¡Qué pena tremenda, raza! El mundo ha perdido una voz invaluable, una mujer que vivió experiencias que ni nos imaginamos. Eva Schloss, la hermanastra póstuma de Ana Frank, falleció en Londres a los 96 años, dejando atrás un legado gigante de memoria y lucha contra el odio. La noticia cayó como un balde de agua fría, pero también con la certeza de que su mensaje seguirá vivo por generaciones.
Para los que no estén al tanto, Eva Geiringer, así se llamaba antes de casarse, nació en Viena, Austria, allá por 1929. Imagínense, ¡una jovencita cuando Hitler empezó a hacer de las suyas! Su familia, judía, tuvo que huir buscando refugio primero en Bélgica y luego en Ámsterdam, justo enfrente de la casa donde vivía la famosísima Ana Frank. ¡Un dato increíble, diay!
Y aquí viene la parte que te pone la piel de gallina: las dos niñas, prácticamente de la misma edad, jugaban juntas. Se hacían amigas, compartían secretos… Cosas de chicas. Pero la vida les tenía preparada una pesadilla indescriptible. En 1942, ambas familias se vieron obligadas a esconderse para escapar de la persecución nazi, un brete que terminó abruptamente cuando Eva y su familia fueron traicionados por un fulero.
El día que cumplió 15 años, la agarraron y la enviaron directamente al infierno: Auschwitz. Separada de su papá y su hermano, que lamentablemente no sobrevivieron, pero milagrosamente logró mantenerse en contacto con su mamá. Después de pasar por ese calvario, llegó la liberación, y Eva, con la fuerza que caracteriza a los ticos, decidió rehacer su vida en Londres, donde estudió y conoció a su esposo, Zvi Schloss. ¡Una historia de resiliencia digna de película!
La historia sigue teniendo giros inesperados: la mamá de Eva volvió a Ámsterdam y se casó con Otto Frank, el papá de Ana. ¡Imagínense el parentesco! El resto es historia conocida: los Schloss obtuvieron la nacionalidad británica y tuvieron tres hijas. Además, Eva recuperó su nacionalidad austriaca en 2021, ya usted con 92 añitos, demostrando que nunca es tarde para reivindicar tus raíces. Ella se dedicó a contar su historia por el mundo entero, escribiendo libros y hablando en escuelas y universidades, porque entendió que la memoria es la mejor arma contra el olvido y la intolerancia. Le otorgaron la Orden del Imperio Británico, qué honor bien merecido.
Desde 1990, fundó la organización Anne Frank UK, precisamente para llevar el mensaje de Ana Frank a las nuevas generaciones y combatir los prejuicios. Esta organización ha hecho un trabajo enorme para educar a los jóvenes sobre el Holocausto y promover la comprensión intercultural. El Rey Carlos III y la Reina Camilla, quienes conocieron personalmente a Eva, expresaron su profundo pesar por su partida, reconociendo su invaluable contribución a la paz y la justicia. ¡Qué grande, Eva!
La vida de Eva Schloss es un testimonio desgarrador pero inspirador de cómo la esperanza puede florecer incluso en los momentos más oscuros. Nos recuerda la importancia de recordar el pasado para construir un futuro mejor, donde la discriminación y el odio no tengan cabida. Su legado perdurará en las miles de personas que han sido tocadas por su historia, impulsándolas a defender los valores de la tolerancia, el respeto y la dignidad humana. ¡Una verdadera heroína!
Ahora me pregunto, mis queridos lectores: ¿Cómo creen que podemos, desde Costa Rica, mantener viva la memoria del Holocausto y asegurar que las nuevas generaciones comprendan la importancia de luchar contra toda forma de discriminación y antisemitismo? ¡Déjenme sus opiniones en los comentarios y construyamos juntos un espacio de reflexión y aprendizaje!
Para los que no estén al tanto, Eva Geiringer, así se llamaba antes de casarse, nació en Viena, Austria, allá por 1929. Imagínense, ¡una jovencita cuando Hitler empezó a hacer de las suyas! Su familia, judía, tuvo que huir buscando refugio primero en Bélgica y luego en Ámsterdam, justo enfrente de la casa donde vivía la famosísima Ana Frank. ¡Un dato increíble, diay!
Y aquí viene la parte que te pone la piel de gallina: las dos niñas, prácticamente de la misma edad, jugaban juntas. Se hacían amigas, compartían secretos… Cosas de chicas. Pero la vida les tenía preparada una pesadilla indescriptible. En 1942, ambas familias se vieron obligadas a esconderse para escapar de la persecución nazi, un brete que terminó abruptamente cuando Eva y su familia fueron traicionados por un fulero.
El día que cumplió 15 años, la agarraron y la enviaron directamente al infierno: Auschwitz. Separada de su papá y su hermano, que lamentablemente no sobrevivieron, pero milagrosamente logró mantenerse en contacto con su mamá. Después de pasar por ese calvario, llegó la liberación, y Eva, con la fuerza que caracteriza a los ticos, decidió rehacer su vida en Londres, donde estudió y conoció a su esposo, Zvi Schloss. ¡Una historia de resiliencia digna de película!
La historia sigue teniendo giros inesperados: la mamá de Eva volvió a Ámsterdam y se casó con Otto Frank, el papá de Ana. ¡Imagínense el parentesco! El resto es historia conocida: los Schloss obtuvieron la nacionalidad británica y tuvieron tres hijas. Además, Eva recuperó su nacionalidad austriaca en 2021, ya usted con 92 añitos, demostrando que nunca es tarde para reivindicar tus raíces. Ella se dedicó a contar su historia por el mundo entero, escribiendo libros y hablando en escuelas y universidades, porque entendió que la memoria es la mejor arma contra el olvido y la intolerancia. Le otorgaron la Orden del Imperio Británico, qué honor bien merecido.
Desde 1990, fundó la organización Anne Frank UK, precisamente para llevar el mensaje de Ana Frank a las nuevas generaciones y combatir los prejuicios. Esta organización ha hecho un trabajo enorme para educar a los jóvenes sobre el Holocausto y promover la comprensión intercultural. El Rey Carlos III y la Reina Camilla, quienes conocieron personalmente a Eva, expresaron su profundo pesar por su partida, reconociendo su invaluable contribución a la paz y la justicia. ¡Qué grande, Eva!
La vida de Eva Schloss es un testimonio desgarrador pero inspirador de cómo la esperanza puede florecer incluso en los momentos más oscuros. Nos recuerda la importancia de recordar el pasado para construir un futuro mejor, donde la discriminación y el odio no tengan cabida. Su legado perdurará en las miles de personas que han sido tocadas por su historia, impulsándolas a defender los valores de la tolerancia, el respeto y la dignidad humana. ¡Una verdadera heroína!
Ahora me pregunto, mis queridos lectores: ¿Cómo creen que podemos, desde Costa Rica, mantener viva la memoria del Holocausto y asegurar que las nuevas generaciones comprendan la importancia de luchar contra toda forma de discriminación y antisemitismo? ¡Déjenme sus opiniones en los comentarios y construyamos juntos un espacio de reflexión y aprendizaje!