¡Ay, Dios mío! Ya estamos otra vez en esto de las elecciones. Apenas nos recuperamos de la última, y ahí le andamos buscando a quién echarle la culpa de todos nuestros males. Pero bueno, así es nuestra vida política, un círculo vicioso donde a veces parece que nada cambia realmente. Este año, 2026, promete ser interesante, porque ya varios quieren meterle mano al palco, y eso siempre trae tela qué cortar.
Si le preguntas a cualquier maé en la calle, te dirá que está cansado de promesas vacías y discursos bonitos que nunca se traducen en mejoras reales para el país. La confianza en los políticos ha ido decayendo como chinchorro viejo, y ahora la gente está más escéptica que nunca. Claro, no es para menos, hemos visto de todo: escándalos de corrupción, decisiones cuestionables, y una sensación generalizada de que los que mandan están más preocupados por sus propios intereses que por el bienestar de la población. Una verdadera pena, porque al final esto afecta a todos nosotros, desde el salario hasta el precio del picadillo.
Y hablando de esos que quieren meterle mano, ya empezaron a salir algunos nombres, algunos viejos conocidos y otros que vienen con toda la ilusión del mundo. Tenemos a Don Ricardo, que anda diciendo que va a “limpiar” la casa, aunque muchos recuerdan sus tiempos como gerente del ICE… ¡Qué vara! Luego tenemos a Doña Marta, que promete bajar los impuestos y mejorar la educación pública. Suene bien, pero hay que ver cómo piensa financiarlo todo, porque sacar dinero de la manga no es sostenible. Y ni hablar de la juventud que quiere entrarle con ideas frescas, propuestas innovadoras... ¡Qué chiva sería si de verdad pudieran cambiar las cosas!
Uno de los temas que más preocupa a la gente es la economía. El costo de vida sigue aumentando, los salarios se estancan, y cada día es más difícil llegar a fin de mes. La inflación ha golpeado duro a las familias costarricenses, especialmente a aquellas que tienen ingresos bajos o medios. Muchos se ven obligados a recortar gastos, a buscar trabajos extras, e incluso a endeudarse para poder cubrir sus necesidades básicas. La situación es crítica, y la próxima administración tendrá que tomar medidas urgentes para estabilizar la economía y proteger a los más vulnerables. ¡No vaya a ser que nos vayamos al traste!
Otro asunto que está dando mucho que hablar es la seguridad. La delincuencia se ha incrementado en varias zonas del país, generando temor e inseguridad entre la población. Las autoridades han implementado diversas estrategias para combatir este flagelo, pero los resultados no han sido los esperados. Algunos piden más policías en las calles, otros sugieren endurecer las penas para los delincuentes, mientras que otros abogan por abordar las causas sociales que alimentan la violencia. Lo cierto es que necesitamos soluciones efectivas que permitan recuperar la tranquilidad y garantizar la seguridad de todos los ciudadanos. ¡Una verdadera torta la que tenemos en manos!
Además, no podemos olvidar la crisis climática. Costa Rica, aunque somos un país pequeño, estamos muy expuestos a los efectos del cambio climático: sequías prolongadas, inundaciones devastadoras, aumento del nivel del mar... Todo esto amenaza nuestro medio ambiente, nuestra agricultura, y nuestra forma de vida. La próxima administración deberá comprometerse con políticas ambiciosas para reducir nuestras emisiones de gases de efecto invernadero, promover energías renovables, y adaptarnos a los impactos inevitables del clima cambiante. Se necesita valentía, visión y compromiso para enfrentar este desafío global.
Pero más allá de los planes de gobierno y las promesas electorales, lo importante es que la ciudadanía participe activamente en el proceso democrático. Que investiguemos a fondo a los candidatos, que comparemos sus propuestas, que hagamos valer nuestro derecho al voto. No podemos quedarnos de brazos cruzados esperando que alguien más resuelva nuestros problemas. Somos nosotros, los costarricenses, quienes debemos construir el futuro que queremos para nuestro país. Y para ello, necesitamos estar informados, críticos y comprometidos.
