¡Ey, mi gente del Foro! Aquí les va la jugada: resulta que la hija del diputado Alexander Barrantes, esa de los Barros Elizondo, se echó un brete monumental en el Hospital San Rafael de Alajuela. Parece que la cosa no anduvo como esperaba y ahora todos estamos comentándolo. Imagínate la bronca, ¡y encima dicen que vino a la Caja buscando trato VIP!
Según nos cuentan desde adentro, doña Karen Rodríguez, la directora del hospital, tuvo que meterse personalmente porque la muchacha se puso más caliente que frijoles con picante. Todo empezó porque a la una de la tarde del viernes pasado, 9 de enero para ser exactos, la señora estaba esperando su turno para una cesárea que tenía agendada. Pero claro, a veces las cosas no salen como uno quiere y ahí fue donde se encendió la mecha.
Al parecer, la paciencia no era precisamente su fuerte. Empezó a reclamarle al personal médico, diciendo que no le hacían caso, que no le daban comida… y así, como llovizna en diciembre, fue empeorando la situación. Lo peor de todo es que, según la directora, usó palabrotas y comentarios bastante desagradables hacia los trabajadores del hospital, hasta diciéndole a la institución que ella podía haberse pagado una habitación en el CIMA. ¡Qué sal! Pensar que la Caja está ahí para todos, sin importar quién seas.
Rodríguez contó que la situación llegó a tal punto que tuvo que ir a hablar con la paciente directamente. “Fue una ruptura franca de la relación”, dijo. Imagínate, la directora de un hospital bajándose a eso. Según explicó, la paciente ya estaba alterada y su esposo tampoco ayudaba mucho, ambos expresando opiniones poco agradables sobre la calidad de la atención y el servicio. Parecía que querían que todo fuera perfecto y a su antojo, ¡como si estuvieran en un resort cinco estrellas!
Y ojo, que esto no es algo que la directora haga normalmente. Dice que solo interviene en casos extremos como este, donde la situación se sale de control. Le tocó explicarle que la paciente no era una emergencia y, por eso, se le había programado la cirugía en un horario posterior. Además, le recordó que se le había pasado la visita y que el día anterior le habían hecho un ultrasonido. Todo esto, mientras la señora seguía insistiendo en que necesitaba la cesárea inmediatamente.
Pero la cosa no terminó ahí. Cuando le preguntamos a la hija del diputado qué quería decir sobre todo este revuelo, soltó una respuesta que dejó a muchos con la boca abierta. Dijo que “no hubo ningún zafarrancho ni ningún comentario discriminatorio”. ¡Qué manera de negar la realidad! Parece que vive en su propia película, creyendo que puede llegar y exigir lo que quiera solo porque tiene plata y contactos. A ver, mami, que la Caja es para todos y aquí nadie está por dar privilegios a nadie.
Intentamos comunicarnos con el diputado Barrantes para obtener su versión de la historia, pero hasta el momento no hemos tenido éxito. ¡Imagínate! Se anda haciendo el loco, dejando que su hija lidie con las consecuencias de sus actos. Eso demuestra poca responsabilidad y respeto hacia la institución y hacia la comunidad. Esta vara se pone cada vez más rara, ¿verdad?
Bueno, mi gente, aquí está la jugada. Un caso que nos hace reflexionar sobre el acceso a la salud, el respeto a los profesionales médicos y la importancia de la humildad. Ahora les toca a ustedes: ¿creen que la hija del diputado debería pedir disculpas públicas por su comportamiento? ¿Debería enfrentarla alguna consecuencia por causar semejante problema en un lugar tan importante como un hospital público?
Según nos cuentan desde adentro, doña Karen Rodríguez, la directora del hospital, tuvo que meterse personalmente porque la muchacha se puso más caliente que frijoles con picante. Todo empezó porque a la una de la tarde del viernes pasado, 9 de enero para ser exactos, la señora estaba esperando su turno para una cesárea que tenía agendada. Pero claro, a veces las cosas no salen como uno quiere y ahí fue donde se encendió la mecha.
Al parecer, la paciencia no era precisamente su fuerte. Empezó a reclamarle al personal médico, diciendo que no le hacían caso, que no le daban comida… y así, como llovizna en diciembre, fue empeorando la situación. Lo peor de todo es que, según la directora, usó palabrotas y comentarios bastante desagradables hacia los trabajadores del hospital, hasta diciéndole a la institución que ella podía haberse pagado una habitación en el CIMA. ¡Qué sal! Pensar que la Caja está ahí para todos, sin importar quién seas.
Rodríguez contó que la situación llegó a tal punto que tuvo que ir a hablar con la paciente directamente. “Fue una ruptura franca de la relación”, dijo. Imagínate, la directora de un hospital bajándose a eso. Según explicó, la paciente ya estaba alterada y su esposo tampoco ayudaba mucho, ambos expresando opiniones poco agradables sobre la calidad de la atención y el servicio. Parecía que querían que todo fuera perfecto y a su antojo, ¡como si estuvieran en un resort cinco estrellas!
Y ojo, que esto no es algo que la directora haga normalmente. Dice que solo interviene en casos extremos como este, donde la situación se sale de control. Le tocó explicarle que la paciente no era una emergencia y, por eso, se le había programado la cirugía en un horario posterior. Además, le recordó que se le había pasado la visita y que el día anterior le habían hecho un ultrasonido. Todo esto, mientras la señora seguía insistiendo en que necesitaba la cesárea inmediatamente.
Pero la cosa no terminó ahí. Cuando le preguntamos a la hija del diputado qué quería decir sobre todo este revuelo, soltó una respuesta que dejó a muchos con la boca abierta. Dijo que “no hubo ningún zafarrancho ni ningún comentario discriminatorio”. ¡Qué manera de negar la realidad! Parece que vive en su propia película, creyendo que puede llegar y exigir lo que quiera solo porque tiene plata y contactos. A ver, mami, que la Caja es para todos y aquí nadie está por dar privilegios a nadie.
Intentamos comunicarnos con el diputado Barrantes para obtener su versión de la historia, pero hasta el momento no hemos tenido éxito. ¡Imagínate! Se anda haciendo el loco, dejando que su hija lidie con las consecuencias de sus actos. Eso demuestra poca responsabilidad y respeto hacia la institución y hacia la comunidad. Esta vara se pone cada vez más rara, ¿verdad?
Bueno, mi gente, aquí está la jugada. Un caso que nos hace reflexionar sobre el acceso a la salud, el respeto a los profesionales médicos y la importancia de la humildad. Ahora les toca a ustedes: ¿creen que la hija del diputado debería pedir disculpas públicas por su comportamiento? ¿Debería enfrentarla alguna consecuencia por causar semejante problema en un lugar tan importante como un hospital público?