Maes, ¿cómo va todo? Uno se mete a leer noticias y, para qué, a veces es para amargarse el día con tanto despiche político y social. Pero de vez en cuando, entre tanto titular denso, uno se topa con una vara que le devuelve un poco la fe en que se pueden hacer las cosas bien. Y diay, hoy me encontré con una de esas noticias que son un verdadero ¡Tuanis!, así, con mayúscula, que viene de nuestros vecinos de Guatemala y que vale la pena comentar.
Resulta que un grupo empresarial de allá, Castillo Hermanos, se mandó valiente y en 2022 le metió 15 millones de dólares a un programa llamado “Guatemaltecos por la Nutrición”. La misión era clara: irse de frente contra la desnutrición en Huehuetenango, una de las zonas más golpeadas por este problema. En lugar de esperar a que el gobierno de turno hiciera algo, ellos montaron su propio brete, con auditorías independientes y un enfoque súper técnico. O sea, no fue solo llegar a regalar comida, sino atacar el problema de raíz.
Aquí es donde uno dice: ¡qué nivel! Porque los resultados que presentaron son para quitarse el sombrero. Imagínense, la desnutrición aguda en los güilas menores de cinco años que atendieron, la bajaron de un 6% a un casi inexistente 0.38%. ¡Una locura! Pero la cosa no para ahí. La crónica, que es esa más jodida y de largo plazo, le metieron un bajonazo de hasta 17 puntos porcentuales. Y para ponerle la cereza al pastel, más del 70% de las mamás del programa dicen que sus hijos ahora tienen un crecimiento normal. Esto no es paja, mae, los datos fueron avalados por una doctora de una universidad gringa.
El corazón de todo este proyecto son unos chunches que llaman ‘Nutrimóviles’. Básicamente son como unas clínicas móviles, diseñadas en Europa y todo el show, súper equipadas para atender a los chiquitos y a las mamás embarazadas o en periodo de lactancia. Estos chereques llegan hasta las comunidades más alejadas y les dan atención integral: salud, monitoreo, educación sobre alimentación y acceso a agua potable. Como dice el director del programa, José Silva, la vara no son solo estadísticas en un papel; es una transformación real en cómo viven y se alimentan miles de familias.
Viendo este caso, a uno le queda sonando la idea. Es una iniciativa 100% privada que está logrando lo que estados enteros a veces no pueden. Aquí en Tiquicia, aunque la situación no es tan crítica como en algunas zonas de Guate, todavía tenemos bolsones de pobreza y problemas de nutrición que no hemos logrado erradicar. Siempre se espera que sea papá Gobierno el que resuelva todo. La pregunta que me queda en el aire, y quiero saber qué piensan ustedes, es: ¿creen que un modelo así, liderado de lleno por el sector privado, podría funcionar a esa escala aquí en el país? ¿O dependemos demasiado del Estado para estos bretes y la empresa privada no se mandaría a ese nivel? ¡Los leo!
Resulta que un grupo empresarial de allá, Castillo Hermanos, se mandó valiente y en 2022 le metió 15 millones de dólares a un programa llamado “Guatemaltecos por la Nutrición”. La misión era clara: irse de frente contra la desnutrición en Huehuetenango, una de las zonas más golpeadas por este problema. En lugar de esperar a que el gobierno de turno hiciera algo, ellos montaron su propio brete, con auditorías independientes y un enfoque súper técnico. O sea, no fue solo llegar a regalar comida, sino atacar el problema de raíz.
Aquí es donde uno dice: ¡qué nivel! Porque los resultados que presentaron son para quitarse el sombrero. Imagínense, la desnutrición aguda en los güilas menores de cinco años que atendieron, la bajaron de un 6% a un casi inexistente 0.38%. ¡Una locura! Pero la cosa no para ahí. La crónica, que es esa más jodida y de largo plazo, le metieron un bajonazo de hasta 17 puntos porcentuales. Y para ponerle la cereza al pastel, más del 70% de las mamás del programa dicen que sus hijos ahora tienen un crecimiento normal. Esto no es paja, mae, los datos fueron avalados por una doctora de una universidad gringa.
El corazón de todo este proyecto son unos chunches que llaman ‘Nutrimóviles’. Básicamente son como unas clínicas móviles, diseñadas en Europa y todo el show, súper equipadas para atender a los chiquitos y a las mamás embarazadas o en periodo de lactancia. Estos chereques llegan hasta las comunidades más alejadas y les dan atención integral: salud, monitoreo, educación sobre alimentación y acceso a agua potable. Como dice el director del programa, José Silva, la vara no son solo estadísticas en un papel; es una transformación real en cómo viven y se alimentan miles de familias.
Viendo este caso, a uno le queda sonando la idea. Es una iniciativa 100% privada que está logrando lo que estados enteros a veces no pueden. Aquí en Tiquicia, aunque la situación no es tan crítica como en algunas zonas de Guate, todavía tenemos bolsones de pobreza y problemas de nutrición que no hemos logrado erradicar. Siempre se espera que sea papá Gobierno el que resuelva todo. La pregunta que me queda en el aire, y quiero saber qué piensan ustedes, es: ¿creen que un modelo así, liderado de lleno por el sector privado, podría funcionar a esa escala aquí en el país? ¿O dependemos demasiado del Estado para estos bretes y la empresa privada no se mandaría a ese nivel? ¡Los leo!