¡Ay, Dios mío, qué vaina! Natalia Díaz, la candidata de Unidos Podemos, le metió candela al debate educativo con una propuesta que dejó a más de uno boquiabierto. Quién iba a decir que íbamos a ver a alguien retar frontalmente al convenio centroamericano de los 200 días de clase, un tema que lleva años dando para agarrarse de pelos.
Para ponerlos al día, este convenio, que data de los años sesenta y se implementó acá en Costa Rica en 1997, busca uniformar los calendarios escolares de Centroamérica. Pero Díaz argumenta que, lejos de mejorar la calidad de la educación, nos ha dejado con un sistema pesado, burocrático y, a veces, hasta contraproducente. Dice que los maestros andan más atados a papeleos que enseñando de verdad, y que los alumnos tienen menos tiempo de recreo y descanso, lo cual afecta su aprendizaje.
La candidata no se anda con rodeos: "Costa Rica no necesita más días de clase escritos en un papel, sino un sistema educativo que funcione de verdad, que ordene la casa y que ponga al maestro en el lugar que merece". Y ahí va la bomba: propone eliminar el convenio, enfocándose en mejorar la calidad del proceso de enseñanza-aprendizaje, actualizando los programas de estudio y fortaleciendo la figura del profesor. Imagínense, ¡menos protocolos, más tiempo para la creatividad!
Pero ojo, esto no es tan sencillo como parece. El convenio está respaldado por tratados internacionales, y la Sala Constitucional ya ha dicho que estos tienen primacía sobre nuestras leyes nacionales. Esto significa que cualquier intento de modificarlo tendría que pasar por un proceso legal complejo y seguramente generaría debates encendidos entre abogados y expertos.
Además, hay quienes sostienen que reducir los días de clase podría afectar negativamente el ritmo de aprendizaje de los estudiantes, especialmente aquellos que necesitan más apoyo. También preocupa cómo se reestructuraría el calendario escolar y cómo se asegurarían los mismos niveles educativos en todas las escuelas del país. Parece que la cosa no está tan clara como la pinta.
Díaz, además, criticó duramente los contenidos educativos actuales, señalando que incluyen materias innecesarias y han descartado conocimientos fundamentales para la formación de los jóvenes. Afirma que se ha instalado una “cultura del pobrecito” que ha debilitado la autoridad de los maestros, obligándolos a trabajar con temor ante presiones legales e institucionales. Quiere empoderarlos, darles herramientas para hacer bien su trabajo, sin tanto apego a reglas rígidas.
Ahora, para entender un poco mejor la letra chica, el Convenio Centroamericano establece que los países firmantes deben tener un mínimo de 200 días de clase efectivos al año, con una jornada diaria no menor a cinco horas. Aunque suena simple, la implementación ha sido un verdadero brete para muchos colegios y escuelas. Algunos docentes se sienten agobiados por la cantidad de material que tienen que cubrir en poco tiempo, mientras que otros consideran que los estudiantes están saturados y pierden interés en aprender.
En fin, la propuesta de Natalia Díaz ha abierto una caja de Pandora llena de interrogantes y posibles soluciones. Parece que tendremos mucho de qué hablar en los próximos meses. ¿Será posible romper con el esquema tradicional de los 200 días de clase y construir un sistema educativo más eficiente y centrado en el estudiante? ¿Estamos realmente preparados para desafiar los tratados internacionales en aras de mejorar la calidad de la educación?
Para ponerlos al día, este convenio, que data de los años sesenta y se implementó acá en Costa Rica en 1997, busca uniformar los calendarios escolares de Centroamérica. Pero Díaz argumenta que, lejos de mejorar la calidad de la educación, nos ha dejado con un sistema pesado, burocrático y, a veces, hasta contraproducente. Dice que los maestros andan más atados a papeleos que enseñando de verdad, y que los alumnos tienen menos tiempo de recreo y descanso, lo cual afecta su aprendizaje.
La candidata no se anda con rodeos: "Costa Rica no necesita más días de clase escritos en un papel, sino un sistema educativo que funcione de verdad, que ordene la casa y que ponga al maestro en el lugar que merece". Y ahí va la bomba: propone eliminar el convenio, enfocándose en mejorar la calidad del proceso de enseñanza-aprendizaje, actualizando los programas de estudio y fortaleciendo la figura del profesor. Imagínense, ¡menos protocolos, más tiempo para la creatividad!
Pero ojo, esto no es tan sencillo como parece. El convenio está respaldado por tratados internacionales, y la Sala Constitucional ya ha dicho que estos tienen primacía sobre nuestras leyes nacionales. Esto significa que cualquier intento de modificarlo tendría que pasar por un proceso legal complejo y seguramente generaría debates encendidos entre abogados y expertos.
Además, hay quienes sostienen que reducir los días de clase podría afectar negativamente el ritmo de aprendizaje de los estudiantes, especialmente aquellos que necesitan más apoyo. También preocupa cómo se reestructuraría el calendario escolar y cómo se asegurarían los mismos niveles educativos en todas las escuelas del país. Parece que la cosa no está tan clara como la pinta.
Díaz, además, criticó duramente los contenidos educativos actuales, señalando que incluyen materias innecesarias y han descartado conocimientos fundamentales para la formación de los jóvenes. Afirma que se ha instalado una “cultura del pobrecito” que ha debilitado la autoridad de los maestros, obligándolos a trabajar con temor ante presiones legales e institucionales. Quiere empoderarlos, darles herramientas para hacer bien su trabajo, sin tanto apego a reglas rígidas.
Ahora, para entender un poco mejor la letra chica, el Convenio Centroamericano establece que los países firmantes deben tener un mínimo de 200 días de clase efectivos al año, con una jornada diaria no menor a cinco horas. Aunque suena simple, la implementación ha sido un verdadero brete para muchos colegios y escuelas. Algunos docentes se sienten agobiados por la cantidad de material que tienen que cubrir en poco tiempo, mientras que otros consideran que los estudiantes están saturados y pierden interés en aprender.
En fin, la propuesta de Natalia Díaz ha abierto una caja de Pandora llena de interrogantes y posibles soluciones. Parece que tendremos mucho de qué hablar en los próximos meses. ¿Será posible romper con el esquema tradicional de los 200 días de clase y construir un sistema educativo más eficiente y centrado en el estudiante? ¿Estamos realmente preparados para desafiar los tratados internacionales en aras de mejorar la calidad de la educación?