¡Ay, Dios mío, qué bronca! Resulta que ahora nos andamos metiendo en unos líos bien gordos con Venezuela y unos señalamientos directos a don Nicolás Maduro. La Fiscalía de Nueva York lo ha puesto en la mira por temas de corrupción y hasta le atribuyen cosas raras con políticos de nuestros países vecinos. Esto ya pinta para un buen chinchorreo de noticias y opiniones fuertes, máng!
Según parece, la cosa va así: el señor Maduro y su gente habrían estado sobornando a políticos en Honduras, Nicaragua y Guatemala para que les dieran vía libre al negocio del narcotráfico. La DEA, esa siempre ojo avizor, tiene pruebas y documentos que muestran cómo el llamado ‘Cártel de los Soles’ –que nombre tan llamativo– operaba con complicidades a cambio de billetes verdes. Imagínate la maraña que eso implica, huele a pescado podrido, diay.
Lo que más preocupa es cómo esto podría afectarnos a nosotros, los ticos. En la acusación, sale a relucir el nombre de un abogado venezolano, Celso Gamboa, quien estaría implicado en los tratos con funcionarios de nuestro gobierno. Al parecer, este señor, que fue comisionado antidrogas y hasta ministro de Seguridad en Costa Rica, habría usado sus contactos acá para facilitar operaciones ilícitas. Qué barbaridad, pura sal, la verdad.
Un agente de la DEA, en una declaración jurada, cuenta que Gamboa le confesó haber sido director de inteligencia y ministro en Costa Rica, y que tenía contactos en el gobierno y en las fuerzas policiales. Según el agente, Gamboa usaba esos vínculos para conseguir información que le sirviera para ayudar a los narcos. Esto me pone a temblar, hace sentir que estamos nadando en aguas turbias y que la transparencia no es precisamente nuestra mayor virtud. Más vale prevenir que lamentar, ¿no?
La acusación tampoco escatima en nombres: aparece la esposa de Maduro, Cilia Flores; Diosdado Cabello, otro personaje importante del régimen venezolano; e incluso los hijos del presidente, Nicolás Maduro Guerra (apodado ‘Nicolasito’). Además, involucran a otras bandas criminales peligrosísimas como las FARC, el ELN, el Cártel de Sinaloa y los Zetas, que aparentemente estaban coordinando esfuerzos para sacar la droga de Venezuela y llevarla a Estados Unidos. Un brete de conexiones, vamos.
Y ni hablar del panorama general. Según la acusación, todos estos actores se enriquecieron a costa de la corrupción y el narcotráfico, financiando así su poder político y protegiéndose mutuamente. Es un círculo vicioso que alimenta la violencia, la impunidad y la desigualdad social. El caso es que ahora Maduro tendrá que enfrentar cargos en Estados Unidos, y la cosa promete estar interesante. Dicen que lo atraparon luego de un ataque en Cuba, de dónde salieron esas ramplas, vaya historia…
Estos acontecimientos tienen resonancia internacional, pero a nosotros nos toca analizarlo desde adentro. Hemos visto demasiadas veces cómo la política y el crimen organizado se dan la mano, y es hora de decir basta. Necesitamos fortalecer nuestras instituciones, exigir rendición de cuentas y combatir la corrupción con uñas y dientes. No podemos seguir permitiendo que unos cuantos se llenen los bolsillos a expensas del bienestar común. Más respeto por el esfuerzo honesto del pueblo, por favor.
Con todo este rollo, uno se queda pensando: ¿Realmente estamos haciendo lo suficiente para desenmascarar y castigar la corrupción en Costa Rica? ¿Confías en que las autoridades competentes investigarán a fondo estas denuncias y llegarán al fondo del asunto, o crees que esto quedará como agua de mar? Dale, cuéntame qué piensas tú, déjate salir, que es hora de conversar sobre esto.
Según parece, la cosa va así: el señor Maduro y su gente habrían estado sobornando a políticos en Honduras, Nicaragua y Guatemala para que les dieran vía libre al negocio del narcotráfico. La DEA, esa siempre ojo avizor, tiene pruebas y documentos que muestran cómo el llamado ‘Cártel de los Soles’ –que nombre tan llamativo– operaba con complicidades a cambio de billetes verdes. Imagínate la maraña que eso implica, huele a pescado podrido, diay.
Lo que más preocupa es cómo esto podría afectarnos a nosotros, los ticos. En la acusación, sale a relucir el nombre de un abogado venezolano, Celso Gamboa, quien estaría implicado en los tratos con funcionarios de nuestro gobierno. Al parecer, este señor, que fue comisionado antidrogas y hasta ministro de Seguridad en Costa Rica, habría usado sus contactos acá para facilitar operaciones ilícitas. Qué barbaridad, pura sal, la verdad.
Un agente de la DEA, en una declaración jurada, cuenta que Gamboa le confesó haber sido director de inteligencia y ministro en Costa Rica, y que tenía contactos en el gobierno y en las fuerzas policiales. Según el agente, Gamboa usaba esos vínculos para conseguir información que le sirviera para ayudar a los narcos. Esto me pone a temblar, hace sentir que estamos nadando en aguas turbias y que la transparencia no es precisamente nuestra mayor virtud. Más vale prevenir que lamentar, ¿no?
La acusación tampoco escatima en nombres: aparece la esposa de Maduro, Cilia Flores; Diosdado Cabello, otro personaje importante del régimen venezolano; e incluso los hijos del presidente, Nicolás Maduro Guerra (apodado ‘Nicolasito’). Además, involucran a otras bandas criminales peligrosísimas como las FARC, el ELN, el Cártel de Sinaloa y los Zetas, que aparentemente estaban coordinando esfuerzos para sacar la droga de Venezuela y llevarla a Estados Unidos. Un brete de conexiones, vamos.
Y ni hablar del panorama general. Según la acusación, todos estos actores se enriquecieron a costa de la corrupción y el narcotráfico, financiando así su poder político y protegiéndose mutuamente. Es un círculo vicioso que alimenta la violencia, la impunidad y la desigualdad social. El caso es que ahora Maduro tendrá que enfrentar cargos en Estados Unidos, y la cosa promete estar interesante. Dicen que lo atraparon luego de un ataque en Cuba, de dónde salieron esas ramplas, vaya historia…
Estos acontecimientos tienen resonancia internacional, pero a nosotros nos toca analizarlo desde adentro. Hemos visto demasiadas veces cómo la política y el crimen organizado se dan la mano, y es hora de decir basta. Necesitamos fortalecer nuestras instituciones, exigir rendición de cuentas y combatir la corrupción con uñas y dientes. No podemos seguir permitiendo que unos cuantos se llenen los bolsillos a expensas del bienestar común. Más respeto por el esfuerzo honesto del pueblo, por favor.
Con todo este rollo, uno se queda pensando: ¿Realmente estamos haciendo lo suficiente para desenmascarar y castigar la corrupción en Costa Rica? ¿Confías en que las autoridades competentes investigarán a fondo estas denuncias y llegarán al fondo del asunto, o crees que esto quedará como agua de mar? Dale, cuéntame qué piensas tú, déjate salir, que es hora de conversar sobre esto.