En fin, las próximas semanas serán cruciales para definir el rumbo político de Costa Rica. Veremos qué tan honestos son los candidatos, qué tan convincentes son sus propuestas, y qué tan dispuestos están a escuchar a la ciudadanía. Después de todo, ellos trabajan para nosotros, no al revés. ¿Cree usted que estos primeros movimientos políticos son indicativos de un verdadero cambio o simplemente más de lo mismo?
Si le preguntas a cualquier maé en la calle, te dirá que está cansado de promesas vacías y discursos bonitos que nunca se traducen en mejoras reales para el país. La confianza en los políticos ha ido decayendo como chinchorro viejo, y ahora la gente está más escéptica que nunca. Claro, no es para menos, hemos visto de todo: escándalos de corrupción, decisiones cuestionables, y una sensación generalizada de que los que mandan están más preocupados por sus propios intereses que por el bienestar de la población. Una verdadera pena, porque al final esto afecta a todos nosotros, desde el salario hasta el precio del picadillo.
Y hablando de esos que quieren meterle mano, ya empezaron a salir algunos nombres, algunos viejos conocidos y otros que vienen con toda la ilusión del mundo. Tenemos a Don Ricardo, que anda diciendo que va a “limpiar” la casa, aunque muchos recuerdan sus tiempos como gerente del ICE… ¡Qué vara! Luego tenemos a Doña Marta, que promete bajar los impuestos y mejorar la educación pública. Suene bien, pero hay que ver cómo piensa financiarlo todo, porque sacar dinero de la manga no es sostenible. Y ni hablar de la juventud que quiere entrarle con ideas frescas, propuestas innovadoras... ¡Qué chiva sería si de verdad pudieran cambiar las cosas!
Uno de los temas que más preocupa a la gente es la economía. El costo de vida sigue aumentando, los salarios se estancan, y cada día es más difícil llegar a fin de mes. La inflación ha golpeado duro a las familias costarricenses, especialmente a aquellas que tienen ingresos bajos o medios. Muchos se ven obligados a recortar gastos, a buscar trabajos extras, e incluso a endeudarse para poder cubrir sus necesidades básicas. La situación es crítica, y la próxima administración tendrá que tomar medidas urgentes para estabilizar la economía y proteger a los más vulnerables. ¡No vaya a ser que nos vayamos al traste!
Otro asunto que está dando mucho que hablar es la seguridad. La delincuencia se ha incrementado en varias zonas del país, generando temor e inseguridad entre la población. Las autoridades han implementado diversas estrategias para combatir este flagelo, pero los resultados no han sido los esperados. Algunos piden más policías en las calles, otros sugieren endurecer las penas para los delincuentes, mientras que otros abogan por abordar las causas sociales que alimentan la violencia. Lo cierto es que necesitamos soluciones efectivas que permitan recuperar la tranquilidad y garantizar la seguridad de todos los ciudadanos. ¡Una verdadera torta la que tenemos en manos!
Además, no podemos olvidar la crisis climática. Costa Rica, aunque somos un país pequeño, estamos muy expuestos a los efectos del cambio climático: sequías prolongadas, inundaciones devastadoras, aumento del nivel del mar... Todo esto amenaza nuestro medio ambiente, nuestra agricultura, y nuestra forma de vida. La próxima administración deberá comprometerse con políticas ambiciosas para reducir nuestras emisiones de gases de efecto invernadero, promover energías renovables, y adaptarnos a los impactos inevitables del clima cambiante. Se necesita valentía, visión y compromiso para enfrentar este desafío global.
Pero más allá de los planes de gobierno y las promesas electorales, lo importante es que la ciudadanía participe activamente en el proceso democrático. Que investiguemos a fondo a los candidatos, que comparemos sus propuestas, que hagamos valer nuestro derecho al voto. No podemos quedarnos de brazos cruzados esperando que alguien más resuelva nuestros problemas. Somos nosotros, los costarricenses, quienes debemos construir el futuro que queremos para nuestro país. Y para ello, necesitamos estar informados, críticos y comprometidos.
En fin, las próximas semanas serán cruciales para definir el rumbo político de Costa Rica. Veremos qué tan honestos son los candidatos, qué tan convincentes son sus propuestas, y qué tan dispuestos están a escuchar a la ciudadanía. Después de todo, ellos trabajan para nosotros, no al revés. ¿Cree usted que estos primeros movimientos políticos son indicativos de un verdadero cambio o simplemente más de lo mismo?