¡Ay, papá! Esto sí que es tremendo. Un giro macabro en la historia de los hermanos Retana Moya, desaparecidos desde diciembre, sacudió a Pejibaye este fin de semana. El OIJ confirmó lo que todos temíamos: encontraron sus restos en fosas clandestinas, enterrados en medio de la espesura cerca del río.
La investigación, que llevaba meses dando vueltas, tomó un rumbo oscuro tras un operativo judicial en una zona bien escondida de Jiménez. Parece que hasta los machetazos tuvieron que abrir camino para llegar al lugar, porque ¡qué brete tan complicado era acceder ahí!
Ana Ruth, la hermana, de apenas 23 años, y Johan Andrés, con 28 primaveras, fueron reportados como ausentes en diferentes momentos de diciembre pasado. Al principio, pensamos que eran esas cosas que pasan, que andaban de viaje o algo así, pero con el paso del tiempo, la preocupación fue creciendo y las familias levantaron el grito al cielo.
Michael Soto, del OIJ, nos contó que las diligencias iniciaron allá por Turrialba y terminaron desembocando en este descubrimiento horrible. Imagínate la escena: dos fosas excavadas a un lado del río, escondidas entre maleza y rocas. ¡Una torta de cuidado! El personal tuvo que trabajar con mucho ojo para sacar adelante la evidencia.
Los restos, identificados preliminarmente como los de Ana Ruth y Johan Andrés, estaban en condiciones... bueno, digámoslo claro, no precisamente buenas. El análisis forense va a tener que darle luz verde a la identificación oficial, pero la familia ya está devastada, imagínate. Se trata de un doble homicidio, señalan las autoridades, lo cual eleva la vara de la tristeza en toda la comunidad.
¿Y qué pasó, mae? Esa es la gran incógnita. El móvil del crimen sigue siendo un misterio absoluto. Las autoridades están entrevistando a vecinos, revisando registros telefónicos y haciendo peritajes forenses a diestra y siniestra buscando alguna pista, algún indicio que les lleve a los responsables. Dicen que hay algunas líneas de investigación abiertas, pero de momento nada concreto.
Este caso nos recuerda, otra vez, que la violencia acecha incluso en los rincones más tranquilos de nuestro país. Pejibaye siempre fue un lugar apacible, donde todos se conocían. Ahora, esto deja un sabor amargo en la boca, una sensación de inseguridad que nadie esperaba. Verás, es que una cosa es vivir en Costa Rica, y otra muy distinta es sentir que estamos seguros acá mismo en nuestra propia casa.
Con todo este panorama oscuro, me pregunto… ¿cree usted que estas tragedias, lamentablemente frecuentes, nos obligarán a tomar medidas más drásticas para combatir la criminalidad en nuestras zonas rurales, o seguirá siendo un ciclo interminable de dolor e impunidad?
La investigación, que llevaba meses dando vueltas, tomó un rumbo oscuro tras un operativo judicial en una zona bien escondida de Jiménez. Parece que hasta los machetazos tuvieron que abrir camino para llegar al lugar, porque ¡qué brete tan complicado era acceder ahí!
Ana Ruth, la hermana, de apenas 23 años, y Johan Andrés, con 28 primaveras, fueron reportados como ausentes en diferentes momentos de diciembre pasado. Al principio, pensamos que eran esas cosas que pasan, que andaban de viaje o algo así, pero con el paso del tiempo, la preocupación fue creciendo y las familias levantaron el grito al cielo.
Michael Soto, del OIJ, nos contó que las diligencias iniciaron allá por Turrialba y terminaron desembocando en este descubrimiento horrible. Imagínate la escena: dos fosas excavadas a un lado del río, escondidas entre maleza y rocas. ¡Una torta de cuidado! El personal tuvo que trabajar con mucho ojo para sacar adelante la evidencia.
Los restos, identificados preliminarmente como los de Ana Ruth y Johan Andrés, estaban en condiciones... bueno, digámoslo claro, no precisamente buenas. El análisis forense va a tener que darle luz verde a la identificación oficial, pero la familia ya está devastada, imagínate. Se trata de un doble homicidio, señalan las autoridades, lo cual eleva la vara de la tristeza en toda la comunidad.
¿Y qué pasó, mae? Esa es la gran incógnita. El móvil del crimen sigue siendo un misterio absoluto. Las autoridades están entrevistando a vecinos, revisando registros telefónicos y haciendo peritajes forenses a diestra y siniestra buscando alguna pista, algún indicio que les lleve a los responsables. Dicen que hay algunas líneas de investigación abiertas, pero de momento nada concreto.
Este caso nos recuerda, otra vez, que la violencia acecha incluso en los rincones más tranquilos de nuestro país. Pejibaye siempre fue un lugar apacible, donde todos se conocían. Ahora, esto deja un sabor amargo en la boca, una sensación de inseguridad que nadie esperaba. Verás, es que una cosa es vivir en Costa Rica, y otra muy distinta es sentir que estamos seguros acá mismo en nuestra propia casa.
Con todo este panorama oscuro, me pregunto… ¿cree usted que estas tragedias, lamentablemente frecuentes, nos obligarán a tomar medidas más drásticas para combatir la criminalidad en nuestras zonas rurales, o seguirá siendo un ciclo interminable de dolor e impunidad?