hospital San Carlos. En Barva de Heredia, otra motocicleta terminó volcada, dejando a dos personas lesionadas, una de ellas peleando por su vida. La estadística, fría y despiadada, nos muestra una realidad preocupante: nuestra movilidad necesita urgentemente un cambio radical.
¿Y qué estamos haciendo al respecto? Claro, hay campañas de concientización, controles policiales ocasionales… Pero parece que no es suficiente. Quizás necesitamos endurecer las sanciones para quienes infringen las normas de tránsito, invertir en infraestructura vial segura y, sobre todo, cambiar la mentalidad de muchos conductores que parecen creer que la carretera es su patio trasero. Necesitamos priorizar la seguridad de todos, no solamente la rapidez de llegar a destino.
Este panorama nos obliga a reflexionar sobre nuestras responsabilidades como ciudadanos. No basta con reclamar mejores calles o más policías; cada uno de nosotros debemos asumir nuestro rol como peatones, ciclistas o conductores responsables. Reducir la velocidad, respetar las señales de tránsito, evitar distracciones al volante… Son acciones simples, pero que pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Vamos a pensar en esto, porque seguir así es irse al traste como país. La vara está alta, y tenemos mucho que mejorar.
Con este triste comienzo de año, surge la pregunta inevitable: ¿Estamos realmente comprometidos como sociedad a transformar nuestra cultura de tránsito y construir un futuro más seguro en nuestras carreteras? Compartan sus ideas y experiencias en los comentarios, ¡hagamos de este foro un espacio de reflexión y propuestas constructivas!