¡Ay, mi gente! Con este solazo que nos está dando Costa Rica, toca ponerle pausa a los planes si tienes diabetes. Ya saben, disfrutar del verano es ley, pero sin ponerse en un brete, ¿ok? Nuestros vecinos del norte sí que saben cómo sudar, pero nosotros tenemos que cuidar más la salud, sobre todo si andamos con azúcar.
Como bien nos recordaba la Dra. Paula Wang en entrevista reciente, la deshidratación es el enemigo número uno. Imagínense, usted ahí, echándose unos baños de sol en Jacó, disfrutando de un coco frío… ¡Pero espere! ¿Ya bebió suficiente agua hoy? Porque si no, se le puede complicar la cosa y terminar en el hospital. No queremos eso, ¿verdad?
Y ni hablar de los cambios de horario. Uno se va de viaje, come a horas distintas, olvida tomarse las pastillas… ¡Se le mete el diay! Pero hay que ser disciplinados, mae. Los medicamentos están ligados a los horarios de comida, y saltárselos puede mandar cualquier cosa por las ramas. Es como jugar a la ruleta rusa con el cuerpo, ¡no vale la pena!
Los más peques y los abuelitos son los que tienen que tener más cuidado. Ellos dependen de nosotros para que les recuerden comer, beber y tomar sus medicamentos. Así que pilas con eso, familiares; no sean despistados. Un descuido y pueden meterse en un lío gordo. La responsabilidad es de todos, ¿me entienden?
Además del control de la glucosa, la piel también necesita atención. Estamos hablando de piel sensible, que se reseca rápido y que se quema con facilidad. Así que, por favor, protéjanla bien. Antes de las nueve de la mañana y después de las cuatro, búscate sombra. Usa bloqueador solar, ropa clara y cómoda... ¡Y no te olvides del sombrero! Que no vaya a ser que parezcas un camarón.
Ahora, hablemos de la playa. ¡Ah, la playa! Arena, sol, mar... ¡Paraíso! Pero también peligro. Como decía la Dra. Wang, la neuropatía diabética hace que no sientas el dolor en los pies. Entonces, ¿qué pasa? Que te puedes quemar los pies en la arena caliente sin siquiera dártete cuenta. ¡Un susto tremendo! Por eso, calcetines y chanclas o sandalias, aunque estés en la orilla. Más vale prevenir que lamentar, ¿no?
Y ojo con los pies, que ellos son los que te llevan, literalmente. Revísalos siempre, busca cortes, ampollas o heridas. Límpialos bien y manténlos hidratados. Si ves algo raro, consulta al doctor. No seas gallito y esperes a que la cosa empeore. ¡Más vale ir a chequear que sufrir las consecuencias después!
Bueno, pues ya lo saben, mael. Disfruten del verano, pero con cabeza. Sigan sus rutinas, cuídense y no se vayan al traste por querer hacer cosas extremas. Al final, lo importante es pasarla bien y regresar sanos y salvos a casa. Ahora dime, ¿cuál es su tip infalible para mantener el control de la diabetes durante las vacaciones y evitar cualquier sorpresa desagradable en la playa?
Como bien nos recordaba la Dra. Paula Wang en entrevista reciente, la deshidratación es el enemigo número uno. Imagínense, usted ahí, echándose unos baños de sol en Jacó, disfrutando de un coco frío… ¡Pero espere! ¿Ya bebió suficiente agua hoy? Porque si no, se le puede complicar la cosa y terminar en el hospital. No queremos eso, ¿verdad?
Y ni hablar de los cambios de horario. Uno se va de viaje, come a horas distintas, olvida tomarse las pastillas… ¡Se le mete el diay! Pero hay que ser disciplinados, mae. Los medicamentos están ligados a los horarios de comida, y saltárselos puede mandar cualquier cosa por las ramas. Es como jugar a la ruleta rusa con el cuerpo, ¡no vale la pena!
Los más peques y los abuelitos son los que tienen que tener más cuidado. Ellos dependen de nosotros para que les recuerden comer, beber y tomar sus medicamentos. Así que pilas con eso, familiares; no sean despistados. Un descuido y pueden meterse en un lío gordo. La responsabilidad es de todos, ¿me entienden?
Además del control de la glucosa, la piel también necesita atención. Estamos hablando de piel sensible, que se reseca rápido y que se quema con facilidad. Así que, por favor, protéjanla bien. Antes de las nueve de la mañana y después de las cuatro, búscate sombra. Usa bloqueador solar, ropa clara y cómoda... ¡Y no te olvides del sombrero! Que no vaya a ser que parezcas un camarón.
Ahora, hablemos de la playa. ¡Ah, la playa! Arena, sol, mar... ¡Paraíso! Pero también peligro. Como decía la Dra. Wang, la neuropatía diabética hace que no sientas el dolor en los pies. Entonces, ¿qué pasa? Que te puedes quemar los pies en la arena caliente sin siquiera dártete cuenta. ¡Un susto tremendo! Por eso, calcetines y chanclas o sandalias, aunque estés en la orilla. Más vale prevenir que lamentar, ¿no?
Y ojo con los pies, que ellos son los que te llevan, literalmente. Revísalos siempre, busca cortes, ampollas o heridas. Límpialos bien y manténlos hidratados. Si ves algo raro, consulta al doctor. No seas gallito y esperes a que la cosa empeore. ¡Más vale ir a chequear que sufrir las consecuencias después!
Bueno, pues ya lo saben, mael. Disfruten del verano, pero con cabeza. Sigan sus rutinas, cuídense y no se vayan al traste por querer hacer cosas extremas. Al final, lo importante es pasarla bien y regresar sanos y salvos a casa. Ahora dime, ¿cuál es su tip infalible para mantener el control de la diabetes durante las vacaciones y evitar cualquier sorpresa desagradable en la playa?