Mijo, déjame contarte una cosita que te va a dejar boquiabierto. Resulta que mientras algunos siguen debatiéndose si el cambio climático es un “cuento”, nosotros, los ticos, ya le hemos metido unos $1.130 millones de dólares para tratar de apagar los incendios… literalmente. Y eso, pa’ mi entender, es más que suficiente para sacudirnos de la pereza y empezar a actuar.
El diputado Manuel Morales, ese sí que sabe poner las cosas claras, le soltó unas verdades al Congreso la semana pasada. Dijo que la gente anda minimizando la crisis porque somos un país chiquito, un famoso 0.03% de las emisiones globales. Pero él les respondió, con toda la razón del mundo: "Nuestra huella de carbono puede ser pequeña, pero el clima no conoce de pasaportes". ¡Digo, obvio, mae!
Porque, ¿qué pasa cuando llueve a cántaros y se lleva la carretera de Cambronero? ¿O cuando el Embalse Arenal casi se seca y tuvimos que prender búnker para tener luz? ¡Eso nos cuesta una fortuna! Y ni hablemos de las cosechas de café en Los Santos que se van al garete por culpa del clima loco. Esa plata que usamos para reparar daños podría estar invirtiéndola en escuelas nuevas, hospitales, ¡y hasta en mejorar nuestras carreteras!
Y ahí radica el verdadero problema: seguimos pensando en el corto plazo. Nos preocupamos más por los votos que por el futuro de nuestros hijos. Algunos políticos siguen prometiendo desarrollo sin importarles el impacto ambiental, y eso es una pura mentira. Porque, dígame usted, ¿qué desarrollo podemos tener si todos los años estamos lidiando con desastres naturales?
Pero ojo, que esto no es solo un problema económico, también es un asunto de imagen. Costa Rica siempre se ha jactado de ser un líder verde, un ejemplo para el mundo. ¡Pero cómo vamos a mantener esa reputación si seguimos negando la evidencia científica y dilapidando recursos en soluciones improvisadas? La “marca país” es nuestro mayor activo, y tenemos que cuidarla como si fuera el chunche más preciado.
Piensen en el turismo, mijos. ¿Quién quiere venir a visitar un país donde llueve torrencialmente y las carreteras están intransitables? ¿O dónde los agricultores no saben cuándo sembrar ni cosechar? Nadie. Y tampoco vamos a atraer inversión extranjera si nuestra matriz energética es inestable y dependemos del búnker. ¡Vamos a espantar a los inversionistas!
Además, no olvidemos que el financiamiento internacional depende de nuestra credibilidad. Los bonos verdes y los fondos de cooperación internacional solo llegan a aquellos países que demuestran un compromiso real con la sostenibilidad. Y si seguimos actuando como si nada estuviera pasando, nos quedaremos sin esa ayuda.
Así que, mijos, la pregunta es: ¿Estamos dispuestos a seguir pagando la factura del cambio climático con nuestro bolsillo y nuestro futuro? ¿O vamos a despertar y exigir a nuestros gobernantes que tomen medidas reales y urgentes para proteger nuestro planeta y garantizar un futuro próspero para las próximas generaciones? ¡Díganme qué piensan en el foro!
El diputado Manuel Morales, ese sí que sabe poner las cosas claras, le soltó unas verdades al Congreso la semana pasada. Dijo que la gente anda minimizando la crisis porque somos un país chiquito, un famoso 0.03% de las emisiones globales. Pero él les respondió, con toda la razón del mundo: "Nuestra huella de carbono puede ser pequeña, pero el clima no conoce de pasaportes". ¡Digo, obvio, mae!
Porque, ¿qué pasa cuando llueve a cántaros y se lleva la carretera de Cambronero? ¿O cuando el Embalse Arenal casi se seca y tuvimos que prender búnker para tener luz? ¡Eso nos cuesta una fortuna! Y ni hablemos de las cosechas de café en Los Santos que se van al garete por culpa del clima loco. Esa plata que usamos para reparar daños podría estar invirtiéndola en escuelas nuevas, hospitales, ¡y hasta en mejorar nuestras carreteras!
Y ahí radica el verdadero problema: seguimos pensando en el corto plazo. Nos preocupamos más por los votos que por el futuro de nuestros hijos. Algunos políticos siguen prometiendo desarrollo sin importarles el impacto ambiental, y eso es una pura mentira. Porque, dígame usted, ¿qué desarrollo podemos tener si todos los años estamos lidiando con desastres naturales?
Pero ojo, que esto no es solo un problema económico, también es un asunto de imagen. Costa Rica siempre se ha jactado de ser un líder verde, un ejemplo para el mundo. ¡Pero cómo vamos a mantener esa reputación si seguimos negando la evidencia científica y dilapidando recursos en soluciones improvisadas? La “marca país” es nuestro mayor activo, y tenemos que cuidarla como si fuera el chunche más preciado.
Piensen en el turismo, mijos. ¿Quién quiere venir a visitar un país donde llueve torrencialmente y las carreteras están intransitables? ¿O dónde los agricultores no saben cuándo sembrar ni cosechar? Nadie. Y tampoco vamos a atraer inversión extranjera si nuestra matriz energética es inestable y dependemos del búnker. ¡Vamos a espantar a los inversionistas!
Además, no olvidemos que el financiamiento internacional depende de nuestra credibilidad. Los bonos verdes y los fondos de cooperación internacional solo llegan a aquellos países que demuestran un compromiso real con la sostenibilidad. Y si seguimos actuando como si nada estuviera pasando, nos quedaremos sin esa ayuda.
Así que, mijos, la pregunta es: ¿Estamos dispuestos a seguir pagando la factura del cambio climático con nuestro bolsillo y nuestro futuro? ¿O vamos a despertar y exigir a nuestros gobernantes que tomen medidas reales y urgentes para proteger nuestro planeta y garantizar un futuro próspero para las próximas generaciones? ¡Díganme qué piensan en el foro!