¡Ay, Dios mío! Resulta que llegó la hora de desembolsarle unos colones al erario público a aquellos afortunados que tienen una casa que vale más que mi carro y el de mis primos juntos. Sí, hablamos del famoso impuesto a las casas de lujo, que ya casi toca pagarlo otra vez. ¡Una vara bien pesada para algunos, mándale!
Para quienes no estén enterados, este impuesto nació para que los que tenemos más, ayudemos un poquito más al país. Se trata de propiedades cuyo valor supera los ¢143 millones, un dinerito que para muchos es como si ganaran la lotería varias veces. El decreto ejecutivo 45358-H, que salió en La Gaceta el año pasado, establece cómo se va calculando cuánto hay que ponerle al bolsillo.
Y ojo, porque no es pa’ bromear. Si tienes una casita de esos valores, te van a estar aplicando diferentes porcentajes dependiendo de cuánto valga. Van desde un módico 0.25% si tu mansión está entre ¢143 y ¢359 millones, hasta llegar a un jugoso 0.55% si la casa reventaaaaaa y pasa de los ¢2.162 millones. ¡Un brete, eso sí!
Lo bueno es que este impuesto no se paga todos los años. Lo declaras cada tres, pero el pago sigue siendo anual. Así que aunque no tengas que hacer la declaración este año, recuerda que el dinero sí tiene que salir. Dilana Barrientos, de Grant Thornton, nos recordó que si te olvidas de declarar o pagar, te empiezan a cobrar intereses y una multa del 50% de un salario base. ¡Imagínate qué carga!
En 2025, el gobierno recaudó alrededor de ¢5.560 millones con este impuesto. Una suma considerable, mándale, que podría destinarse a mejorar escuelas, hospitales o construir más parques… ¡pero eso ya es otro cantar! Al final, el tema es que el Estado necesita plata, y estos contribuyentes son parte importante de la ecuación.
Muchos se preguntan por qué se implementó esto. La idea es buscar una mayor equidad fiscal, que los que tienen mayores ingresos también contribuyan proporcionalmente más. Pero claro, siempre hay controversia. Algunos dicen que es injusto gravar a los que han trabajado duro para tener sus bienes, mientras que otros argumentan que es una medida necesaria para reducir la desigualdad.
Ahora, más allá de los debates políticos y económicos, lo cierto es que el plazo se acerca. El 15 de enero es la fecha límite para presentar y pagar este impuesto. Así que si eres dueño de una de estas propiedades, ponte las pilas y no te vayas al traste por culpa de un olvido. ¡Más vale prevenir que lamentar, diay!
Con todo esto, me pregunto... ¿Crees que el impuesto a las casas de lujo es una medida justa para reducir la desigualdad en Costa Rica, o debería haber otras formas de lograrlo? ¡Déjanos tus opiniones en los comentarios!
Para quienes no estén enterados, este impuesto nació para que los que tenemos más, ayudemos un poquito más al país. Se trata de propiedades cuyo valor supera los ¢143 millones, un dinerito que para muchos es como si ganaran la lotería varias veces. El decreto ejecutivo 45358-H, que salió en La Gaceta el año pasado, establece cómo se va calculando cuánto hay que ponerle al bolsillo.
Y ojo, porque no es pa’ bromear. Si tienes una casita de esos valores, te van a estar aplicando diferentes porcentajes dependiendo de cuánto valga. Van desde un módico 0.25% si tu mansión está entre ¢143 y ¢359 millones, hasta llegar a un jugoso 0.55% si la casa reventaaaaaa y pasa de los ¢2.162 millones. ¡Un brete, eso sí!
Lo bueno es que este impuesto no se paga todos los años. Lo declaras cada tres, pero el pago sigue siendo anual. Así que aunque no tengas que hacer la declaración este año, recuerda que el dinero sí tiene que salir. Dilana Barrientos, de Grant Thornton, nos recordó que si te olvidas de declarar o pagar, te empiezan a cobrar intereses y una multa del 50% de un salario base. ¡Imagínate qué carga!
En 2025, el gobierno recaudó alrededor de ¢5.560 millones con este impuesto. Una suma considerable, mándale, que podría destinarse a mejorar escuelas, hospitales o construir más parques… ¡pero eso ya es otro cantar! Al final, el tema es que el Estado necesita plata, y estos contribuyentes son parte importante de la ecuación.
Muchos se preguntan por qué se implementó esto. La idea es buscar una mayor equidad fiscal, que los que tienen mayores ingresos también contribuyan proporcionalmente más. Pero claro, siempre hay controversia. Algunos dicen que es injusto gravar a los que han trabajado duro para tener sus bienes, mientras que otros argumentan que es una medida necesaria para reducir la desigualdad.
Ahora, más allá de los debates políticos y económicos, lo cierto es que el plazo se acerca. El 15 de enero es la fecha límite para presentar y pagar este impuesto. Así que si eres dueño de una de estas propiedades, ponte las pilas y no te vayas al traste por culpa de un olvido. ¡Más vale prevenir que lamentar, diay!
Con todo esto, me pregunto... ¿Crees que el impuesto a las casas de lujo es una medida justa para reducir la desigualdad en Costa Rica, o debería haber otras formas de lograrlo? ¡Déjanos tus opiniones en los comentarios!