¡Aguante!, señores, porque esto está feísimo. La Fiscalía ha ido destapando una vaina bien turbia relacionada con esas redes de ‘gota a gota’ que nos tienen agarrados. Resulta que no era solo prestar platas con intereses exorbitantes, sino que también andaban metidos en secuestro y trata de personas. Una combinación que te hace sentir mal ahí adentro, ¿me entienden?
Todo empezó con la desaparición de un muchacho de 13 años allá por diciembre del año pasado en pleno centro de Cartago. Su familia estaba desesperada, pidiendo plata –entre seis y siete millones– para que lo liberaran. Imagínense el estrés que debió haber vivido esa gente, tener que juntarle billetes así pa’ pagar el rescate de su propio hijo. ¡Qué sal!
La Fuerza Pública, haciendo bien su brete, encontró al nene en Bajo Piuses, atado y golpeado, como si fuera un paquete. Al principio pensaron que era una bronca familiar, pero pronto descubrieron que era mucho peor: un secuestro extorsivo. Por suerte, el muchacho salió con vida, pero la cosa no terminó ahí. El OIJ siguió picoteando y encontró otra vara aún más macabra.
Resulta que, hacía unos años, una muchacha de 15 había sido entregada como parte del pago de una deuda que tenía su mamá. Esa deuda, que comenzó en cien mil colones, se infló hasta alcanzar cifras estratosféricas gracias a los famosos intereses de la ‘gota a gota’. ¡Imagínense la carga que debió sentirse esa chica!
La pobre jovencita estuvo casi cuatro años trabajando a punta de codazos en distintos negocios y, según las primeras investigaciones, también en actividades ilegales. Logró escaparse con la ayuda de una vecina, huyendo hasta Cartago. Pero estos tipejos no se rindieron fácil. Fueron tras ella para ubicarla, y eso precisamente desencadenó el secuestro del niño de 13 años, hijo de quien la ayudó a escapar. ¡Qué torta!
El Organismo de Investigación Judicial (OIJ) hizo varias entradas a domicilios en Goicoechea, Tibás, Guadalupe y Purral. Encontraron pruebas claves y detuvieron a cuatro personas: dos que ya estaban bajo sospecha por el secuestro y otras dos durante los allanamientos de este lunes. Ahora están a disposición del Ministerio Público, esperando ver qué les toca. Esperemos que les caiga la ley encima, porque lo que hicieron es inaceptable.
Este caso pinta para ser un dolor de cabeza para las autoridades, porque seguramente hay muchos más involucrados. Estos tipos operan como unas hormigas, con una red muy complicada que se extiende por toda la zona central. Además, pone de manifiesto la vulnerabilidad de muchas familias atrapadas en estas trampas financieras informales. La ‘gota a gota’ sigue siendo una plaga que debemos combatir con uñas y dientes, porque destroza vidas y alimenta la delincuencia.
Ahora, me pregunto… ¿Cómo podemos proteger mejor a nuestras familias de caer en estas redes predatorias y qué medidas debería tomar el gobierno para regular y controlar estas prácticas abusivas? ¿Ustedes creen que es suficiente con aumentar los controles policiales o necesitamos una reforma legal más profunda para erradicar este problema de raíz?
Todo empezó con la desaparición de un muchacho de 13 años allá por diciembre del año pasado en pleno centro de Cartago. Su familia estaba desesperada, pidiendo plata –entre seis y siete millones– para que lo liberaran. Imagínense el estrés que debió haber vivido esa gente, tener que juntarle billetes así pa’ pagar el rescate de su propio hijo. ¡Qué sal!
La Fuerza Pública, haciendo bien su brete, encontró al nene en Bajo Piuses, atado y golpeado, como si fuera un paquete. Al principio pensaron que era una bronca familiar, pero pronto descubrieron que era mucho peor: un secuestro extorsivo. Por suerte, el muchacho salió con vida, pero la cosa no terminó ahí. El OIJ siguió picoteando y encontró otra vara aún más macabra.
Resulta que, hacía unos años, una muchacha de 15 había sido entregada como parte del pago de una deuda que tenía su mamá. Esa deuda, que comenzó en cien mil colones, se infló hasta alcanzar cifras estratosféricas gracias a los famosos intereses de la ‘gota a gota’. ¡Imagínense la carga que debió sentirse esa chica!
La pobre jovencita estuvo casi cuatro años trabajando a punta de codazos en distintos negocios y, según las primeras investigaciones, también en actividades ilegales. Logró escaparse con la ayuda de una vecina, huyendo hasta Cartago. Pero estos tipejos no se rindieron fácil. Fueron tras ella para ubicarla, y eso precisamente desencadenó el secuestro del niño de 13 años, hijo de quien la ayudó a escapar. ¡Qué torta!
El Organismo de Investigación Judicial (OIJ) hizo varias entradas a domicilios en Goicoechea, Tibás, Guadalupe y Purral. Encontraron pruebas claves y detuvieron a cuatro personas: dos que ya estaban bajo sospecha por el secuestro y otras dos durante los allanamientos de este lunes. Ahora están a disposición del Ministerio Público, esperando ver qué les toca. Esperemos que les caiga la ley encima, porque lo que hicieron es inaceptable.
Este caso pinta para ser un dolor de cabeza para las autoridades, porque seguramente hay muchos más involucrados. Estos tipos operan como unas hormigas, con una red muy complicada que se extiende por toda la zona central. Además, pone de manifiesto la vulnerabilidad de muchas familias atrapadas en estas trampas financieras informales. La ‘gota a gota’ sigue siendo una plaga que debemos combatir con uñas y dientes, porque destroza vidas y alimenta la delincuencia.
Ahora, me pregunto… ¿Cómo podemos proteger mejor a nuestras familias de caer en estas redes predatorias y qué medidas debería tomar el gobierno para regular y controlar estas prácticas abusivas? ¿Ustedes creen que es suficiente con aumentar los controles policiales o necesitamos una reforma legal más profunda para erradicar este problema de raíz?