¡Ay, Dios mío, qué bronca! Esta historia te llega fría, vamos a tocarle al caso de Randall Gamboa, un tipo que salió buscando el sueño americano y terminó volviendo a casa en unas condiciones… pues, ni me imaginen. The Guardian, sí, ese medio inglés serio, destapó el caso, y pa’ mi, huele a podrido toda esta movida.
Resulta que Gamboa, un maquina de Pérez Zeledón, se fue pa' Estados Unidos en el 2024. Según cuenta la vaina, estaba sanote, comiendo rico y trabajando duro, haciendo macanas como cualquier otro tico que va ahí buscando mejorarle la vida. Pero las cosas se torcieron rapidísimo. Lo agarraron allá, le pusieron trabas, y bueno, la historia se puso cuesta arriba.
Lo recluyeron primero en un sitio pa’ los ilegales en Laredo, Texas, luego lo mandaron pa’ otro lado en Los Fresnos. Casi un año ahí, en dimes y diretes, hasta que la banda del Trump, que ya saben cómo son, lo sacaron de allá en una ambulancia volante, directo pa’ San José. ¡Imagínate el viaje! Se supone que iba a encontrar alivio, pero resultó siendo lo peor que le pudo pasar.
Al llegar a Costa Rica, el pobre Randall seguía durmiendo, prácticamente inconsciente. Sus familiares, desesperados, trataban de averiguar qué había pasado, pero no encontraban respuesta alguna. Cinco semanas después, lo declararon muerto en un hospital en su pueblo natal. ¡Una pena tremenda, diay!
La hermana menor de Randall, Greidy Mata, ha estado luchando para que alguien les explique qué pasó realmente. Dice que hablan con él por videollamada y que siempre estaba bien, hasta que desapareció misteriosamente. '¿Cómo es posible que un hombre que salió sano, robusto, regresara así?', se pregunta ella, con toda la razón del mundo. ¡Es que claro, mae! Eso no se entiende, ni queriéndolo entender.
Pero lo más raro viene ahora, porque según unos papeles del ICE –el famoso servicio de inmigración gringo–, al tipo le estaban dando tranquilizantes y antidepresivos. ¡Antidepresivos! La familia dice que Randall nunca tuvo problemas de salud mental, que era un mae normal, trabajador y alegre. Entonces, ¿qué onda con esos medicamentos? ¿Se los dieron sin motivo aparente? ¿Le hicieron daño? Esto huele a pescado rancio, chunches.
Las autoridades estadounidenses, con su rollo frío y distantes, dicen que le diagnosticaron ‘psicosis no especificada’ y que necesitaba atención médica. Claro, facilito decirlo desde la oficina. Además, mencionan que tenía otros diez padecimientos, incluyendo sepsis y rabdomiólisis, cosas graves que te dejan viendo estrellitas. Pero eso no explica cómo llegó a estar así, especialmente si la familia asegura que estaba bien antes de meterlo en esa vaina. En fin, ¡qué despiche!
El Gobierno de Costa Rica ha prometido investigar lo sucedido, pero hasta ahora, nada concreto. Dicen que están haciendo gestiones, pero la verdad, no sabemos qué han hecho exactamente. Este caso nos deja pensando: ¿cómo es posible que un sistema que se supone que protege a las personas pueda causarles tanto daño? ¿Es justo que un hombre pierda la vida de esta manera, persiguiendo un sueño que terminó en tragedia? Compañeros, ¿creen que nuestras autoridades deberían exigir una investigación mucho más profunda a las autoridades americanas, o estamos conformándonos con promesas vacías?
Resulta que Gamboa, un maquina de Pérez Zeledón, se fue pa' Estados Unidos en el 2024. Según cuenta la vaina, estaba sanote, comiendo rico y trabajando duro, haciendo macanas como cualquier otro tico que va ahí buscando mejorarle la vida. Pero las cosas se torcieron rapidísimo. Lo agarraron allá, le pusieron trabas, y bueno, la historia se puso cuesta arriba.
Lo recluyeron primero en un sitio pa’ los ilegales en Laredo, Texas, luego lo mandaron pa’ otro lado en Los Fresnos. Casi un año ahí, en dimes y diretes, hasta que la banda del Trump, que ya saben cómo son, lo sacaron de allá en una ambulancia volante, directo pa’ San José. ¡Imagínate el viaje! Se supone que iba a encontrar alivio, pero resultó siendo lo peor que le pudo pasar.
Al llegar a Costa Rica, el pobre Randall seguía durmiendo, prácticamente inconsciente. Sus familiares, desesperados, trataban de averiguar qué había pasado, pero no encontraban respuesta alguna. Cinco semanas después, lo declararon muerto en un hospital en su pueblo natal. ¡Una pena tremenda, diay!
La hermana menor de Randall, Greidy Mata, ha estado luchando para que alguien les explique qué pasó realmente. Dice que hablan con él por videollamada y que siempre estaba bien, hasta que desapareció misteriosamente. '¿Cómo es posible que un hombre que salió sano, robusto, regresara así?', se pregunta ella, con toda la razón del mundo. ¡Es que claro, mae! Eso no se entiende, ni queriéndolo entender.
Pero lo más raro viene ahora, porque según unos papeles del ICE –el famoso servicio de inmigración gringo–, al tipo le estaban dando tranquilizantes y antidepresivos. ¡Antidepresivos! La familia dice que Randall nunca tuvo problemas de salud mental, que era un mae normal, trabajador y alegre. Entonces, ¿qué onda con esos medicamentos? ¿Se los dieron sin motivo aparente? ¿Le hicieron daño? Esto huele a pescado rancio, chunches.
Las autoridades estadounidenses, con su rollo frío y distantes, dicen que le diagnosticaron ‘psicosis no especificada’ y que necesitaba atención médica. Claro, facilito decirlo desde la oficina. Además, mencionan que tenía otros diez padecimientos, incluyendo sepsis y rabdomiólisis, cosas graves que te dejan viendo estrellitas. Pero eso no explica cómo llegó a estar así, especialmente si la familia asegura que estaba bien antes de meterlo en esa vaina. En fin, ¡qué despiche!
El Gobierno de Costa Rica ha prometido investigar lo sucedido, pero hasta ahora, nada concreto. Dicen que están haciendo gestiones, pero la verdad, no sabemos qué han hecho exactamente. Este caso nos deja pensando: ¿cómo es posible que un sistema que se supone que protege a las personas pueda causarles tanto daño? ¿Es justo que un hombre pierda la vida de esta manera, persiguiendo un sueño que terminó en tragedia? Compañeros, ¿creen que nuestras autoridades deberían exigir una investigación mucho más profunda a las autoridades americanas, o estamos conformándonos con promesas vacías?